Musical en la Quimera!

TOPSY-TURVY

Jueves 17 – 20:30 hs

DIRECTOR: Mike Leigh

GENERO: Musical

ORIGEN: Inglaterra

ACTORES: Jim Broadbent.

DURACION: 160 Minutos

El cineasta británico Alexander Korda dijo, hace unos setenta años: “Para ser verdaderamente internacional una película debe ser antes que todo verdadera e intensamente nacional”. Nada podría calzar mejor con esta descripción que la archibritánica Topsy turvy, construida sobre el recurso doblemente nacional de su origen y de una minuciosa reconstrucción de la Inglaterra victoriana, destinada a centrar la historia de los compositores de operetas William Gilbert y Arthur Sullivan, autores de algunas de las más populares canciones del siglo XIX y de las letras más ingeniosas de la música británica.

La cinta parte cuando, estando el letrista Gilbert (Jim Broadbent) y el músico Sullivan (Allan Corduner) en el clímax de su fama, se produce el fracaso de su opereta Princess Ida, que suscita en Sullivan el deseo de separarse de las rutinas truculentas y mágicas en que se viene repitiendo el libretista. En una singular audacia narrativa, el filme no muestra a los socios juntos sino hasta el minuto 35: el tiempo previo abunda en detalles irónicos de época (el asombro con las nuevas tecnologías, que resuena como burla elíptica al clima de estos días) y, sobre todo, en la definición de los protagonistas.

Sullivan es un talento egótico, expansivo, que se despliega en los burdeles de París mientras quiere ser reconocido en la alta cultura de Londres; si es difícil simpatizar con su conducta, parece imposible no hacerlo con su deseo de innovación. En cambio, la austeridad y el estiramiento de Gilbert resultan, en principio, muy poco empáticos. La crisis entre ambos toma una hora del metraje; el resto, aun superior (más de una hora y media adicional), está dedicado al proceso creativo que conduce al montaje de “Mikado”, que se convertiría en la obra más célebre del dúo.

En esta parte, coral, poblada con las dudas y los temores de los actores, Gilbert toma el protagonismo. Solo entonces se descubre que su preferencia por las fórmulas truculentas (“topsy-turvy”), es una especie de refugio ante la incerteza emocional, una retirada desde los fantasmas que pueblan su vida afectiva. En una de las mejores escenas de la película, su mujer, Kitty (Lesley Manville), deja brotar la frustración de la pareja, para que Gilbert, con su flema británica, la contenga y la module, guardando su inexpresable dolor.

Esto es, al fin, lo que está en el centro programático de Topsy turvy: la manera en que los fracasos personales son sublimados ­pero nunca reparados, ni siquiera excusados­ en el ejercicio artístico. Para desarrollarlo en profundidad, el cineasta británico ha recreado un mundo social y psicológico casi como una filigrana, con un estilo que quizás sea el más difícil de lograr en el cine: transparente, respetuoso con los personajes y sensible al tempo interno de cada secuencia, momento y situación (lo que explica por qué la duración de esta película no se siente). Topsy turvy consagra a Leigh como uno de los mayores autores del cine británico. Una obra inteligente, única, formidable.

Ascanio Cavallo – El Mercurio – Santiago de Chile

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