Hablando de Cines, segunda parte

HAY ACTOR HAY DIRECTOR!

El año pasado inauguramos la sección “Hablando de Cines”, esta sección del blog intenta armar un buen debate entre realizadores, actores, cinéfilos y espectadores.

La producción de cine en Córdoba está empezando a tomar forma (aún no sabemos
bien cuál) pero esto hace que empiecen a dar vueltas temas

de los que antes no se nos ocurría hablar. Acá entonces la segunda parte: La relación actor/director y director/actor.

Algunos de los disparadores son: ¿Hay métodos de dirección de actores empleados por los realizadores? ¿Métodos de los actores para trabajar  frente a una cámara? ¿Cómo es el diálogo?

El cuerpo de un actor ¿es una herramienta o una máquina parlante? ¿o qué?

ENTONCES…

Juan Bianchini (Eramos, Camino al Cole & direccion de actores No todos los trenes van al mar)

Recurrentemente me encuentro pensando sobre la relación que establece el cine que uno pretende hacer, el guión mismo, con lo que la actriz o el actor va a llevar a cabo… Desde que uno se plantea pararse tras una idea, la comunicación puede ser un obstáculo (en mi caso), para sortear esta barrera de la mejor manera, hoy creo e intento acercar al que va a actuar a lo que necesito que me de en determinada escena. Con esto que digo, estoy diciendo que no quiero agregar el guión como un elemento que nos distancie, sino trabajar puntualmente cada escena desde otro lado. Sean juegos, ejercicios, charlas, distintas dinámicas que a mi parecer logran acercar y acortar las distancias que puede llegar a tener el guión sin un buen acompañamiento. Esto hace que cuando nos sentamos a ver tal o cual escena, tenemos un entramado mucho mayor respecto al cual referenciarnos.
Al momento de establecer una relación cámara/actriz-actor, pretendo (porque todavía no lo he logrado) lograr prescindir de la presencia de la cámara, poder naturalizarla y que forme parte de un aspecto del cual quien actúa no deba preocuparse.
Desde mi punto de vista debemos presentar la cámara, lo que intentamos hacer con ella a la gente con quien laburamos. Es una forma de achicar la distancia que aparece mediada por la misma.

Ahora voy a dar una aclaración que cambia todo lo antes expuesto, esta es que mayoritariamente he dirigido actoralmente a niñas y niños de no más de 12 años, con lo cual la comunicación se establece de otro lado. En mi primer proyecto como director trabaje con una amigo que hacia dirección de actores, venia del teatro nos entendíamos bien, y salvaba las distancias dialécticas de ese momento en relación a lo que iba expresando que necesitaba de la actuación. Después empecé a dirigir solo, y establecí de algún modo relaciones que son personales en el modo de dirigir. Me salio por oposición, eramos dos pequeños niñitos tratando de comunicarnos, lo logramos de a ratos, en los momentos que nos lo permitíamos. También en relaciones que van del amor único al ya no te quiero más y no te creo.
La dirección de actores en algún punto es algo para lo cual nos tenemos que preparar día a día, tiene mucho que ver con el ser social que uno es, y como se encuentra en esa charla con quien tiene al frente.
Recapitulando me doy cuenta también que mi propuesta es bastante abierta respecto a que quiero de alguien particular a la hora de llevar a cabo un personaje. Estoy prosiguiendo la búsqueda de encontrar en ella o en el las características que van a formar finalmente al personaje, sin implantar nada. Por eso los los juegos, las charlas son búsquedas realmente, porque a esa edad nadie es actriz y actor, lo no actoral o lo actoral no entra en discusión, todo es un gran juego y hay q estar dispuestos a jugar.
Estos espacios de decir están buenos porque nos acercan a nuestras ideas, a darle orden y hasta a veces oponernos a ellas…

Juan Bianchini

OTRO PLANTEO…

Renzo Blanc (cortometraje “Los días”).

El trabajo con el actor en mi caso personal no se fundamenta sólo en un método, sino mas bien en una intuición. Creo que elegir un determinado método para abordar la dirección de actores está en relación directa con la circunstancia dada de cada escena.

