EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA de Jonas Mekas

(As I was moving ahead, occasionally I saw brief glimpses of beauty)
Estados Unidos – 2000 – 285 min

Esta película se proyectará en dos funciones:

JUEVES 21 DE AGOSTO – 20:30 HS – CAPÍTULOS I a VI – 123 min
JUEVES 28 DE AGOSTO – 20:30 HS – CAPÍTULOS VII a XII – 162 min

Dentro del ciclo “Panteísmo lírico lituano: La celebración de la vida en el cine de Jonas Mekas”

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“No sé lo que es la vida. No tengo ni idea de lo que es la vida. Nunca he entendido la vida, la verdadera vida. ¿Dónde vivo realmente? No lo sé. No sé de dónde vengo ni adónde voy. ¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? No lo sé. No sé dónde estoy, ni hacia dónde voy ni de dónde vengo. No sé nada sobre la vida. Pero he visto algo de belleza, he vislumbrado breves… los he visto, lo sé. He visto algo de felicidad y belleza.
No sé dónde estoy. ¡Pero sé que he vivido algunos momentos de belleza! ¡Breves momentos de belleza y felicidad, mientras avanzo en mi camino, mientras avanzo en mi camino, mientras avanzo en mi camino, amigos míos! ¡He vivido, lo sé, sé que he vivido algunos brevísimos momentos de belleza! ¡Amigos míos! ¡Amigos míos!”
Jonas Mekas

Debe ser uno de los mejores títulos a lo largo de toda la historia del cine: En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza (2000). Este film de Jonas Mekas es, como la mayor parte de sus películas, un ensamble poético de planos caseros registrados con su cámara de 16 mm a lo largo de los años: “Las imágenes y los sonidos son inocentes”.

El tema general es la belleza de la cotidianidad, fenómeno perceptivo que pasa frente a nuestros ojos pero que no es necesariamente percibido; los subtemas, a su vez, se yuxtaponen al tópico elegido: el cine, el tiempo, el azar y la amistad son preocupaciones constantes del realizador lituano. Una de las curiosidades del film pasa por la aparición constante de un cartel en el que se lee: “Esta es una película política”. En líneas generales, no hay ningún signo directo que remita a lo político como tal, lo que no impide arriesgar una respuesta al enigma: todo lo que se ve y se escucha pertenece a una forma de existencia improductiva, como si la belleza fuera posible en la medida que los hombres pueden validar el ocio como una legítima experiencia. Es justamente aquí en donde reside lo político del film.

Roger Koza

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JONAS MEKAS, TODO LO VIVO ES HERMOSO
Por José Ramón Otero Roko

Otra forma de ver, otra forma de narrar. La pausa, la belleza y lo abrumadoramente diferente se encierran en la obra de Jonas Mekas. Una oportunidad perfecta para descubrir a este cazador de instantes.

Todos los restos son hermosos, todo lo que deja algún rastro y encontramos al cabo de los años que se manifiesta y nos devuelve una felicidad que fue irrevocable aquel momento exacto en que se trazaba, todos esos residuos de un alma luminosa, todos esos vestigios que dieron forma a la conciencia y a la manera de entender el mundo. Todo tiene un sitio, de todo queda una huella, y todo puede mostrarse hasta el infinito, si como el poeta y cineasta lituano (y neoyorquino) Jonas Mekas, no nos separamos de una cámara, si el cine consiste en hacer realidad ese mito del ángel de la guarda que almacena los fragmentos de la existencia, que protege las fracciones de la dicha.

La edición de dos de las películas más importantes de Mekas Reminiscencias de un viaje a Lituania y En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza es una de esas ocasiones, más numerosas de lo que el estatus-quo cultural permite entrever, en la que podemos celebrar la memoria a propósito de aquellos a los que el tiempo no ha cambiado sino a mejor, los que se han hecho más fuertes primavera tras otoño y, además de cumplir años, han cumplido con ellos.

A sus 90 primaveras Jonas Mekas ha sido uno de los directores de la vanguardia de referencia generación tras generación desde los años 60 del pasado siglo hasta la actualidad. Vive en Brooklyn, Nueva York, desde 1949. En 1944 huyó de Lituania por la guerra y fue capturado en Dinamarca por los nazis e internado junto a su hermano en un campo de concentración. Tras la liberación, estudió filosofía en Maguncia, en la Alemania de postguerra, y más tarde emigró a EEUU. Casi a continuación conseguiría una de esas míticas cámaras Bolex de 16mm y comenzaría a registrar lo que le circundaba, una realidad que su cine despoja de causas y efectos, donde sólo permanece el instante, un río de instantes que se resisten a ser relegados, un pasado que se concentró en los destellos que aún iluminan la memoria y que su perfección no impide que podamos repetirlos.

