Feliz Dia del Trabajador…

Ustedes, directores, que quieren hacer películas, ustedes deben trabajar en cada plano, en cada imagen, en cada parlamento de un actor, en cada sonido, deben trabajar como si estuvieran haciendo el primer plano jamás filmado, el primer sonido jamás escuchado. Eso no significa originalidad o algo por el estilo. En lo más mínimo, en verdad es exactamente lo contrario. Es una cuestión de trabajar con los sentimientos más antiguos, como lo hiciera Chaplin. Él trabajó, trabajó y trabajó, para mostrar sentimientos como si fuera la primera vez”. Pedro Costa

Cineclub La Quimera les hace saber que este jueves 1 de mayo no hay función.

Los esperamos la semana que viene con la reposición de George Washington de David Gordon Green

7 JUVENTUD EN MARCHA

 

Feliz Dia del Trabajador…

La infancia desnuda, Maurice Pialat…

Jueves 24 de abril 20:30 hs

La infancia desnuda‘ de Maurice Pialat.

79 min. 1968,  Francia

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por Eva Cáceres
Primer plano de “La infancia desnuda”: manifestación de la CGT francesa. Las pancartas de los trabajadores son claras en sus consignas: “Pleno empleo y una vida digna”, “que nuestros hijos no se mueran de hambre”. Año 1968. Son tiempos difíciles en la Francia de De Gaulle.
Francoise, tiene 10 años. Está bajo la tutela de la asistencia social. No es un niño abandonado como muchos que están en su misma situación. Aunque es poco lo que sabemos de sus padres: su madre hace un año que no le escribe, y su recuerdo es la imagen de ella tirada en el piso, gritando. De su padre menos. Él cree que caza tigres en el África. Para el Estado, Francoise es tan sólo un número.
El interior de la casa es el escenario privilegiado para el desarrollo de las escenas.
Observamos la convivencia día a día: no es una tarea fácil, ni con grandes ni con pequeños.
Aquí, el realismo pasa por la intensidad de los planos, la atmósfera de intimidad que se genera entre los personajes. Los actores se despojan por un momento del ojo de la cámara, y se desenvuelven como si no fuesen conscientes de ella. Como si ya no valiese la pena la discusión entre realidad y ficción.
Sin transiciones, pasamos del gesto tierno, dulce al violento, excesivo. Acción – reacción. Una cachetada para Francoise, otra para el espectador. “Es un niño difícil”, dice su tutor. Nada ni nadie es del todo bueno ni del todo malo. Oscilamos entre ambos extremos. A veces Francoise puede ser muy cruel. Pero no mide las consecuencias de sus actos. Y por eso, sufre. Hay un malestar en su interior que lo atormenta silenciosamente.
La infancia de Francoise está desnuda ante nuestros ojos, expuesta sin concesiones sentimentalistas. Es sórdida, violenta, desgarradora. Y sin embargo, cuando pareciese que no hay salida, se manifiesta un gesto que la redime.

