Cultura. Activismo. Encuentro

JUEVES 1ro de JULIO 20:30hs.

CINE – DEBATE a cargo de Alternativa LGTB (Lésbico, Gay, Transgénero y Bisexual) de Córdoba, Colectiva Femnista Anticapitalista “Histerikas , Mufas y Otras”, Compañeros y Compañeras Independientes. Encuentro por la Diversidad Cordoba.

“El camino más largo” de Pablo Genero (23′)

Mercedes visita a su hijo, quien vive en otra ciudad. Ella viaja intuyendo algunos modos de Mariano que más tarde buscará reconocer.

“Le petite mort” de François Ozon (26′)

Apasionado por la fotografía, un joven, Paul, tiene congeladas las relaciones con su padre desde que era adolescente. Camille, su hermana, acaba de informarle de que su padre está gravemente enfermo y tratará de reconciliarles.

Cultura. Activismo. Encuentro

Fiesta de San Juan! a quemar todo!

Sobre la Fiesta de SAN JUAN y el INTI RAYMI

La Fiesta de San Juan es una celebración ancestral de origen pagano que coincide con la llegada del solsticio de verano, en Europa, y de invierno en nuestro hemisferio.

Por esta razón, antiguamente, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano o invierno, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

El fuego, desde entonces, significa purificación y fertilidad. Las llamaradas de la fogata perpetúan el poder de la luz y simbolizan el combate con todo lo viejo (y lo malo )que es necesario transformar.

Hace miles de años los pueblos del norte de Europa, celtas, druidas, entre otros, festejaban con una gran fogata, danzas y comidas típicas, la llegada del solsticio de verano, cada 24 de junio.  Otros antecedentes de esta festividad, hay que buscarlos en el culto al dios Apolo por parte de los griegos.  Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas.

En tiempos posteriores, en muy diversos pueblos, se encendían fogatas en las cimas de las montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.

Siglos más tarde, el Cristianismo, fue experto en reciclar viejos cultos paganos;  cuando esta tradición llega a España, es apropiada por la Iglesia Católica para contemporizar y absorber una costumbre festiva que no podía evitar.  Así, el ritual del fuego es incorporado a su calendario y adoptado para celebrar el nacimiento de San Juan Bautista.

En América, con igual sentido, cada 24 de junio desde tiempos inmemoriales, los pueblos andinos ha celebrado la Fiesta del Sol o  INTI RAYMI, una antigua ceremonia religiosa en honor al Inti, el dios-sol.

Actualmente y sin diferir mucho de su origen, esta celebración simboliza la purificación del agua y el júbilo por los dones de la naturaleza. Son días de reflexión, pero también de alborozo que inspiran sentimientos de hermandad, donde el principal y elemental símbolo es la fogata.

La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza así, por la multitud de hogueras que iluminan la noche.  Antes o durante su encendido, la participantes arrojan pequeños objetos, conjuros y deseos con el objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus. Es un momento de renovación y comunión con la madre tierra y con los otros.

En Córdoba, desde hace más de 15 años, el TEATRO LA LUNA, viene realizando junto a los vecinos de Barrio Güemes, un trabajo de recuperación teatral de este ritual celebratorio, enraizado en nuestro propio pasado cultural.

Con todos y para todos los que quieran participar, Las Fogatas de San Juan de Teatro La Luna, son ya una tradición de nuestra comunidad de la que muchos recordamos con orgullo, haber participado.

Los invitamos  a la Fiesta de San Juan de este año en Teatro La Luna.

Jueves 24 de junio – 19 hs.  –  Pasaje Escuti 915 – Barrio Güemes (a metros de la Cañada).

Fiesta de San Juan! a quemar todo!

Musical en la Quimera!

TOPSY-TURVY

Jueves 17 – 20:30 hs

DIRECTOR: Mike Leigh

GENERO: Musical

ORIGEN: Inglaterra

ACTORES: Jim Broadbent.

