Volvemos a servir el cuarto y (ahora sí) ultimo plato, sirve CON LOS OJOS ABIERTOS

Jueves 04 de Diciembre


Programador invitado: CINECLUB CON LOS OJOS ABIERTOS

LOS MOTIVOS CHEJOVIANOS de Kira Muratova

(Ucrania, 2002)

LA CASA ESTA OSCURA de Forugh Farrokhzad

(Irán, 1967, 150 minutos)

DOS PELÍCULAS DE OTRO MUNDO por Roger Alan Koza

El joven e inteligente Ezequiel Salinas y mi querido amigo y maestro Juan José Gorrasurreta me piden que explique por qué he programado dos películas, Motivos chejovianos, de Kira Muratova, (Rusia, 2002) y La casa está oscura, de Forugh Farrokhzad (Irán, 1962). La primera razón que tengo a la mano es decir que ambas películas me gustan mucho, que me conmueven cada vez que las veo, y que una de ellas, La casa está oscura, es una de mis diez películas preferidas de toda la historia del cine. Pero son razones estrictamente personales.

Creo que un programador de cineclub debe ir un poco más lejos e intentar fundamentar sus elecciones más allá de su gusto. ¿Por qué, entonces, elijo un cortometraje sobre una colonia de leprosos ubicada al norte de Irán, uno de los pocos casos de auténtico cine poético, seguido por un largometraje de ficción ruso sobre la vida repetitiva de una familia de granjeros que culmina en una boda interminable visitada por un espectro?

Ambas películas son excelsas propuestas de puesta en escena, es decir lo que ocurre entre los planos y en ellos nos permite acceder a dos mundos extraños a nosotros, pero que no son inconmensurables porque el modo de filmar nos toma de la mano. En el film de Farrokhzad, la concepción del montaje constituye un triunfo poético sobre los materiales esenciales del cine: encuadres, travellings, voces en off, primeros planos, un interminable juego entre la oscuridad y la luz dignifican el padecimiento de la carne y develan un mundo vital, en el que hay instantes joviales y cómicos, y prevalece un sentido de lo comunitario; hay un antes y después de ver esta película, pues condensa el objetivo secreto del cine… El film de Muratova, según Sokurov, la gran cineasta ruso, aporta ese plus más allá de lo real, acaso el vínculo casi ontológico que el cine comparte con nuestro universo onírico. Como en los sueños, las escenas se repiten y una situación puede devenir en una pesadilla. Muratova también apuesta por lo poético, y dos pasajes extraordinarios (uno que involucra a granjeros trabajando, caballos y gansos, y otro que compromete al novio de una boda) unidos por una canción tradicional, dislocan la monotonía y la repetición; quizás aquí no hay un antes y un después, pero sí repiqueteará, más tarde, esos planos en esa sala privada situada en nuestro cerebro.

Realismo y surrealismo poético. Dos películas hechas por mujeres. Dos tradiciones cinematográficas muy lejanas. En síntesis, dos películas ideales para contrarrestar ese fálico y antipoético cine que viene desde California y que corona a los Coen (y a tantos otros) como cifra de una genialidad indiscutible que bien merece nuestra sospecha.

MOTIVOS CHEJOVIANOS

Los miembros de una familia de granjeros repiten las mismas líneas de diálogo mientras un estudiante se prepara para irse de su casa y estudiar; en una interminable fiesta de bodas los invitados no dejan de parlotear maniáticamente mientras que el fantasma del novio interfiere en la ceremonia. LOS MOTIVOS CHEJOVIANOSCon más de 70 años, por cada año que pasa, la gran cineasta Rusa Kira Muratova (El síndrome Asténico) parece ser más transgresora y salvaje. Esta actualización y combinación de dos textos tempranos de Anton Chekhov (una pieza corta de Tatiana Repina y el relato “Naturalezas difíciles”) tienden más hacia la demencial lucidez de Gogol que al realismo irónico de El jardín de los cerezos. Su estilización extrema me resulta hipnótica, hilarante, y finalmente más cercana al hiperrealismo que al absurdo, aunque si uno llega a la sala sin alguna advertencia es posible que uno se sienta aterrorizado y quiera salir rajando. (Jonathan Rosenbaum)

LA CASA ESTÁ OSCURA

Este desconocido film de la gran poetisa Forugh Farrokhzad, cuya muerte temprana ha sido sin dudas una pérdida para la república de las letras y una posible baja para la patria del cine, constituye un hito en la prehistoria de la nueva ola iraní y una obra seminal para una generación de realizadores fundamentales de esa cinematografía (así lo entendió Kiarostami en El viento nos llevará, título también de una poesía de Farrokhzad). En principio, se trata de un documental sobre una colonia de leprosos en el norte de Irán, en el que se articula un discurso médico y poético sobre la enfermedad y quienes la padecen, aunque discretamente es un ensayo sobre la experiencia de vivir en comunidad. Si bien puede ser pensada como una elegía respecto del padecimiento de la carne, Farrokhzad, sin ser voyerista ni condescendiente, devela un microcosmos musical, lúdico, festivo, hasta por momentos humorístico. Pero La casa está oscura excede cualquier clasificación, y es su puesta en escena formidable lo que impone dignidad plano tras plano: los travellings, los primeros planos, la concepción sonora, los contrapuntos entre la naturaleza y el mundo de los hombres, funcionan como una plegaria ubicua y contundente, sobre la contingencia primera de ser un cuerpo. El último plano del film, un plano general de la colonia mientras una puerta se cierra, es un límite ético y estético que todos los grandes cineastas han sabido anunciar: hasta acá se puede mirar, hasta aquí se puede filmar; el resto se resguarda de cualquier mirada. (Roger Koza)

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