Al actor le planteo un objetivo concreto a resolver en cada escena, y éste centra toda su energía en ese punto. El trabajo consiste en regular esa energía, accionando sobre el control de la expresión.
Particularmente en “Los días”, es el conflicto interno de la protagonista lo que lleva adelante la trama. Con la actriz fuimos estructurando esto desde lo sensorial: desde qué forma se vinculaba éste personaje con el espacio, con su entorno, con los objetos, partiendo siempre de una sensación corporal, profundizando en los tiempos internos que requería la construcción de éste personaje, las posturas corporales. Había un contexto y trabajamos para ese contexto.  Pretendía despojar la actuación de toda intencionalidad impuesta de antemano.

Me interesa que la interpretación transmita una sensación, una humanidad.

Y con el actor trabajamos eso, pero no solo la idea de esa sensación, es necesario que esa interioridad se vea en ese cuerpo, quitando el peso y la dramaticidad al acontecimiento en sí, sacando todo tipo de carga dramática, no agregando mas de lo que hay; está la corporeidad y la acción concreta; también está la intencionalidad, pero contenida, oculta detrás de esas voces, de de esos cuerpos.
En cuanto al ensayo con el actor lo termino de pulir en la locación con el mobiliario, los objetos, la puesta armada y la cámara grabando. Lo voy moldeando, tratando de evitar lo mecánico de las acciones. En las escenas con texto busco la cualidad de los sonidos de acuerdo a la circunstancia y hago hincapié también en el trabajo corporal acompañando esos determinados timbres de voz que requiere la escena.En “Los días”, lo esencial del trabajo con el actor está en abordar la idea del pensamiento contenido, lo que se dice en lugar de lo que se quiere decir, los personajes están todo el tiempo conteniendo algo, llevan como una carga. La búsqueda está centrada en la desdramatización, en lograr cierta inexpresión en las actuaciones. Recién luego del montaje todo esto puede llegar a adquirir cierta dimensión expresiva.
Renzo Blanc

Otra Campana…

Alejandra Herrera (Productora, Directora de arte “Los días”, “Café”)

Leer en comentarios…

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Hablando de Cines, segunda parte

7 comentarios en “Hablando de Cines, segunda parte

  1. matias, quimero/calefón dijo:

    Hitchcock consideraba a sus actores simples bustos parlantes y nunca consiguió (o no quiso conseguir) sacar una gran interpretación a ninguno de sus títeres. Para Hitchcock el actor era un elemento más del rodaje (como lo pueden ser las cámaras o los micrófonos) y no condecía a la interpretación la importancia que otros directores le darían, delegando la función de crear emociones (especialmente suspense) al trabajo de montaje. Los resultados, a la vista. Ahora no encuentro que dicen los actores de él.
    matias, quimero/calefón

  2. Liliana P dijo:

    Escribió Dreyer:

    Imagínense un niño enfadado con su madre. Su madre le dice amablemente: “¡Venga, ríete un poco!”. Y el niño esboza una sonrisa torpe y tensa que pronto se convierte en una gran sonrisa abierta. Algunos minutos después, ya está correteando alegremente. La cólera ha desaparecido. Se nota que la primera sonrisa ha influido sobre el sentimiento que, ha su vez, ha influido en la expresión. En ocasiones nos podemos basar en esta reciprocidad. Si un actor tiene facilidad para llorar –algunas personas la tienen-, se le puede permitir perfectamente que dé rienda suelta a sus lágrimas sin exigirle, además, la emoción justa, ya que la emoción física que sigue a las lágrimas puede ayudar al actor a hallar con mayor facilidad el sentimiento justo que, a su vez, suscitará la expresión justa –la única expresión justa- ya que, en cada juego de escena, hay una expresión que es la verdadera, y sólo una. Nada es más bello y excitante para el director y para el actor que conseguir encontrarla.

    De “Reflexiones sobre mi oficio”, Paidós, pág. 67.