DURACION: 160 Minutos

El cineasta británico Alexander Korda dijo, hace unos setenta años: “Para ser verdaderamente internacional una película debe ser antes que todo verdadera e intensamente nacional”. Nada podría calzar mejor con esta descripción que la archibritánica Topsy turvy, construida sobre el recurso doblemente nacional de su origen y de una minuciosa reconstrucción de la Inglaterra victoriana, destinada a centrar la historia de los compositores de operetas William Gilbert y Arthur Sullivan, autores de algunas de las más populares canciones del siglo XIX y de las letras más ingeniosas de la música británica.

La cinta parte cuando, estando el letrista Gilbert (Jim Broadbent) y el músico Sullivan (Allan Corduner) en el clímax de su fama, se produce el fracaso de su opereta Princess Ida, que suscita en Sullivan el deseo de separarse de las rutinas truculentas y mágicas en que se viene repitiendo el libretista. En una singular audacia narrativa, el filme no muestra a los socios juntos sino hasta el minuto 35: el tiempo previo abunda en detalles irónicos de época (el asombro con las nuevas tecnologías, que resuena como burla elíptica al clima de estos días) y, sobre todo, en la definición de los protagonistas.

Sullivan es un talento egótico, expansivo, que se despliega en los burdeles de París mientras quiere ser reconocido en la alta cultura de Londres; si es difícil simpatizar con su conducta, parece imposible no hacerlo con su deseo de innovación. En cambio, la austeridad y el estiramiento de Gilbert resultan, en principio, muy poco empáticos. La crisis entre ambos toma una hora del metraje; el resto, aun superior (más de una hora y media adicional), está dedicado al proceso creativo que conduce al montaje de “Mikado”, que se convertiría en la obra más célebre del dúo.

En esta parte, coral, poblada con las dudas y los temores de los actores, Gilbert toma el protagonismo. Solo entonces se descubre que su preferencia por las fórmulas truculentas (“topsy-turvy”), es una especie de refugio ante la incerteza emocional, una retirada desde los fantasmas que pueblan su vida afectiva. En una de las mejores escenas de la película, su mujer, Kitty (Lesley Manville), deja brotar la frustración de la pareja, para que Gilbert, con su flema británica, la contenga y la module, guardando su inexpresable dolor.

Esto es, al fin, lo que está en el centro programático de Topsy turvy: la manera en que los fracasos personales son sublimados ­pero nunca reparados, ni siquiera excusados­ en el ejercicio artístico. Para desarrollarlo en profundidad, el cineasta británico ha recreado un mundo social y psicológico casi como una filigrana, con un estilo que quizás sea el más difícil de lograr en el cine: transparente, respetuoso con los personajes y sensible al tempo interno de cada secuencia, momento y situación (lo que explica por qué la duración de esta película no se siente). Topsy turvy consagra a Leigh como uno de los mayores autores del cine británico. Una obra inteligente, única, formidable.

Ascanio Cavallo – El Mercurio – Santiago de Chile

Musical en la Quimera!

Simplemente Amigas en la Quimera…

Ciclo a Todo o Nada – Mike Leigh

Jueves 10 de Junio 20:30 hs

Conocido como: “Career Girls” – Reino Unido (título original) – Simplemente amigas – Argentina

Duración:87 min País: Reino Unido | Francia

Idioma: Inglés

A continuación una entrevista en la ocasión del estreno de Simplemente Amigas…

Entrevista a Mike Leigh: “El mundo es un lugar extraño”

Las armas usuales del entrevistador no sirven a la hora de hablar con Mike Leigh, el director británico famoso por películas como Secretos y mentiras, Topsy-Turvy y El secreto de Vera Drake. Por un lado, porque su forma de trabajo es tan particular que es imposible indagar sobre motivos y razones que lo llevan a hacer lo que hace. Y lo segundo, bueno, porque -al menos en lo que respecta a hablar con la prensa- no es de las personas más amables y generosas.