La vida ha sido difícil para Jonas Mekas. En Reminiscencias de un viaje a Lituania recita, como si se tratara de uno de sus poemas, que “Nada más partir, empezamos a volver a casa, y todavía estamos volviendo. Aún estoy en mi viaje rumbo al hogar. Te queríamos, mundo, pero nos hiciste cosas terribles”. Mekas es un desplazado y un despojado, un tesoro para aquellos a los que la pedagogía libertaria permite sentir empatía con lo abrumadoramente diferente. Su cine, tan inofensivo en su mensaje como reflejo formal de cientos de conflictos interiores, es una reiteración abrumadora del adagio que dicta que la belleza pura sólo se encuentra aislada en un momento del pasado, sin culpa, sin interés, sin más sugestión que la que sentimos al mostrarnos, y que se evade del mundo que le rodea para ser una imagen que busca en el futuro quién la recoja y la haga omnipresente y universal. La felicidad de esa forma se convierte en una reivindicación política. A los pesimistas les muestra la parte del mundo que desean olvidar. A los conformistas les dice que ese mundo está roto en mil pedazos y que rescatamos estos, atravesados de penalidades, sesgados por la limitación del recuerdo, para reconstruir por fin el universo a la medida de los deseos.

Ni pesimistas ni conformistas encontrarán en esta edición un ejercicio, aparte de difícil, de valiosa actualización de la forma de invocar lo que dejamos atrás y que no es otra cosa que lo que nos lleva siempre hacia delante. La vida nos menciona cuando recordamos y algo de lo mejor de lo vivido lo descubrimos cuando observamos que un minuto se parece a otro minuto que creíamos olvidado. Hay películas que son parte de una manera de ver las cosas que para los señores de azul queda de espaldas, porque no se compadece con el que ellos anuncian tan ridículamente inexorable, tan cuestionablemente indestructible. En el cine de Mekas el aire lo respira una comunidad, una comunidad en la que está todo, los lazos de amistad, los familiares, los entes extraños, los nudos que tejemos con cada lugar que la vida habita. El acto no es consumir, ni producir, el acto es estar, despojarse de todo excepto de nuestra presencia y la vuestra. La marginalidad no como un síntoma sino como la elección afortunada de permanecer lejos, de radicarse en un pasaje tras otro y simultáneamente en todos.

Jonas Mekas es un autor que, superados los inconvenientes de adaptarse a su tempo expositivo, tan pausado en la voz narrativa como veloz y desestructurado en sus representaciones, trasciende la forma experimental y se convierte en eso que esperamos del cine, como de todo arte, que nos muestre una subjetividad inalienable. La de Mekas es muy sencilla, y muy poderosa, consiste en amar a los que acompaña e ignorar el mundo de los que no merecen compañía. El pasado no es una razón o sueño, sino un sentimiento y un sentido. Si pudiéramos reunir todos los indicios dispersos de lo que un día miramos más intensamente el resultado se parecería a la forma en la que el director ¿lituano? ¿neoyorquino? encadena unos fotogramas a otros. Mekas lo dice mientras nos muestra ese álbum de planos fugaces: ”he elegido esta imagen porque es lo suficientemente real como recuerdo”.

Y es que en este ser humano todos los defectos técnicos que vigila la academia (de encuadre, de iluminación, de tempo, así como los inducidos por el tratamiento posterior de las imágenes) son características de la vida, signos exteriores de lo real, accesorios –repuestos- de la realidad. Son atributos de la caducidad con la que el tiempo que pasamos es sucedido por otro tiempo. Esto que somos, nos viene a decir en esas casi cinco horas de “En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza”, está en movimiento, ella está en movimiento, y ellas, y él y ellos, y a un acontecimiento invisible le releva otro acontecimiento del que no conoceremos su importancia hasta quizás mucho después de que todo cuanto ha existido haya dejado de existir. Es la presencia la que lo define todo, la presencia en su pureza, lo que objetivamente somos cuando miramos al pasado.