  3. por Alejandra Herrera dijo:

    Dentro de un rodaje de ficción, puedo sentirme casi siempre muy cerca de los actores y actrices, que a veces son niños, otras veces adolescentes, otras veces adultos…Cercanía real desde mi tarea de maquillarlos o darles la ropa de la escena, que luego es cercanía empática y luego una cercanía con un estado profundo de identificación. Identificación que siento desde que comencé a estudiar cine y que se relaciona con mi historia personal y el hecho de tener una madre actriz y una familia que vive intensamente el teatro casi todos los días del año.
    Mi acercamiento a la actuación fue solo eso, un acercamiento, pero mi vivencia del estado emocional, visceral, intestinal si se quiere… que viven los actores en teatro es tan real como mi entrega a la hora de establecer el vínculo con ellos en un rodaje.
    Se sabe que el actor en el cine es despojado del nivel adrenalínico aquí-ahora que vive en el teatro para ubicarse muchas veces como una máquina que puede repetirse, porque el aquí y ahora de un rodaje es subjetivo y el tiempo una sustancia poco real. Sin embargo no conocí actor que sufra o manifieste con el cuerpo y el alma esa falta de adrenalina, solo se disponen a vivir lo que el cine propone, tantas veces de manera indiscutible, el “método” para trabajar…y a mi me llama mucho la atención esa entrega… El actor, dentro de un rodaje es un hilo mas en todo el telar, pero muchas veces es parte determinante del todo, como lo puede ser un productor que falte, o un fotógrafo con conjuntivitis… su parte determinante está más vinculada con el estado emocional que cualquiera de los demás integrantes del trabajo, porque está siendo el foco y el que lleva adelante lo que estamos queriendo de el. Y ese “querer” del otro se da en este arte de manera muy particular, en teatro la dirección tiene un límite, hasta el día del estreno o quizás mucho antes el director deja de marcar el rumbo, en cine la irrupción es permanente y así el vínculo de trabajo se gesta y se desarrolla de otra manera.
    Cada método, cada forma y cada film es una elección, desde todas las partes. Los sentires que se ocasionan en cada momento del rodaje a veces no son tan elegidos, como en cualquier otra instancia profesional o de la vida en general, pero es posible modificarlo ejercitando la empatía y el ponerse en el lugar del otro de la manera que sea.
    Que un director se acerque al teatro, que es el arte dramático que les da a la mayoría de los actores la satisfacción plena que luego les permite acercarse al cine para “adaptarse” a las nuevas formas de crear y vivir personajes, es importante para redescubrir nuevos vínculos con los actores y porqué no nuevas formas de dirigir en el cine.
    Acercarse haciendo teatro, viendo teatro, estando con actores antes de que entren a escena, muchas veces está bueno para saberse, así como los actores son testigo y parte de los rodajes todo el tiempo, mientras se arman las puestas, mientas se discuten cuestiones puramente técnicas. Y si los actores de cine no se han acercado al teatro, también me parece importante que lo hagan. Hacer teatro en algún momento, además de liberarnos en muchos aspectos, nos abre a los que hacemos cine la puerta para relacionarnos con más apertura entre nosotros mismos. La idea sería generar luego de un trabajo más discutido y más compartido, un vínculo humanizado entre todos los miembros de un rodaje, repleto de satisfacción y de crecimiento.

    Alejandra Herrera (Productora, Directora de arte “Los días”, “Café”)

  4. Anónimo dijo:

    Hitchcock consideraba a sus actores simples bustos parlantes y nunca consiguió (o no quiso conseguir) sacar una gran interpretación a ninguno de sus títeres. Para Hitchcock el actor era un elemento más del rodaje (como lo pueden ser las cámaras o los micrófonos) y no condecía a la interpretación la importancia que otros directores le darían, delegando la función de crear emociones (especialmente suspense) al trabajo de montaje. Los resultados, a la vista. Ahora no encuentro que dicen los actores de él.
    matias, quimero/calefón