Vayamos a lo primero, entonces. El estilo de trabajo de Leigh tal vez sea único en el mundo. Según dice -resulta difícil creer que sea tan así-, él nunca tiene idea de qué película va a hacer cuando reúne a su equipo. Elige a una serie de actores con los que quiere trabajar, va delineando personajes con cada uno por separado, los va cruzando de a pares o en grupos (ninguno sabe qué personaje es el otro), se arma un “workshop” y allí se van terminado de delinear los diálogos y las historias, mediante una serie de improvisaciones. Una vez armado el asunto, se rueda.

Eso es lo que hace complejo tratar de llegar a conocer las motivaciones de tal o cual filme, de tal o cual personaje. Películas como A todo o nada o Simplemente amigas, dirá, llegaron a ser lo que son por obra y gracia de las circunstancias, de los actores, de un tiempo y un lugar concretos. El sería un canalizador de esas tensiones, el que las pone en escena. Es igualmente llamativo cómo es que sus películas -hechas a partir de los aportes de tantas personas- se parecen tanto unas a otras.

Pero es innegable que en La felicidad trae suerte -que se estrena hoy y compitió en el Festival de Berlín- hay una notable diferencia. Al menos, de movida. Si el cine de Leigh se caracteriza por cierta oscuridad y densidad dramática, lo primero que llama la atención aquí es su personaje central, Poppy (Sally Hawkins), una suerte de canto al optimismo permanente, una persona que habla y sonríe, que se lleva el mundo por delante con su sonrisa y que no parece amedrentarse ante nada ni nadie. Ni siquiera por su instructor de manejo (Eddie Marsan), un hombre que es su polo opuesto: resentido, amargado, cruel.

“No es la primera vez que hay un personaje optimista en una película mía -dice, por teléfono, desde Londres-. Cada película es diferente, crea su propio mundo. Las circunstancias de Poppy son distintas a las de otros personajes. Ella es una mujer positiva que tra ta de ayudar a la gente”.

Claro que Leigh no dirá que él trató de hacer un filme optimista sino que salió así. “No sé qué tipo de película es -explica-. En cierta manera es antimiserabilista. Es un género propio. No existían los personajes antes de ponerme a trabajar con los actores. Ya había trabajado con Sally (ver La desconocida…) y sentía que tenía una energía muy positiva, y así fue saliendo un personaje como Poppy.”

Leigh dirá que no fue su intención hacer un filme optimista para contrarrestar el mal clima que se está viviendo en los últimos años. “La situación sigue siendo mala, pero la gente avanza a pesar de todo -analiza-. No trato de disimular ni de ocultar el hecho de que las cosas son bastante desastrosas. El aspecto positivo del filme es la gente”.

Scott, el papel de Eddie Marsan, el instructor de manejo, parece ser como el opuesto perfecto a ella…

Es una persona que tiene sus problemas y que está exhausto de todo. Ella es positiva y divertida y él es un freak del control que quiere manejar todo. Se puede decir que él representa un nuevo tipo de fascismo que hay en el mundo. Encontrás gente como Scott en la calle, así de amargas y resentidas. El mundo es un lugar extraño.

A algunas personas, extrañamente, el excesivo optimismo de Poppy le resulta irritante, como contraproducente…

No entiendo esa crítica, no entiendo cómo puede irritarlos. Además creo que hay una gran confusión en torno a Poppy. No es de un optimismo tonto, irresponsable. Es una persona adulta, seria e inteligente que tiene un gran sentido del humor. Yo quisiera ser de esa manera también.

Además de su método de trabajo, el otro asunto en el que Leigh -uno de los cineastas más reconocidos de Gran Bretaña, a la par de Ken Loach- es consistente, es en su negativa a ir a trabajar a Hollywood, un mal endémico que él ve en las generaciones posteriores de realizadores de su país. “Es cierto que hay poco dinero y resulta más difícil hacer películas en el Reino Unido -dice-. Y como sucede en todo el mundo la tentación de ir a Hollywood está muy presente. Pero es un gran error.”