Esa irrevocabilidad del ser, que sólo es posible gracias a la magia del cine, es el campo en el que Jonas Mekas ha llegado más lejos que ningún otro, precisamente por no abandonar nunca su forma de ver las raíces del mundo, lo que nos mantiene aquí en vez de largarnos a buscar la nada a ningún sitio. Todo pervive, aunque no tengas una cámara en la mano, todo lo común es el sol alrededor del cual la tierra gira, todo lo vivo es hermoso y nada bueno muere si queda alguien que merece recordarlo.

Extraido de http://elasombrario.com/jonas-mekas-todo-lo-vivo-es-hermoso/

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EN EL CAMINO, DE CUANDO EN CUANDO, VISLUMBRÉ BREVES MOMENTOS DE BELLEZA de Jonas Mekas

WALDEN: DIARIES, NOTES AND SKETCHES, de Jonas Mekas

JUEVES 14 DE AGOSTO – 20:30 hs

Estados Unidos – 1969 – 180 min

 Ciclo “Panteísmo lírico lituano: La celebración de la vida en el cine de Jonas Mekas”.

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Comentario por Joan Mitjans
 
Jonas Mekas sale a la calle y graba, como hicieron los hermanos Lumière hace ya más de cien años. No hay película, no hay guión, sino que sus imágenes nacen de la vida que le rodea, de las pequeñas cosas, de los amigos que se encuentra en su camino… Sólo hay que colocar el objetivo. Cada nueva experiencia cinematográfica es única e inédita, tan compleja e inmensa que su autor no puede hacer más que experimentarla. “Those who know how to read my images, they will know everything about me”, dice él mismo. Por eso, Walden no es una película, es Jonas Mekas viviendo su vida.
 
Es años después, cuando se sienta en la sala de montaje, que decide reunir todo este material, registrado de entre los años 65 y 69, en un diario fílmico. Y lo titula Walden, en referencia al libro homónimo de Thoreau, quizá porque el camino que siguió el cineasta y el que siguió el escritor son el mismo: Thoreau dejó la civilización por la montaña durante dos años para hallar la libertad; Mekas huyó de Lituania hacia Estados Unidos, fugitivo de guerra, para hallar la paz. No nos cuenta sus desgracias ni conflictos, ¡qué los tuvo!, ni necesita un gran discurso intelectual, quizá porque no hace falta.
 
Al final, lo que nos queda es esa fluctuación de imágenes que nunca se detienen, a gran velocidad, una detrás de otra. No hay un arco argumental definido, no hay relación causal entre las imágenes y Mekas, al contrario de las películas tradicionales, escribió el guión una vez terminada la obra. Aun así, y pese a su aparente ausencia de orden (que no es tal), no se puede decir que Walden no nos cuente una historia, porque sí la cuenta. Es la historia del paso del tiempo, del invierno a la primavera y del otoño al verano, pero también es la historia de un exiliado que, a través del cine y gracias a la vida que se cruza por su camino, redime su pasado; un fugitivo que encuentra un nuevo hogar.
 
El invierno es la estación clave para observar este paso. Es la estación que más aparece en su Walden, porque le recuerda a su Lituania natal, la que tuvo que dejar. En las tres primeras bobinas ―la película se distribuye en seis― siempre aparece un Central Park nevado, con niños que juegan con trineos, patinando, y la figura de Mekas, que se inscribe en este ambiente como una sombra, incapaz de integrarse en este ambiente, aunque lo celebre. En esta primera parte está buscando la paz en el nuevo estado de cosas, en su nueva casa, Nueva York. Pero siempre quedan huellas del pasado, como la fotografía de sus padres, que se encuentran en Lituania.
 
En las siguientes bobinas, la cuatro y la cinco, vemos un Jonas más integrado, más cerca del Walden que está buscando. Se graba en el espejo, cabalgando a caballo, viajando por EEUU, la vuelta de la primavera. Celebra la navidad con sus amigos, los Stones, y encuentra un lugar donde pasar el invierno. Su propia madre viene de Lituania a visitarle: sus raíces se encuentran ahora en Nueva York.
 
