Mouchette de Robert Bresson

JUEVES 3 DE ABRIL 20:30hs

Mouchette, de Robert Bresson 

Francia ­ 1967 ­ 78´

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por Matías Calefón

La niña con nombre

¿Es  el  ser humano  parecido a  un árbol? ¿Crecemos de acuerdo a  lo que  sucede  nuestro alrededor y esto nos va dando fuerza y forma?  No puedo negar que algo así nos sucede, pero muchas veces me pregunto si no corresponde también a una justificación de los que ya tienen un  tronco  y  sus  ramas  viejas,  firmes  e inamovibles, y  creen que cualquier movimiento ya  lo vivieron.  Quizás  es  la  pereza  de  volver  a  vivir,  de  volver  a  formarse.  Bresson  titula  al film “Mouchette”,  el nombre de la niña que lo protagoniza.  Quizás es lo único que tiene esa niña, un nombre, y con ello no puede hacer mucho. Es el mundo que la rodea el que le exige ser adulta, que le exige ser distinta, que no la deja jugar. Un mundo que parece no tener espejos. Bresson la  enmarca  en  una  familia  sin  dinero, alcohólica y  triste. Y cuando Mouchette  logra escapar, nuevamente  aparece  el  mundo  del  adulto  irrumpiendo  y  cada  vez  con  más  crueldad.

“Predestinación” le llaman en el catolicismo que practicaba Bresson: la salvación o la condena.
Pero  para  ver  un  film  es  mejor  dejar  en  la  puerta  de  la  sala  toda  armadura  que  uno  trae, sentarnos  y  quizás  luego  de  ver  este  film,  salir  y  jugar  con  el  barro.  ¿Hace  cuánto  que  no tocamos el barro?

 

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Mouchette de Robert Bresson

Jueves 20/03 ::: Demi tarif, de Isild le besco ::: Francia – 2003- 63 min

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Y los tres niños son salvajes. Son felices. No saben si eran felices. Sentían dolor. Sentían dolor sin saber exactamente dónde. Se disfrazaban. Se disfrazaban todo el tiempo para intentar escaparse de ellos mismos. Pensaban ser astronautas al crecer. Pensaban ser princesas al crecer. Pensaban tener un montón de elefantes que serían sus amigos. Siempre hablaban de cuando fueran grandes. Eso no sucedió. Todavía estaban ahí. Se quedaron.

Demi Tarif por Ezequiel Salinas

“Demi Tarif” y “Daniele Huillèt-Jean-Marie Straub, Cineastas” son películas que dan un giro copernicano a cómo el cineasta se vincula con el dispositivo cinematográfico, tanto en la forma de producir imágenes como en la de producirse en términos financieros.

Durante la última década las diferencias estéticas y tecnológicas entre el cine registrado en soportes digitales o analógicos parece ser abolida, pero cuando el fin de la tecnología fílmica parece cada vez más cerca, aún queda por pensar si la única pieza a cambiar de todo el dispositivo será un cámara por otra (o un proyector por otro), o si de alguna manera se produce un cambio radical al cambiar una pieza tan fundamental de la estructura.

Según Pedro Costa e Isild Le Besco, con estas películas encuentran a través del soporte (y atención porque aquí nunca podría pensarse gracias a) la manera de liberarse del freno que la producción a gran escala interpone entre ellos y las obras que se proponen realizar. Los equipos numerosos de gente, la magnitud del rodaje, la invasión y la parafernalia que despliega el cine al desembarcar en un lugar, los años buscando financiación para un proyecto en contraposición al (siempre) escaso tiempo que puede dedicársele al rodaje mismo, serían algunos de esos obstáculos.

Ambas películas son en cierta manera miniaturas hechas de actos cotidianos, de gestos diarios tanto de quien filma como de quienes son filmados. En un caso es el gesto cotidiano de montar, en el otro el de crecer. Ambos constituidos en algo inevitable. No podrían ser menos rigurosos Straub-Huillèt en su trabajo de montar un filme, como no pueden ser menos libres los niños terribles de Le Besco. Ambos están realizados íntegramente por grupos pequeños de personas, 2 ó 3 cuando mucho. Ambos parecen arrancarle al cine una libertad que nos parece nueva, rindiendo tributo al trabajo de los artesanos en la moviola y a la facilidad de los niños para ser libres. Sin embargo ambos proceden por oposición. Uno es la absoluta disolución del aparato riguroso de acciones, cortes y repeticiones al que se somete un intérprete en un filme mientras que el otro tributa un afecto descomunal para ese gesto, ínfimo, invisible que puede ser una sonrisa en una imagen, cuya disyunción o no en la sala de montaje es el cine mismo.