Y si bien reconoce que no es fácil, alienta a sus compatriotas a quedarse: “A los que seguimos trabajando en el país nos resulta complicado conseguir una buena salida en salas. Tenés que trabajar con tu imaginación, arreglártelas. Pero lo que finalmente importa es poder hacer tus películas sin ningún compromiso y usando tu propia filosofía de trabajo. Y por eso es que prefiero quedarme”.

Uno imagina que la tentación de cruzar el charco debe ser grande. Especialmente tomando en cuenta que, desde High Hopes (1988) en adelante, sus películas han sido muy bien recibidas en los Estados Unidos. De hecho, él lleva cuatro nominaciones como “guionista” (aunque no escribe sus guiones del todo) y dos como director, por Secretos y mentiras y El secreto de Vera Drake. El tema es que… nunca gana.

“No sé si es importante o no, no te lo tomás seriamente aunque te gustaría ganarlo -dice-. Finalmente no es más que un granito de arena y uno sabe que es difícil que una película europea de bajo presupuesto gane un Oscar”.

¿Y los festivales? Leigh ha ganado los máximos premios en Cannes (mejor director por Naked, en 1993 y la Palma de Oro por Secretos y mentiras, en 1996) y en Venecia (León de Oro por Vera Drake, en 2004), por lo que sabe lo que significan en su carrera.

“Los festivales son importantes en la vida de una película -agrega-. Son lugares donde los filmes salen al mundo y son vistos por públicos interesados en este tipo de cine. Hay mejores y peores festivales, pero es grandioso participar en ellos. Y ganar premios, mejor aún. Aceitan los engranajes…”

Hablando de festivales, Leigh comenta su reciente paso por el de La Habana, Cuba. “Uno puede ver en esos festivales la enorme cantidad de grandes películas que se hacen y la gran pasión que existe por un cine independiente -explica-. La cultura cinematográfica es enorme en todo el mundo y me parece ridículo que accedamos a ver un sólo tipo de cine, un solo mundo. Es una parte mínima de lo que hay disponible. Es una gran tragedia.”

La entrevista al realizador inglés de “Secretos y mentiras” donde habla de su nuevo filme, “La felicidad trae suerte”, centrado en las peripecias de Poppy, (Sally Hawkins), una mujer que enfrenta la vida con gran optimismo. El director habló con “Clarín” del filme, de su método de trabajo y de la importancia que le da a los premios.

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Entrevista a Mike Leigh: “El mundo es un lugar extraño”

El realizador inglés de “Secretos y mentiras” habla de su nuevo filme, “La felicidad trae suerte”, estrenado el jueves, centrado en las peripecias de Poppy, (Sally Hawkins), una mujer que enfrenta la vida con gran optimismo. El director habló con “Clarín” del filme, de su método de trabajo y de la importancia que le da a los premios.

Las armas usuales del entrevistador no sirven a la hora de hablar con Mike Leigh, el director británico famoso por películas como Secretos y mentiras, Topsy-Turvy y El secreto de Vera Drake. Por un lado, porque su forma de trabajo es tan particular que es imposible indagar sobre motivos y razones que lo llevan a hacer lo que hace. Y lo segundo, bueno, porque -al menos en lo que respecta a hablar con la prensa- no es de las personas más amables y generosas.

Vayamos a lo primero, entonces. El estilo de trabajo de Leigh tal vez sea único en el mundo. Según dice -resulta difícil creer que sea tan así-, él nunca tiene idea de qué película va a hacer cuando reúne a su equipo. Elige a una serie de actores con los que quiere trabajar, va delineando personajes con cada uno por separado, los va cruzando de a pares o en grupos (ninguno sabe qué personaje es el otro), se arma un “workshop” y allí se van terminado de delinear los diálogos y las historias, mediante una serie de improvisaciones. Una vez armado el asunto, se rueda.

Eso es lo que hace complejo tratar de llegar a conocer las motivaciones de tal o cual filme, de tal o cual personaje. Películas como A todo o nada o Simplemente amigas, dirá, llegaron a ser lo que son por obra y gracia de las circunstancias, de los actores, de un tiempo y un lugar concretos. El sería un canalizador de esas tensiones, el que las pone en escena. Es igualmente llamativo cómo es que sus películas -hechas a partir de los aportes de tantas personas- se parecen tanto unas a otras.

