Naomi Kawase en LA QUIMERA!

JUEVES 19 de MAYO – 20:30 hs

Suzaku de Naomi Kawase 

Si bien en “Shara”, su otro largometraje hasta la fecha, Naomi Kawase nos sumergía en el dolor omnipresente y vivo de una familia por la ausencia de uno de sus miembros, para de un modo catártico expurgar finalmente ese dolor, en “Suzaku” nos presenta un complejo tejido sentimental en el seno de una familia, cuyas relaciones el espectador debe ir desentrañando, captando el sentir de los personajes, mientras, en este caso, la soledad y la aflicción van imponiéndose.

Yo filmo porque hay cosas que no puedo olvidar. Podría guardarlas en mi memoria. Pero necesito darle una forma a mis recuerdos.” Naomi Kawase.


Moe no Suzaku es una película de una ambientación particular, y rara para el cine japonés contemporáneo, una película “enrocada” en los espacios de un pueblo de la montaña que se va despoblando paulatinamente. Un lugar documental que se vuelca hacia un alto grado de ficción.

NK: He trabajado en esta dirección, para crear ficción a partir de un espacio de la realidad, sin descuidar este último, porque siempre quise estar cerca de la realidad, mantener un contacto estrecho con las cosas vividas, hacer sentir la naturalidad de los gestos y las expresiones de quienes se encuentran y conviven cotidianamente en estos ambientes.
-¿No tiene influencias cinematográficas? ¿Autores con los cuales haya crecido artísticamente?
NK: No, las tendencias no me interesan, ni me he detenido en el cine producido en Japón. No he sido directora de cine porque haya sido influenciada por otros. Sino porque, hablando por ejemplo de la película de 8mm, he pensado en poder captar partes de la realidad y filmarla. A través de esta relación, de este contacto con la película, tener la posibilidad de realizar cualquier cosa personal. 
Moe no suzaku es seguramente una de las películas más bellas de Naomí Kawase. Es una postal de la infancia. Como esa foto en blanco y negro que guardamos celosamente en una caja de recuerdos (de papel, ya gastada por el tiempo, fuera de foco, borrosa pero cargada de recuerdos vivos, de olores, de brillo, de voces). No es la foto que se mira todos los días sino aquella que verán nuestros hijos o nuestros nietos sin saber todo lo que allí se guardaba. Es la imagen que miramos sólo de vez en cuando -porque sería doloroso referirse siempre a ella.

Al igual que nuestra fotografía preferida, el filme se abre para mostrar qué pasaba con los lazos familiares, cómo se sentían ciertos instantes y cómo fue esa imagen fotografiada. Es eso. Un viaje a través de la infancia. Un Elogio, incluso, de la infancia perdida. Y sin embargo, no es inocente.

La referencia al pasado es todo lo dura que puede serlo. Porque se trata de la reconstrucción de un recuerdo angustioso, el de una familia desmembrada. Aquí existen múltiples lecturas. En un primer momento, se impone esta idea: la película narra la historia de una familia que se va desmembrando. Primero es el padre, luego la madre, luego la abuela, luego ellos, quienes pierden algo, quienes se despiden de algo. (…)

Publicado en http://www.uchina.com.ar/

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