“Lo que me han enseñado las cosas a mí con su lenguaje es completamente distinto a lo que te han enseñado a ti (…). Hasta 1950 el mundo fue así. Las cosas estaban hechas todavía con manos humanas: manos pacientes, de carpinteros, de sastres, de ceramistas. Se trataban de cosas que tenían un destino humano, es decir personal. Luego ese espíritu se acabó de repente, justo cuando tú empezabas a vivir. Ya no hay continuidad, para mí, entre aquellas tacitas de antes y un vasito de ahora”. Pier Paolo Pasolini

El hallazgo que hace la observación de Pasolini es para el cine indudable. De las manos que enhebraban la moviola, aquella máquina vetusta, de escritoideal proporción, donde durante buena parte de su historia el cine gestó su historia a partir del montaje, hasta ahora, a estas manos que sobre un teclado de sablazos eléctricos, produce cine en bits, streamings: ceros y unos. Es decir, se pasa de un corte en el cuerpo fílmico a un impasse de la materialidad digital. Si el gran artesanado cinematográfico de todo el siglo XX era una cadena múltiple, donde muchas manos participan de realizar un filme, pero muy pocas eran sus autores, hoy, con la posibilidad de producir imágenes al alcance, ésa la promesa vaga de libertad, de multiplicación y difusión, no es más que una excusa para disfrazar que ahora el problema es que entre tantas imágenes es más difícil separar, juntar, cotejar unas con otras. Es mucho más difícil distinguir que las imágenes se multiplican, pero de manera fabril, sin sustento y con una sola matriz.

Algo en el cine también cambia tan radicalmente como ha cambiado en el seno de los vasos y las tazas. No es el modo de fabricación o su tecnología, sino la manera en que las manos y las voces humanas se vinculan con ellas.

En los ‘70 ya existía el video, la TV, primeros pasos de un cambio radical en la transmisión, la emisión y la difusión de imágenes. En los ‘70, Pasolini era muerto por pensar con las manos. Sobre qué hacer con las manos, justamente:

“Por cine pirata entiendo un cine que “da la cara”, que “pone el cuerpo”, que no “hace buena letra”, que no apuesta, obediente a los protocolos de la industria, a obtener la financiación sólida de un proyecto por venir. A los ponchazos, por el gusto de filmar y de transmitir lo que ha filmado a espectadores sensibles a ese gusto, ese cine que llamo pirata reclama, invade, ocupa un territorio que ninguna ley le ha prometido. Y si logra arrancar de la imagen y el sonido algo que no conociéramos antes, que nos dé la ilusión de un descubrimiento, habrá triunfado por encima de toda posible imperfección o desprolijidad”. Edgardo Cozarinsky

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Jueves 20/03 ::: Demi tarif, de Isild le besco ::: Francia – 2003- 63 min

CICLO “LA INFANCIA EN EL CINE”

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EDITORIAL

Por Ezequiel Salinas

“Es el inmóvil verano de los ojos cerrados. Tu vida continúa en los días idos como un mar a mediodía. Disfrutas del cielo con tu cuerpo de entonces”. Anotación del diario personal de Cesare Pavese, 24 de Octubre de 1940.