Pero es innegable que en La felicidad trae suerte -que se estrena hoy y compitió en el Festival de Berlín- hay una notable diferencia. Al menos, de movida. Si el cine de Leigh se caracteriza por cierta oscuridad y densidad dramática, lo primero que llama la atención aquí es su personaje central, Poppy (Sally Hawkins), una suerte de canto al optimismo permanente, una persona que habla y sonríe, que se lleva el mundo por delante con su sonrisa y que no parece amedrentarse ante nada ni nadie. Ni siquiera por su instructor de manejo (Eddie Marsan), un hombre que es su polo opuesto: resentido, amargado, cruel.

“No es la primera vez que hay un personaje optimista en una película mía -dice, por teléfono, desde Londres-. Cada película es diferente, crea su propio mundo. Las circunstancias de Poppy son distintas a las de otros personajes. Ella es una mujer positiva que tra ta de ayudar a la gente”.

Claro que Leigh no dirá que él trató de hacer un filme optimista sino que salió así. “No sé qué tipo de película es -explica-. En cierta manera es antimiserabilista. Es un género propio. No existían los personajes antes de ponerme a trabajar con los actores. Ya había trabajado con Sally (ver La desconocida…) y sentía que tenía una energía muy positiva, y así fue saliendo un personaje como Poppy.”

Leigh dirá que no fue su intención hacer un filme optimista para contrarrestar el mal clima que se está viviendo en los últimos años. “La situación sigue siendo mala, pero la gente avanza a pesar de todo -analiza-. No trato de disimular ni de ocultar el hecho de que las cosas son bastante desastrosas. El aspecto positivo del filme es la gente”.

Scott, el papel de Eddie Marsan, el instructor de manejo, parece ser como el opuesto perfecto a ella…

Es una persona que tiene sus problemas y que está exhausto de todo. Ella es positiva y divertida y él es un freak del control que quiere manejar todo. Se puede decir que él representa un nuevo tipo de fascismo que hay en el mundo. Encontrás gente como Scott en la calle, así de amargas y resentidas. El mundo es un lugar extraño.

A algunas personas, extrañamente, el excesivo optimismo de Poppy le resulta irritante, como contraproducente…

No entiendo esa crítica, no entiendo cómo puede irritarlos. Además creo que hay una gran confusión en torno a Poppy. No es de un optimismo tonto, irresponsable. Es una persona adulta, seria e inteligente que tiene un gran sentido del humor. Yo quisiera ser de esa manera también.

Además de su método de trabajo, el otro asunto en el que Leigh -uno de los cineastas más reconocidos de Gran Bretaña, a la par de Ken Loach- es consistente, es en su negativa a ir a trabajar a Hollywood, un mal endémico que él ve en las generaciones posteriores de realizadores de su país. “Es cierto que hay poco dinero y resulta más difícil hacer películas en el Reino Unido -dice-. Y como sucede en todo el mundo la tentación de ir a Hollywood está muy presente. Pero es un gran error.”

Y si bien reconoce que no es fácil, alienta a sus compatriotas a quedarse: “A los que seguimos trabajando en el país nos resulta complicado conseguir una buena salida en salas. Tenés que trabajar con tu imaginación, arreglártelas. Pero lo que finalmente importa es poder hacer tus películas sin ningún compromiso y usando tu propia filosofía de trabajo. Y por eso es que prefiero quedarme”.

Uno imagina que la tentación de cruzar el charco debe ser grande. Especialmente tomando en cuenta que, desde High Hopes (1988) en adelante, sus películas han sido muy bien recibidas en los Estados Unidos. De hecho, él lleva cuatro nominaciones como “guionista” (aunque no escribe sus guiones del todo) y dos como director, por Secretos y mentiras y El secreto de Vera Drake. El tema es que… nunca gana.

“No sé si es importante o no, no te lo tomás seriamente aunque te gustaría ganarlo -dice-. Finalmente no es más que un granito de arena y uno sabe que es difícil que una película europea de bajo presupuesto gane un Oscar”.

