Zero en Conducta + El Vindicador!

JUEVES 01/04

20:30hs

LA ENSEÑANZA EN EL CINE (II)

El clásico cortometraje de 1933 del genial director francés Jean Vigo, prematuramente desaparecido, de apenas cuarenta minutos de duración y que treinta y cinco años más tarde sería versionado y aumentado por Lindsay Anderson en su remake If…, sigue siendo una de las mejores estampas de la rebelión infantil frente a una estricta institución educativa, eso sí, recubierta por un aire de farsa (de hecho se subtitula Diablillos en el colegio) y convertida en una expresión en toda regla del movimiento surrealista.

La película, sin duda, es uno de esos extraños casos en los que resulta evidente que una obra está fuera de época, que resulta muy precursora para aquello a lo que el público puede considerarse preparado para tolerar. Desde luego, una película transgresora para los primeros años treinta europeos, con escenas de desnudo frontal e integral, humor de trazo grueso y de connotaciones sexuales y sexistas, si no directamente escatológicas, críticas ácidas al conformismo y a la hipocresía religiosos en forma de apenas veladas blasfemias, o incluso cierta “normalización” del erotismo homosexual. En puridad, la cinta pretende mostrar algo más que la habitual dicotomía de la lucha entre el inconformismo de la juventud, manifestada principalmente en el quebrantamiento de las normas de la escuela y en la desobediencia e indisciplinas constantes con repecto a los estudios, y la implacable autoridad, que ejerce sin límites sus prerrogativas en forma de castigo físico, apoyada por una creencia social dominante que considera estas prácticas como parte de la formación de los jóvenes, frente a quienes se atreven a sobrepasar los rígidos límites de la amplia normativa escolar, sino que pretende mostrar también el carácter y los diversos estereotipos de quienes sirven a esa autoridad. Entre el profesorado de los chavales protagonistas, hay viejos docentes muy académicos, chapados a la antigua, criaturas ancladas en la época del Segundo Imperio francés o incluso antes, pero también productos de la modernidad y del relativismo posteriores a la Gran Guerra y todavía inocentes en cuanto a la barbarie que se está ya anunciando desde el vecino alemán. Sin embargo, todos ellos, los modelados conforme a la antigua usanza y los profesionales jóvenes de más amplios horizontes, conservan, en cuanto a brazos de la autoridad opresora, un carácter perverso, pérfido, hipócrita, en el que combinan una preferencia por el mantenimiento de unas formas, de unas reglas visibles por todos, con un, en privado, apenas disimulado desenfreno, en una dualidad de comportamiento en la que combinan una rigidez normativa y de proceder de cara al exterior, con un secretismo de perversiones y perfidia, ejecutado con retorcida malicia, y en la que los jóvenes alumnos también son los paganos, pervirtiendo por tanto el objeto de la enseñanza, y convirtiéndola en un régimen disciplinario y de valores más propio del ámbito militar en el que no caben la comprensión, la discusión, el debate, sino sólo las órdenes y su cumplimiento.

La película, concebida como un folleto destinado a la provocación, es tan transgresora en el fondo como en la forma. El maestro Vigo utiliza una fotografía sorprendente, innovadora en el académico cine francés, y da rienda suelta a recursos como la animación o el uso de la cámara lenta, a la vez que, profundizando en los conceptos estéticos de Luis Buñuel, explora una estética en la que abundan las trampas del encuadre, en un espacio engañosamente abierto o cerrado, como si los personajes pudieran surgir de cualquier rincón de una habitación, salón o aula, a veces de manera inexplicable e imprevista, y sin embargo, en el exterior los actores se comportaran como en espacios acotados, separados del resto de personajes y elementos físicos que los rodean, y como en Buñuel, el surrealismo forma parte indisoluble de la acción, como sucede en la escena en la que los jóvenes, en lo alto de la azotea, dan la impresión de poder echarse a volar en cualquier momento, acertada forma de expresar la necesidad de libertad de los jóvenes frente a una sociedad todavía decimonónica, que se resistía a despertar del ensueño de los felices años veinte tras las pesadillas de la guerra, y que, habiéndose resistido a esos tímidos intentos por abrirle los ojos, tendría que enfrentarse de sopetón con la terrible tormenta de la Segunda Guerra Mundial.

Es decir, que más allá del planteamiento de un conflicto generacional o de las insubordinaciones a la autoridad producto del espíritu de rebeldía de la juventud, el corto de Vigo manifiesta una carencia fundamental en el sistema educativo francés, y por extensión, del resto de países “civilizados” (hay que entrecomillar en término necesariamente ya que nos referimos a países que acababan de enfrentarse en un conflicto que había causado más de veinte millones de muertos y se lanzaban en tromba a su continuación, que sería tres veces más mortífera): la necesidad de acompañar la mera transmisión de conocimientos con una educación que, con unas bases generales, aporte valores de conducta, ejemplos, perspectivas y esperanzas, pero que al mismo tiempo respete la identidad y la integridad individuales de los destinatarios de las enseñanzas, puesto que del resultado de las medidas educativas tomadas sobre cada generación depende el futuro del país. La perseverancia de un sistema educativo inadecuado, basado en el castigo, la disciplina rígida y la permanente insatisfacción, tanto de alumnos como de docentes, perpetúa el sistema sine die, ya que quienes así sean educados prolongarán su sistema de valores a las nuevas generaciones, y todo ello, como expresión metafórica de lo que es la propia sociedad en sus relaciones con el poder político, económico y religioso, y a los modos y maneras de comportamiento de estos poderes con respecto al pueblo por cuyos intereses teóricamente vela, y que a menudo recuerdan al despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo, o todo para los alumnos pero sin los alumnos.

www.39escalones.wordpress.com

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