Otoño terrorista, Tríptico del paisaje de François ­Ossang

JUEVES 22 DE MAYO 20:30 hs

Landscape Triptych (Tríptico del paisaje)

Silêncio (Silencio)

Vladivostok 

Ciel éteint! (El cielo se ha apagado!)

de François ­Jacques Ossang 

Francia, Portugal, Rusia ­ 2008 ­  48 min

SILENCIO

El corto que le valió a Ossang el Premio Jean Vigo (el mismo que alguna vez ganaron Godard, Resnais o Garrel) transcurre en la costa portuguesa, en el extremo occidental del Viejo Mundo. Un paisaje fijado en imágenes primordiales, sin tiempo o puro tiempo, según como se vea, de campos y arboledas, megalitos y grutas; enrarecido por los mantras industriales de Throbbing Gristle; habitado por barcos que se cruzan, ventiladores gigantes, una única flor a colores, una mujer misteriosa: Elvire –la compañera de Ossang, la musa– que camina o maneja, al amanecer o al atardecer, acercándose o alejándose; envuelta en el iris, irisada. Y, sobre todo, un travelling que es todo un viaje, a través de túneles y puentes y campos en calma nuclear absoluta.

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CIEL ÉTEINT!

El amenazante final de Silêncio (¡666!) deja la suerte echada para la historia de amor de Ciel éteint!: dos malditos en el fin del mundo, entre el mar que es un campo de astillas grises, islas borroneadas por la bruma y habitaciones lluviosas. “La vida, la muerte, el pensamiento, el sexo, los bichos, es todo lo mismo: ¡olvida todo y salta!”, dice (éste es el único de los tres cortos en el que se dice con palabras contantes y sonantes) Guy McKnight, protagonista junto a Elvire además de cantante de los Eighties Matchbox B-Line Disaster, que explotan con los créditos finales, justo después de que se hayan alineado cósmicamente el agua, los árboles, el fuego rojo y el humo, y antes de una de las imágenes más tremendamente hermosas que vayan a encontrar en este festival.

ciel_eteint

VLADIVOSTOK

Último panel del tríptico: el más breve, el más compacto, el más decididamente anclado en las tradiciones del cine mudo (tal como las percibe y reformula Ossang, se sobreentiende). Y, quizás, el más lúdico, como hace pensar el intertítulo “L’Eden?” parpadeando sobre el busto de Lenin. El dudoso paraíso es Vladivostok, ciudad de estatuas y maniquíes, igual que en Ciel éteint!; antes de llegar allí hay una separación, un viaje, la posibilidad de una vida nueva que, como la música de Jack Belsen, parece estar siempre en su preámbulo, sin decidirse del todo a arrancar. Pero el final del viaje, que es su comienzo, tiene abrazos y trenes en marcha y es, a su manera, feliz. ¿O no?

vladivostok

Bafici [11]

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