¿Y los festivales? Leigh ha ganado los máximos premios en Cannes (mejor director por Naked, en 1993 y la Palma de Oro por Secretos y mentiras, en 1996) y en Venecia (León de Oro por Vera Drake, en 2004), por lo que sabe lo que significan en su carrera.

“Los festivales son importantes en la vida de una película -agrega-. Son lugares donde los filmes salen al mundo y son vistos por públicos interesados en este tipo de cine. Hay mejores y peores festivales, pero es grandioso participar en ellos. Y ganar premios, mejor aún. Aceitan los engranajes…”

Hablando de festivales, Leigh comenta su reciente paso por el de La Habana, Cuba. “Uno puede ver en esos festivales la enorme cantidad de grandes películas que se hacen y la gran pasión que existe por un cine independiente -explica-. La cultura cinematográfica es enorme en todo el mundo y me parece ridículo que accedamos a ver un sólo tipo de cine, un solo mundo. Es una parte mínima de lo que hay disponible. Es una gran tragedia.”

Simplemente Amigas en la Quimera…

Secretos y Mentira en La Quimera

Jueves 03 a las 20:30 hs

Secretos y Mentiras

Dirigida por Mike Leigh

1996

protagonizada por Brenda Blethyn, Timothy Spall y Marianne Jean-Baptiste.

Ganadora de dos Palmas de Oro (película y actriz) y el Premio Internacional de la Crítica en el Festival de Cannes, un Globo de Oro, cinco nominaciones a los Oscars.

Sinopsis

Al morir sus padres adoptivos, Hortense siente la necesidad de conocer a su madre biológica. La encuentra, y además, conoce al resto de su familia: su tío Maurice y su hermana Roxanne. Todos ellos viven guardando secretos y ocultándose tras algunas mentiras.

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El cine de Mike Leigh suele retratar a la clase media inglesa. En sus retratos Leigh desborda realismo y nos entrega una visión de mundo humana, tierna y muchas veces triste.

Todos ya sabemos que las relaciones humanas son complejas, al punto de que el cine puede darnos una nueva visión de lo que se significan el amor, la familia y las pequeñas alegrías que nos provocan los más escondidos secretos y acciones que esconde la vida mundana.

Los personajes de Leigh son reales, provocan identificación inmediata por parte de la audiencia. Porque sus problemas, sus desdichas, sus alegrías suelen ser las mías, las tuyas. Porque una dosis de realidad extrema nos hace cuestionarnos las personas que somos, las decisiones que tomamos y los caminos que seguimos. De eso se encarga Leigh, de mostrarnos que dentro de los matices de las vida supuestamente acabadas siempre existe una dosis de esperanza, por un cambio, por una alegría.

Sé que suena cliché pero al ver el cine de Leigh uno se da cuenta de que vivir está dado por sentado y que las vidas que uno se construye no suelen ser las que uno esperaba. Porque no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor, no nos damos cuenta de lo que perdemos a cada minuto, de que las personas que conforman nuestra existencia  ya no están ni van a estar nunca. Y como eje central nuevamente la familia, esa clásica familia disfuncional llena de secretos y mentiras. Hijos que no se hablan con sus madres, las existencias grises de trabajos sin futuro, el dinero que escasea, los problemas matrimoniales, los hijos y sus respectivos odios a sus padres.

Éste es el universo de Mike Leigh, la realidad de las existencias muertas. Aunque también lo es el reencuentro, el amor incondicional y ese sentimiento que hace que no nos detengámos frente a los desastres de las existencias grises, que sigamos adelante porque finalmente y al hacer un recuento de sus vidas y sus decisiones los protagonistas encuentran como respuesta el amor incondicional que soóo la familia te puede dar.

Recomendada a los amantes del realismo y a los que sienten que existe algo más. Una película magistral, maravillosa, tierna y emotiva.

por Iván Melnick (http://www.lapollera.cl)

Secretos y Mentira en La Quimera