Simplemente Amigas en la Quimera…

Ciclo a Todo o Nada – Mike Leigh

Jueves 10 de Junio 20:30 hs

Conocido como: “Career Girls” – Reino Unido (título original) – Simplemente amigas – Argentina

Duración:87 min País: Reino Unido | Francia

Idioma: Inglés

A continuación una entrevista en la ocasión del estreno de Simplemente Amigas…

Entrevista a Mike Leigh: “El mundo es un lugar extraño”

Las armas usuales del entrevistador no sirven a la hora de hablar con Mike Leigh, el director británico famoso por películas como Secretos y mentiras, Topsy-Turvy y El secreto de Vera Drake. Por un lado, porque su forma de trabajo es tan particular que es imposible indagar sobre motivos y razones que lo llevan a hacer lo que hace. Y lo segundo, bueno, porque -al menos en lo que respecta a hablar con la prensa- no es de las personas más amables y generosas.

Vayamos a lo primero, entonces. El estilo de trabajo de Leigh tal vez sea único en el mundo. Según dice -resulta difícil creer que sea tan así-, él nunca tiene idea de qué película va a hacer cuando reúne a su equipo. Elige a una serie de actores con los que quiere trabajar, va delineando personajes con cada uno por separado, los va cruzando de a pares o en grupos (ninguno sabe qué personaje es el otro), se arma un “workshop” y allí se van terminado de delinear los diálogos y las historias, mediante una serie de improvisaciones. Una vez armado el asunto, se rueda.

Eso es lo que hace complejo tratar de llegar a conocer las motivaciones de tal o cual filme, de tal o cual personaje. Películas como A todo o nada o Simplemente amigas, dirá, llegaron a ser lo que son por obra y gracia de las circunstancias, de los actores, de un tiempo y un lugar concretos. El sería un canalizador de esas tensiones, el que las pone en escena. Es igualmente llamativo cómo es que sus películas -hechas a partir de los aportes de tantas personas- se parecen tanto unas a otras.

Pero es innegable que en La felicidad trae suerte -que se estrena hoy y compitió en el Festival de Berlín- hay una notable diferencia. Al menos, de movida. Si el cine de Leigh se caracteriza por cierta oscuridad y densidad dramática, lo primero que llama la atención aquí es su personaje central, Poppy (Sally Hawkins), una suerte de canto al optimismo permanente, una persona que habla y sonríe, que se lleva el mundo por delante con su sonrisa y que no parece amedrentarse ante nada ni nadie. Ni siquiera por su instructor de manejo (Eddie Marsan), un hombre que es su polo opuesto: resentido, amargado, cruel.

“No es la primera vez que hay un personaje optimista en una película mía -dice, por teléfono, desde Londres-. Cada película es diferente, crea su propio mundo. Las circunstancias de Poppy son distintas a las de otros personajes. Ella es una mujer positiva que tra ta de ayudar a la gente”.

Claro que Leigh no dirá que él trató de hacer un filme optimista sino que salió así. “No sé qué tipo de película es -explica-. En cierta manera es antimiserabilista. Es un género propio. No existían los personajes antes de ponerme a trabajar con los actores. Ya había trabajado con Sally (ver La desconocida…) y sentía que tenía una energía muy positiva, y así fue saliendo un personaje como Poppy.”

Leigh dirá que no fue su intención hacer un filme optimista para contrarrestar el mal clima que se está viviendo en los últimos años. “La situación sigue siendo mala, pero la gente avanza a pesar de todo -analiza-. No trato de disimular ni de ocultar el hecho de que las cosas son bastante desastrosas. El aspecto positivo del filme es la gente”.

Scott, el papel de Eddie Marsan, el instructor de manejo, parece ser como el opuesto perfecto a ella…

Es una persona que tiene sus problemas y que está exhausto de todo. Ella es positiva y divertida y él es un freak del control que quiere manejar todo. Se puede decir que él representa un nuevo tipo de fascismo que hay en el mundo. Encontrás gente como Scott en la calle, así de amargas y resentidas. El mundo es un lugar extraño.

A algunas personas, extrañamente, el excesivo optimismo de Poppy le resulta irritante, como contraproducente…

No entiendo esa crítica, no entiendo cómo puede irritarlos. Además creo que hay una gran confusión en torno a Poppy. No es de un optimismo tonto, irresponsable. Es una persona adulta, seria e inteligente que tiene un gran sentido del humor. Yo quisiera ser de esa manera también.

Además de su método de trabajo, el otro asunto en el que Leigh -uno de los cineastas más reconocidos de Gran Bretaña, a la par de Ken Loach- es consistente, es en su negativa a ir a trabajar a Hollywood, un mal endémico que él ve en las generaciones posteriores de realizadores de su país. “Es cierto que hay poco dinero y resulta más difícil hacer películas en el Reino Unido -dice-. Y como sucede en todo el mundo la tentación de ir a Hollywood está muy presente. Pero es un gran error.”