La infancia desnuda, Maurice Pialat…

Infancia y cine… Mis pequeños amores, de Jean Eustache

JUEVES 17 DE ABRIL
Mis pequeños amores, de Jean Eustache

Francia 1974 123´

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por Lucía Torres
Estamos habitados de imágenes. También un sonido, un olor o un sabor pueden ser motivos de recuerdo, pero siempre, siempre, volvemos a las imágenes. Como en los sueños.
Vivir es acumular miles de imágenes adentro nuestro. Entonces, si la memoria es esencialmente imagen y el cine también, tenemos un puente ya tendido entre ellos. El cine, a su vez, nos hace creer que es posible trascender el paso del tiempo: ante tanto caos de lo que ya no existe, una imagen sólo nuestra de pronto se convierte en una imagen externa. La ponemos allí, sobre la mesa. Como una foto. Así, frente a frente, se ve más clara. Y permanece.
Jean Eustache, a sus 36 años, también buscó en el cine una manera de mirar su vida y entender de dónde venía. Puso su historia, frente a frente, y la miró. “Mis pequeños amores”
es así una películarecorrido que protagoniza Daniel, ese niño que evoca el recuerdo de sí mismo. La propuesta es transitar junto a él la extraña frontera que existe entre el fin de la niñez y el inicio de la adolescencia.
Daniel vive en un pueblo del interior de Francia junto a su abuela. Cuando termina el primario, su madre decide llevarlo a vivir con ella a la pequeña ciudad de Narbona. Al llegar, se encuentra con que ya tienen planes previstos para él. El colegio secundario se cambia por el trabajo en un taller de reparación de bicis, junto a un jefe insoportable que es el hermano del novio de su madre. De ese dudoso trueque que hacen entre estos adultos, Daniel no ve un centavo. Pero él tiene claro que quiere estudiar y que los niños como él no trabajan. O que quienes trabajan ganan un dinero a cambio. En ese tiempo sin opciones, donde aún no tiene edad para elegir, Daniel recorre esta ciudad mucho más grande que el pueblito del que viene, donde los viajes en bicicleta por las callecitas de Pessac se cambian por largas caminatas urbanas y nuevos amigos mucho más grandes que él. Con ellos se sienta por las tardes en un café a mirar las chicas lindas que pasan, o a fumar largamente un cigarro. Este niñohombre que apenas ronda los 13 años, aprende a definirse, a enfrentar los mandatos y a buscar el placer. Se conoce a sí mismo en ese devenir de la vida que llega muy temprano, donde los afectos reales están lejos de la madre autoritaria o el padre ausente. Esta su abuela, sí, pero a un largo tren de distancia. En eso, el cine y su sala oscura se convierten en refugio, y mirar una película con una bella mujer en la pantalla puede ser también el momento para besar a una por primera vez.
Todo el tiempo creemos mirar a Eustache en ese niño. A los recuerdos que deseó compartir con nosotros. En momentos muy bellos, un brusco fundido a negro nos sorprende y cierra esa secuencia. Así funciona también nuestra memoria. Quizá Eustache logró encontrar también una estética para sus recuerdos: aquel 35 mm profundo y granulado, los colores
desteñidos. El silencio.

Infancia y cine… Mis pequeños amores, de Jean Eustache

La infancia de Ivan en La Quimera…

Jueves 10 de abril 20:30 hs

La infancia de Iván, Andrei Tarkovsky

Unión Soviética – 1962 – 95 min
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por Paúl Von Sprecher
La película  empieza  con  uno  de los pocos segundos de felicidad que se muestran de Iván, la  cual se desvanece  completamente cuando los alemanes asesinan a la madre (es un sueño que se repetirá de forma distinta). Pero lo que seguirá será algo muy distinto a la felicidad (salvo,  más  adelante,  cuando  sueña  con  una  niña).  Iván  es  un chico obstinado que quiere unirse a las guerrillas para poder vengarse de los alemanes.   Contrariamente  a cualquier película  bélica  convencional (ya sea de la Segunda Guerra Mundial o de cualquier otra), Andrei Tarkovski no muestra en la película la espectacularidad de la guerra, por el contrario está compuesta de silencios (como bien señala hacia el final uno de sus personajes)  y un enemigo al que no  se  ve nunca, pero que  se lo conoce bien. Las escenas donde  no  aparece  Iván  son  las  más  extrañas  a  la  puesta  de  escena  y  al  relato,  ya  que  la ausencia  del  protagonista  genera  extrañeza  y la  película puede ampliar sus  horizontes hacia otros  caminos (en el medio  y en el  final de  ésta). Particularmente en una escena donde dos militares, un hombre y una mujer, entablan conversación y el primero salva a su compañera de caer en un pozo, mientras aprovecha para darle un beso. Esta breve escena se transforma en uno de esos  momentos  del cine que no agregan nada al argumento del film en cuestión, pero son los más hermosos: los famosos tiempos muertos.  Se  podría  hacer  una  metáfora  de  cómo  Tarkovski  inicia  su  carrera  de  largometrajes (antes  había  hecho  un  medio  y  algunos cortos) con uno sobre  la infancia. Pero  Iván parece saber más claramente las cosas que desea que el resto de los personajes de la película. Por lo que puede cruzar un lago presuntamente peligroso sin problemas, tratar de escaparse para no ir  a  la  academia  militar  y  hasta  adentrarse  en  territorio  enemigo,  es  decir,  donde  están  los alemanes.  Tiene  12  años,  edad  donde  la  búsqueda  es  permanente  y  la  rebeldía  (como  lo demuestra en toda la historia) es moneda corriente, más para quien no puede pensar más allá de sus ansias de venganza y su odio al invasor de su país. Y justamente estas ansias son las que lo llevan a  tomar decisiones  desesperadas, sin pensar en sus consecuencias. Por todas estas  razones  esta  es  una  película  desencantada  sobre  la  infancia  y sobre  cómo la guerra puede arrebatarle  a un  chico  no sólo su madre, si no su derecho de tener una infancia alegre donde pueda  hacer lo que se  entiende  como “cosas de chicos”,  sin la urgencia de llevar una vida más parecida a la de un adulto, preocupado constantemente por la guerra.

La infancia de Ivan en La Quimera…