El cine frecuentemente da la sensación de no ser otra cosa que la forma más pura del presente. Como un verbo inconjugable, una imagen en movimiento es siempre la invocación de un presente. La presencia viva de un devenir. Ese cuerpo de entonces, el de la infancia que se recupera a través de una pantalla.
Excepto por R. Bresson, todos estos realizadores decidieron dar su entrada al cine por la puerta que se abre sobre la memoria de la infancia. Eustache había escrito y tenía listo el guión de MIS PEQUEÑOS AMORES antes incluso de comenzar a rodar su primera película, LA MAMA Y LA PUTA. Chris Marker en su película homenaje a A. Tarkovski decía que era el único cineasta cuyo cine comenzaba desde el árbol de LA INFANCIA DE IVÁN al de SACRIFICIO. El mismo Marker se refirió una vez a DEMI TARIF como una película tan liberadora para esta generación siglo XXI como lo fue SIN ALIENTO de Jean Luc Godard para la de los 60.
Paradójicamente Francois Truffaut fue el productor de LA INFANCIA DESNUDA de Maurice Pialat, cuando el mismo Pialat pergeñó su película como una respuesta contestataria a los 400 golpes, ópera prima de Truffaut. David Gordon Green irrumpió con GEORGE WASHINGTON en el pantanal fangoso en que se ha convertido el cine “indie” americano, si es que todavía esa categoría puede decirnos algo sobre una película.
Incluso Bresson, que perfila quizás el borde más áspero de estas infancias con su MOUCHETTE, se ocupa de dejar un espacio donde cualquier infante es una pequeña bomba, un terrorista dispuesto a correr, porque vean que correr es un acto fundamental de esa infancia que se resiste a ser encerrada, educada, coartada por la experiencia marchita de otros. Tan inconscientes como audaces, cualquiera de estos niños puede enseñarnos que la libertad es una búsqueda que empieza en una corrida de niño y que, en algunos casos, continúa incesantemente hasta dejarnos sin aliento. Porque no hay una imagen de estas infancias que no invite, aunque sea secretamente, a liberar al menos algo tan sutil como nuestra mirada.

PROGRAMACIÓN

20/03 // Demi tarif, de Isild le besco // Francia – 2003-  63 min

27/03  // George Washington, de David Gordon Green // Estados Unidos – 2000 – 89 minutos (foto)

3/04 // Mouchette, de Robert Bresson // Francia – 1967 – 78 min

10/04// La infancia de Iván, Andrei Tarkovsky // Unión Soviética – 1962 – 95 min

17/04 // Mis pequeños amores, de Jean Eustache // Francia – 1974 – 123 min

24/04// L’enfance nue, de Maurice Pialat  // Francia – 1968 – 83 min (foto)

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CICLO “LA INFANCIA EN EL CINE”

Lanzamiento de temporada!!! Boxing Club de Victor Cruz

Jueves 13 de Marzo 20:30 hs

En el Pasaje Escuti 915, acondicionado para la ocasión.

Frente al Teatro la Luna.

Lanzaremos la temporada 34 de CineClub La Quimera en la calle, estrenando Boxing Club de Victor Cruz.

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EDITORIAL APERTURA DE TEMPORADA

Largamos nuestra temporada 33 o 34, no sé bien, siempre se me pierden los datos… Cumplimos treintaitrés en febrero, Juanjo y Lu a esta altura deben estar sufriendo con mi imprecisión. Hace un rato que caminamos juntos, de la calle transitada con el colectivo “Cine Nómade” llegamos a La Quimera, Juanjo nos esperaba ya con Ezequiel que de a poco nos fue acercando, primero llegó una parte, luego los rezagados…

La calle nunca dejó de tener su magia. Eso nos hizo mudar de un espacio que no calentaba nuestros cuerpos hacia La Luna. De una mano llegamos a las otras y en eso nos fuimos construyendo hacia adentro y hacia afuera.

Güemes siempre estuvo ahí, desde los primeros encuentros lunares, y el trabajo constante de Gra y Moni. La Biblio con las puertas abiertas más allá de las paredes. Y la gente, porque lo importante de los espacios siempre es la gente.

Mil intentos y uno más

A veces nuestras propuestas exigen y todavía hay voces que nos cuentan entre algún reclamo haber conocido a La Quimera con Sharunas Bartas en la pantalla de La Luna.

El barrio nos propone los lazos a tender, hemos conocido entre muchas otras cosas la danza de la botella oriunda del Paraguay, bailada en el mismísimo Pasaje Escutti. Un barrio en el que borbotan espacios culturales, sociales, deportivos, en sus ganas de hacer, en sus ganas de ser. Nuestros ojos agudos de tanto cine a veces se distancian del calor de otros cuerpos que son, que buscan en Güemes.