Y si bien reconoce que no es fácil, alienta a sus compatriotas a quedarse: “A los que seguimos trabajando en el país nos resulta complicado conseguir una buena salida en salas. Tenés que trabajar con tu imaginación, arreglártelas. Pero lo que finalmente importa es poder hacer tus películas sin ningún compromiso y usando tu propia filosofía de trabajo. Y por eso es que prefiero quedarme”.

Uno imagina que la tentación de cruzar el charco debe ser grande. Especialmente tomando en cuenta que, desde High Hopes (1988) en adelante, sus películas han sido muy bien recibidas en los Estados Unidos. De hecho, él lleva cuatro nominaciones como “guionista” (aunque no escribe sus guiones del todo) y dos como director, por Secretos y mentiras y El secreto de Vera Drake. El tema es que… nunca gana.

“No sé si es importante o no, no te lo tomás seriamente aunque te gustaría ganarlo -dice-. Finalmente no es más que un granito de arena y uno sabe que es difícil que una película europea de bajo presupuesto gane un Oscar”.

¿Y los festivales? Leigh ha ganado los máximos premios en Cannes (mejor director por Naked, en 1993 y la Palma de Oro por Secretos y mentiras, en 1996) y en Venecia (León de Oro por Vera Drake, en 2004), por lo que sabe lo que significan en su carrera.

“Los festivales son importantes en la vida de una película -agrega-. Son lugares donde los filmes salen al mundo y son vistos por públicos interesados en este tipo de cine. Hay mejores y peores festivales, pero es grandioso participar en ellos. Y ganar premios, mejor aún. Aceitan los engranajes…”

Hablando de festivales, Leigh comenta su reciente paso por el de La Habana, Cuba. “Uno puede ver en esos festivales la enorme cantidad de grandes películas que se hacen y la gran pasión que existe por un cine independiente -explica-. La cultura cinematográfica es enorme en todo el mundo y me parece ridículo que accedamos a ver un sólo tipo de cine, un solo mundo. Es una parte mínima de lo que hay disponible. Es una gran tragedia.”

La entrevista al realizador inglés de “Secretos y mentiras” donde habla de su nuevo filme, “La felicidad trae suerte”, centrado en las peripecias de Poppy, (Sally Hawkins), una mujer que enfrenta la vida con gran optimismo. El director habló con “Clarín” del filme, de su método de trabajo y de la importancia que le da a los premios.

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Entrevista a Mike Leigh: “El mundo es un lugar extraño”

El realizador inglés de “Secretos y mentiras” habla de su nuevo filme, “La felicidad trae suerte”, estrenado el jueves, centrado en las peripecias de Poppy, (Sally Hawkins), una mujer que enfrenta la vida con gran optimismo. El director habló con “Clarín” del filme, de su método de trabajo y de la importancia que le da a los premios.

Las armas usuales del entrevistador no sirven a la hora de hablar con Mike Leigh, el director británico famoso por películas como Secretos y mentiras, Topsy-Turvy y El secreto de Vera Drake. Por un lado, porque su forma de trabajo es tan particular que es imposible indagar sobre motivos y razones que lo llevan a hacer lo que hace. Y lo segundo, bueno, porque -al menos en lo que respecta a hablar con la prensa- no es de las personas más amables y generosas.

Vayamos a lo primero, entonces. El estilo de trabajo de Leigh tal vez sea único en el mundo. Según dice -resulta difícil creer que sea tan así-, él nunca tiene idea de qué película va a hacer cuando reúne a su equipo. Elige a una serie de actores con los que quiere trabajar, va delineando personajes con cada uno por separado, los va cruzando de a pares o en grupos (ninguno sabe qué personaje es el otro), se arma un “workshop” y allí se van terminado de delinear los diálogos y las historias, mediante una serie de improvisaciones. Una vez armado el asunto, se rueda.

Eso es lo que hace complejo tratar de llegar a conocer las motivaciones de tal o cual filme, de tal o cual personaje. Películas como A todo o nada o Simplemente amigas, dirá, llegaron a ser lo que son por obra y gracia de las circunstancias, de los actores, de un tiempo y un lugar concretos. El sería un canalizador de esas tensiones, el que las pone en escena. Es igualmente llamativo cómo es que sus películas -hechas a partir de los aportes de tantas personas- se parecen tanto unas a otras.