Es en la última bobina que Mekas renace con una nueva vida, así como la nueva vida del niño que aparece, la del hijo de Sitney Blake. Pero, aunque sus imágenes nunca se detienen ―quizá porque Mekas no puede volver la vista atrás―, en esta última parte del camino parece que las imágenes vuelven a lo que vimos al inicio del film. Ahí veíamos una chica rubia sentada en comunión con la naturaleza, una chica de facciones lituanas; ahora vemos una mujer castaña, típicamente americana, en la misma situación, pisando la hierba con los pies descalzos. Es la imagen del cambio en la película. Como persona y como artista, Jonas Mekas no puede borrar su pasado, pero lo puede redimir, reformular, y seguir adelante. Lo que busca no es más que conciliar tres ciclos,  la naturaleza, la vida y la memoria, que en el pasado quedaron escindidos.
 
La naturaleza da vueltas, va y viene constantemente, la vida es un vector que se mueve siempre hacia adelante, sin posibilidad de detenerse, y la memoria es el ciclo de la película, y del arte en general, un pasado que nos vuelve en el ahora y nos puede tanto encadenar como liberarnos. Estos tres ciclos entraron en conflicto en la vida de Jonas; la vida vivió al margen de la naturaleza y la memoria fue un peso difícil de soportar. Walden es el encontrar la comunión de nuevo entre estos tres ciclos, el arraigarse en un sitio y empezar de nuevo, no dejando atrás el pasado, sino integrándolo en el presente, y el futuro. Por eso Mekas sólo graba aquello que merece la pena conservar y reivindica la vida (pura): los amigos, los animales, las flores, la nieve, los niños. Ésta es la historia de la película y, no lo olvidemos, viene narrada por un señor que ha tenido episodios vitales muy, muy duros ―y posiblemente por eso mismo la comparte.
 
La magia de la película es que la experiencia cinematográfica de Walden sirve no sólo a su autor para llegar a su Walden, si no que nos recuerda a todos nosotros que debemos reivindicar el momento y el mundo que nos rodea, más allá de todos los conflictos. En dos horas y media Mekas nos regala, sin esperar nada a cambio, fragmentos de su vida. “No suspens. No drama. Just images”. Son imágenes tan cercanas que parecen salidas de nuestra vida misma, que nos recuerdan algo que ya sabemos, pero que olvidamos constantemente: que Walden no está en el Central Park, ni tampoco en el Walden Pond de Thoreau, ¡que Walden está ahí fuera, esperándonos, en todos los sitios!

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WALDEN: DIARIES, NOTES AND SKETCHES, de Jonas Mekas

palabras para jonas mekas

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un noviembre, en un festival cerca del mar, te conocí. tu última película fue la primera para mí. es dulce ese misterio por el cual nos encontramos con un director o un film en un momento y no otro de la vida. entonces, me hizo sentir cerca de casa y cerca de mi.

hemos querido hacer este ciclo hace meses. muchas cosas pasaron. pero aquí estamos, firmes, dedicandote la proyección de tus propias películas asi como vos dedicaste al cine del mundo tus hermosos diarios fílmicos o películas diario o como le guste llamarle a cada quien.

debo decirte que no quisimos jugar a ser ser críticos de cine. de nada valdría hacer eso ahora, tomar distancia de tu pelicula como quien estira la mano hacia el compañero de adelante de la fila. no. creemos que la intimidad de tus filmes requiere de otro lenguaje para aproximarnos a ellos.

es muy extraño eso de mirar la pantalla y tener la ilusión de saber un poco más quién sos, de dónde vienen tus dolores o tus deseos. es esa forma del diario, la que nos hace creer. un pequeño túnel que nos lleva hacia tu mundo más íntimo y cotidiano.

siento que tenes una inquietud esencial, como la de los poetas. los filmes que vi sobrevuelan siempre el tema de la memoria. y aunque ciertamente es una operación de montaje lo que convierte en una película a esos recuerdos –materializados por la pulsión de encender la cámara un día cualquiera- no creo por eso que sea menos verdadera. un recorte ordenado y hermoso y poetico sobre lo que sucedió en tu vida. una ficción? puede ser. pero muy valiosa para resguardar tu historia. y mirarla. entenderla. compartirla. quizá es eso el diario. una manera de compartir la vida de uno.

entonces habrá que hablar del paso del tiempo. del presente desde el cual miramos. la insistencia que tienen los recuerdos en arremeter de imprevisto, como destellos, como sueños. como tus pedacitos de 16 mm montados a moviola durante las medianoches. se dispara, invade un segundo, se esfuma. asi llegan tantas reminiscencias. son cien, un numero redondito. otra ficción. pero la película logra retenerlas, hacer que dejen de ser efímeras . ese pasado se hace presente, se hace eterno en realidad. existirá de ahora en más siempre que querramos.

