Policemen, de Nadav Lapid

Israel – 2011 – 105 min

JUEVES 19 DE MAYO A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

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Máquinas. Algunas notas sobre Policeman

por Sebastián Russo

Israel, hoy, emerge como un país donde la opulencia, la certidumbre y el terror conviven. Aunque podríamos pensar que unas no van sin las otras y que tal mejunje convierte a Israel, hoy, en un Estado totalitario de nuevo tipo. Es decir, un Estado que (sos)tiene una verdad y que la defiende con eficiencia militar. Una eficiencia estatal para que ese Estado (y su entorno) siga siendo eminentemente de un modo, y una eficiencia mediática para ocultar las ambigüedades, la opresión y represión (explícita e introyectada), que directores de cine como Nadav Lapid, pero también — paradigmáticamente— Avi Mograbi (Z32 y otras), y por qué no decir el joven argentino Ivo Aichenmabum (La parte automática) se ocupan y esfuerzan, de muy distintos modos, en mostrar.

Policeman (Nadav Lapid, Israel, 2011), contiene varias violencias que la atraviesan. La más evidente, la más brutal, es la frialdad y eficiencia con la que se liquida a un opositor (sabiéndolo incluso uno de poca monta). La menos evidente (y por ello, por su invisibilidad, la de mayor virulencia) reside en la cotidianeidad, por tanto, naturalidad, con la que tal violencia se ejerce, se vive, se internaliza en los cuerpos, en el cuerpo social todo.

Policeman retrata, en un principio de modo irónico, la cotidianeidad de uno de los miembros de un grupo de elite de la policía israelí. A través de los vínculos interpersonales que encarna, y que exudan un cariño encorsetado por una violencia, que resulta implícito trasfondo actitudinal: su mujer, el hijo que tendrá con ella, su familia, sus amistades, una mesera quinceañera. Actúa entre la indiferencia y el gesto automatizado, entre la cordialidad y la frialdad. Pero es con sus colegas, fuera de sus tareas policiales, donde su cuerpo se expresa maquinizado, respuesta exacta al estimulo reaccionario de ser miembro no sólo de una sociedad de terrores enquistados (produciendo enquistamientos aterrorizantes), sino de la fuerza de elite de esa misma sociedad. O sea, el elemento consumado de una endógena política terrorista, constructora y atemorizada de terrorismos exógenos.

El modo irónico se expresa inicialmente ante los automatismos burdos de una masculinidad expresada en golpes en los hombros, gestos rudos y frialdad internalizada. Y ante una elección narrativa que privilegia los tiempos muertos, los tiempos de espera, a la acción. Dejando a aquellos tiempos, los canónicos del cine-acción, los que son puro acto, en los prolegómenos incómodos de la misma acción. Sumado a un distinguido esteticismo que se expresa en composiciones precisas, disruptivas de los modos prototípico-armónicos de distribución de formas en cuadros cinematográficos, con cámaras inmóviles que ven pasar la acción sin acompañarla (evidenciando, de paso, la presencia del dispositivo, y así, una interpretación, un punto de vista, distante de dicha burda acción).

El contrapunto del grupo de elite policial lo constituye un grupo de jóvenes pretendidamente revolucionarios, que se lanzan a una acción suicida, desde una convicción político-ideológica anticapitalista, pero desde una seguridad de clase (la que dictaría implícitamente que nada malo a ellos podría ocurrirles) que el grupo de elite policial —del que forma parte el primer protagonista del film— extermina con eficacia aterradora.

Así, Policeman se convierte en una mirada corrosiva sobre el Israel de hoy. Del grado sumo del conservadurismo neoliberal enquistado en el poder que, por un lado, parece volver escasas las resistencias internas (al menos la expresada por estos pseudo revolucionarios de clases acomodadas), pero sobretodo, en la naturalización de una violencia cotidiana, asimilada por un cuerpo social, de hegemónica escasa autorreflexión, consumo desenfrenado, e imposibilitado de asimilar la eficacia atroz en la construcción de enemigos, detrás y delante de muros —de lamentos/lamentables— erigidos mediante gestos de fría maquinalidad.

Extraído de: http://www.marienbad.com.ar

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