Pero es innegable que en La felicidad trae suerte -que se estrena hoy y compitió en el Festival de Berlín- hay una notable diferencia. Al menos, de movida. Si el cine de Leigh se caracteriza por cierta oscuridad y densidad dramática, lo primero que llama la atención aquí es su personaje central, Poppy (Sally Hawkins), una suerte de canto al optimismo permanente, una persona que habla y sonríe, que se lleva el mundo por delante con su sonrisa y que no parece amedrentarse ante nada ni nadie. Ni siquiera por su instructor de manejo (Eddie Marsan), un hombre que es su polo opuesto: resentido, amargado, cruel.

“No es la primera vez que hay un personaje optimista en una película mía -dice, por teléfono, desde Londres-. Cada película es diferente, crea su propio mundo. Las circunstancias de Poppy son distintas a las de otros personajes. Ella es una mujer positiva que tra ta de ayudar a la gente”.

Claro que Leigh no dirá que él trató de hacer un filme optimista sino que salió así. “No sé qué tipo de película es -explica-. En cierta manera es antimiserabilista. Es un género propio. No existían los personajes antes de ponerme a trabajar con los actores. Ya había trabajado con Sally (ver La desconocida…) y sentía que tenía una energía muy positiva, y así fue saliendo un personaje como Poppy.”

Leigh dirá que no fue su intención hacer un filme optimista para contrarrestar el mal clima que se está viviendo en los últimos años. “La situación sigue siendo mala, pero la gente avanza a pesar de todo -analiza-. No trato de disimular ni de ocultar el hecho de que las cosas son bastante desastrosas. El aspecto positivo del filme es la gente”.

Scott, el papel de Eddie Marsan, el instructor de manejo, parece ser como el opuesto perfecto a ella…

Es una persona que tiene sus problemas y que está exhausto de todo. Ella es positiva y divertida y él es un freak del control que quiere manejar todo. Se puede decir que él representa un nuevo tipo de fascismo que hay en el mundo. Encontrás gente como Scott en la calle, así de amargas y resentidas. El mundo es un lugar extraño.

A algunas personas, extrañamente, el excesivo optimismo de Poppy le resulta irritante, como contraproducente…

No entiendo esa crítica, no entiendo cómo puede irritarlos. Además creo que hay una gran confusión en torno a Poppy. No es de un optimismo tonto, irresponsable. Es una persona adulta, seria e inteligente que tiene un gran sentido del humor. Yo quisiera ser de esa manera también.

Además de su método de trabajo, el otro asunto en el que Leigh -uno de los cineastas más reconocidos de Gran Bretaña, a la par de Ken Loach- es consistente, es en su negativa a ir a trabajar a Hollywood, un mal endémico que él ve en las generaciones posteriores de realizadores de su país. “Es cierto que hay poco dinero y resulta más difícil hacer películas en el Reino Unido -dice-. Y como sucede en todo el mundo la tentación de ir a Hollywood está muy presente. Pero es un gran error.”

Y si bien reconoce que no es fácil, alienta a sus compatriotas a quedarse: “A los que seguimos trabajando en el país nos resulta complicado conseguir una buena salida en salas. Tenés que trabajar con tu imaginación, arreglártelas. Pero lo que finalmente importa es poder hacer tus películas sin ningún compromiso y usando tu propia filosofía de trabajo. Y por eso es que prefiero quedarme”.

Uno imagina que la tentación de cruzar el charco debe ser grande. Especialmente tomando en cuenta que, desde High Hopes (1988) en adelante, sus películas han sido muy bien recibidas en los Estados Unidos. De hecho, él lleva cuatro nominaciones como “guionista” (aunque no escribe sus guiones del todo) y dos como director, por Secretos y mentiras y El secreto de Vera Drake. El tema es que… nunca gana.

“No sé si es importante o no, no te lo tomás seriamente aunque te gustaría ganarlo -dice-. Finalmente no es más que un granito de arena y uno sabe que es difícil que una película europea de bajo presupuesto gane un Oscar”.

¿Y los festivales? Leigh ha ganado los máximos premios en Cannes (mejor director por Naked, en 1993 y la Palma de Oro por Secretos y mentiras, en 1996) y en Venecia (León de Oro por Vera Drake, en 2004), por lo que sabe lo que significan en su carrera.

“Los festivales son importantes en la vida de una película -agrega-. Son lugares donde los filmes salen al mundo y son vistos por públicos interesados en este tipo de cine. Hay mejores y peores festivales, pero es grandioso participar en ellos. Y ganar premios, mejor aún. Aceitan los engranajes…”

Hablando de festivales, Leigh comenta su reciente paso por el de La Habana, Cuba. “Uno puede ver en esos festivales la enorme cantidad de grandes películas que se hacen y la gran pasión que existe por un cine independiente -explica-. La cultura cinematográfica es enorme en todo el mundo y me parece ridículo que accedamos a ver un sólo tipo de cine, un solo mundo. Es una parte mínima de lo que hay disponible. Es una gran tragedia.”

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