Desde que llegamos (o puede que desde siempre) La Luna colinda con una peluquería, atendida por un ex-boxeador que hace más de un año transformó el espacio en un gimnasio y tomó la calle por asalto, así como nos gusta hacerlo: si los adentros no nos alcanzan siempre hay un espacio público para ser, para crecer, que implica un compromiso tenaz de cada uno de los participantes, como mayores gratificaciones, y en eso tratamos de encontrarnos, tendemos lazos de la manera que podemos y ella no es menor para nosotros, que desde siempre pasamos películas y explicamos nuestro sentir, nuestro vibrar con imágenes, con sonidos, para dialogar con los demás, tomamos autores con los que compartimos la vía vida para decir y para encontrarnos con la gente, compartiendo intereses, el boxeo, el cine, la calle, la vida. En busca de más encuentros que nos obliguen a proyectar luces en La Luna, en nuestro pasaje, en barrio Güemes…

Boxing Club de Victor Cruz

67 min - 2012 - Argentina
Alberto Santoro, Jeremías Castillo, Emilio Castillo, Walter Nelson.

box-1000x500NOTAS DEL DIRECTOR

El disparador para encarar Boxing Club fue conocer la historia del Tata Baldomir, un boxeador sin brillo que logro hacer una carrera boxística exitosa, que pudo ser contendiente al título mundial welter y ganarlo. Era la historia de un boxeador que tuvo su oportunidad y la aprovecho.

Pero de esta historia casi de cenicienta solo termine tomando la idea de los trabajadores del boxeo. ¿Quiénes son estos púgiles que entrenan día a día y que tal vez nunca lograrán estar bajo las luces de los grandes eventos?, ¿Quiénes son los que se esfuerzan por hacer de esta actividad un medio de subsistencia? Pensé entonces que algo mas debería haber para motivar a estos hombres a exponerse a una actividad de riesgo como esta, por eso me propuse investigar y realizar este trabajo concentrado en descubrir que sucede dentro del espacio motor del mundo del boxeo, el gimnasio.

Visite entonces el gimnasio ferroviario que se encuentra debajo de la plataforma del andén 14 de la estación de Constitución.

Intente conocer profundamente la lógica del gimnasio y de las relaciones que se dan allí por lo que me metí de lleno en este micromundo, y lo visite durante meses sin cámaras.

Así confirme que no quería contar la historia de un campeón, quería escaparle un poco a la épica, al estereotipo del boxeador, a la epopeya, a la épica. Decidé hacer un documental sobre hombres comunes con determinación, con voluntad, con deseos y temores. Hombres que vamos a conocer a través de lo que hacen dentro del gimnasio y en sus combates. No necesitamos mas. Ellos son lo que sus cuerpos cuentan cuando entrenan, cuando se suben al ring, cuando vuelven victoriosos o derrotados, cuando sus gestos delatan concentración extrema. Ellos son hombres que boxean, y esta es su película.

Lanzamiento de temporada!!! Boxing Club de Victor Cruz

ESA PANTALLA BLANCA

33 años de LA QUIMERA (22/02/1981/2014)

 El cine es una lengua con su lenguaje: primeros planos, panorámicas, travellings, planos generales, detalles de rostros y paisajes, fundidos de apertura y de cierre. Son los puntos y las comas de la literatura o el pentagrama donde se escribe la música de la imagen y el sonido. Son las pinceladas que van llenando la tela en blanco para terminar en un cuadro que nos emociona, nos hace reír o nos interioriza con nuestros mismos problemas no resueltos. Es también el graffiti callejero escrito al pasar con la audacia y la creatividad del anónimo que deja su impronta en la pared. Y el cine tiene también los cortes, esos suspiros que se alargan o acortan según la necesidad de soñar rápido o lento, como el personaje que huele la manzanilla del campo o el perfume de la mujer que desea y pretende. Detrás de un buen filme, siempre hay un desesperado que tira líneas para comunicarse con los espectadores a través de historia que pueden ser o no comunes, pero reales: el cine es un espejo de la realidad en donde cabe más que lo imaginable. A cada espectador, le moverá determinado sentimiento o le arrancará emociones o le despertará fantasías reprimidas. Es el cine ‘esa verdad a 24 cuadros por segundos’ en donde todo es posible, la utopía más insolente hecha figura de imagen, papable a los ojos y audible a los oídos. Sólo es necesario querer ver y oír: aprender a amar al otro tal cual es. Como decía el gran Godard, ‘es la expresión de los bellos sentimientos’.

 Juan José Gorasurreta

 Imagen

ESA PANTALLA BLANCA