  5. Alberto dijo:

    Cuando podemos librarnos a pensar, a ser realmente plenos en nuestras acciones, siendo sujetos de decisión… Lo azaroso de nuestros trabajos es también algo premeditado, no hay que ser inocente en ello…
    Escondernos, esconder nuestras películas, esconder nuestras formas, hacer del debate algo inexistente es anclarnos a las verdades únicas (de a ratos nuestras). Plantear el crecimiento como algo que no se busca, que no queremos que suceda, como personas que trabajan con personas, el dialogo se trasforma en algo a ejercitar, sin instancias intermedias, de rodaje a rodaje, sin pensar con quien lo hicimos y porque, el como salio, el donde fue, lo que sucede, lo que queríamos que sucediera… Es una mezquindad de nuestro medio, no hacer ejercicio de la palabra, salvo que nos falte algo, que necesitemos, que no sepamos como obtener respuestas, que tengamos que llorar las falta de políticas, que no sepamos de donde sacar el dinero… Sino solo silencio, silencio que ensordece y crece… A mí me duele.

    a por la dirección de actores y no las respuestas a este insignificante texto…

    Alberto (en franca medida de la palabra empeñada por el yo que firma títulos)

  6. matias calefón dijo:

    Alguna vez me dijo mi madre: “lo que no se dice no existe”. Creo que aquí sucede lo mismo Alberto, no se si se debe tanto a la mezquindad de palabras de los realizadores, creo más bien que se debe a que no existen pensamientos, posturas e ideas sobre el tema. Y sí en esta ciudad se habla mucho sobre financiamiento, y falta de… el incaa esto y cultura aquello… Esto crea un vacío en el “segundo hablando de cine”, que es el hablando de directores/realizadores y de actores, esto habla del Cine en Córdoba, o más bien cuenta de lo callado de éste. La formación en dirección de actores en la escuela de la UNC es tan pero tan acotada que parece no despertar el interés por profundizar. Cuánto más sabe un realizador cordobés de cámaras que de actores?. El trabajo tiende a ser intuitivo y veloz ante la falta de herramientas e ideas. El rodaje está listo para los DF (dir. de foto) y a rodar!. Cuando vino Adrían Caetano al cineclub municipal, auspiciaron de que hablaría sobre la dirección de actores, su respuesta fue: trabajo con profesionales, yo les digo qué quiero y ellos saben hacerlo.

  7. Liliana P dijo:

    Creo Matías, que sí existen posturas e ideas sobre la actuación. El método, el análisis de texto, el conocimiento de las corrientes; revisar filmes, filmar. Es un trabajo arduo y a veces –muy pocas- placentero. La “expresión justa” que llama Dreyer ¿cuántas veces realmente se da? ¿Tras cuánto ensayo horrible, lectura enajenada, actores que no se aguantan, divismos, etc.? Se podría escribir mucho y no sé si este sería el espacio más idóneo: el hecho de que haya servido para otras discusiones no significa que despierte la misma acalorada respuesta. El principal problema que veo es la dificultad de tratar el tema con cierto grado de especificidad. ¿Será por la imposibilidad de analizar fragmentos?
    En todo caso no habría que achacárselo a la mezquindad de los realizadores, si las preocupaciones giran alrededor del financiamiento o el Incaa tal vez no vendría mal un giro de timón. Para que la llama no se extinga.
    Hace unos meses me había propuesto analizar la actuación de un político frente a cámara. Porque donde hay una cámara existe actuación, eso es innegable, ídem en los documentales. Descubrir la falsedad es trabajo del director de actores, también la actitud del ciudadano que ve a su representante y sabe cuándo miente (el director de actores que todos llevamos dentro).

    Encontré este hermoso videíto del Daniel Tinayre dirigiéndola (iba a decir digiriéndola) a la Mirta:

    Otra cosa: lo de que Hitchcock trataba a los actores como si fuesen ganado estoy casi segura de que se trató de una frase hecha para periodistas, se sabe que las relaciones que tuvo con sus actrices fueron complicadísimas, incluso hasta hubo juicios. Las vacas son más sencillas.
    Un abrazo,

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