saberte vivo, habitando esta misma tierra y este mismo tiempo, no es poco. a tus 92 años y mis 28, coincidimos en una parte de la historia del mundo.

creo-que. amamos la libertad. bailar. las flores, los gatos, la luz. el afecto en cualquiera de sus formas.
por eso para nosotros tu cine es una celebración de la vida, casi como una oda, un canto. elevar tu voz por sobre todas las cosas, y decir: todo tiene sentido, todo vale la pena. hemos resistido y estamos vivos.

con cariño admirado,
lucía del cineclub la quimera

palabras para jonas mekas

Panteísmo lírico lituano: LA CELEBRACIÓN DE LA VIDA EN EL CINE DE JONAS MEKAS

"Llega la noche pero los ojos no se cierran: 
demasiado, demasiado.
Todo persiste aún en nuestros ojos, borrachos de vida"
Jonas Mekas

JUEVES 7 DE AGOSTO

Reminiscencias de un viaje a Lituania (Reminiscences of a Journey to Lithuania)
Reino Unido – 1972 – 88 min
Presenta Lucía TorresReminiscences of a Journey to Lithuania

“Una conmovedora película sobre raíces, caminos, aceras y bosques perdidos. Paisajes milagrosamente revividos y recuperados por el cine. Mekas reconstruye sus recuerdos con el poder de un chamán, de un poeta. La búsqueda de una identidad desfigurada por la historia y reconstruida gracias a una simple máquina: la cámara. El amor por el cine se presenta como algo que jamás podrá ser accidental o accesorio. ¿Acaso existe algún otro artilugio capaz de devolvernos un tiempo ya perdido?”

(Elsa Fernandez Santos – Diario El País)

JUEVES 14 DE AGOSTO
Walden: diario, notas y apuntes (Walden: Diaries, Notes and Sketches)
Estados Unidos – 1969 – 180 min
Presenta Ezequiel SalinasWalden- Diaries, Notes and Sketches

 

“Walden, su primer diario filmado es un retrato épico de la escena vanguardista neoyorquina de los 60, también es un innovador y personal trabajo cinematográfico. Editado como un conjunto de imágenes recogidas entre los años 1964 y 1969, su estética aparentemente amateur está, sin embargo, lejos de ser accidental. Filmada en 16 mm. Walden está organizada en seis rollos. La película es una celebración de la amistad de Mekas y la vitalidad de la comunidad del cine independiente.”

 

JUEVES 21 DE AGOSTO
En el camino, de vez en cuando vislumbré breves momentos de belleza – PARTE I
(As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
Estados Unidos – 2000 – 150 min
Presenta Eva Cáceres

As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty

“El título de la obra magna película del cineasta experimental Jonas Mekas sugiere de la cantidad de tiempo que tendrá que dedicar a ella. Se trata de una tormenta de nieve de los detalles y la técnica del cine, y la película se cristaliza la vida del Sr. Mekas en unas horas de felicidad, y, finalmente, triste, experiencia. Es una tormenta pasajera de una película, con los bolsillos de los ritmos que sugieren que el flujo y reflujo de un evento se desarrolla de forma natural.”

 

JUEVES 28 DE AGOSTO
En el camino, de vez en cuando, vislumbré breves momentos de belleza – PARTE II
(As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty)
Estados Unidos – 2000 – 150 min
Presenta Eva Cáceres

As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of BeautyII

 

JUEVES 4 DE SEPTIEMBRE
Tomas descartadas de la vida de un hombre feliz (Outtakes from the life of a happy man)
Estados Unidos – 2013 – 68 min
Presenta Roger Koza

Outtakes from the life of a happy man

“Tomas descartadas… es un fragmento de un viaje sin principio ni fin, de poco más de una hora, un cruce de videos y fotomontajes a la velocidad morosa del caminante. Ese tránsito se ha dedicado a registrar, más en el espacio que en el tiempo. “Es lo insignificante, lo fugaz, lo espontáneo, lo pasajero, lo que revela la vida y tiene excitación y belleza”.

Panteísmo lírico lituano: LA CELEBRACIÓN DE LA VIDA EN EL CINE DE JONAS MEKAS