Habeas Corpus, de Jorge Acha

Argentina – 1986 – 67 min

JUEVES 29 DE SEPTIEMBRE A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

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Hábeas Corpus. Parábola de un condenado o cómo escapar de la prisión del cuerpo.

por Pablo Piedras

“…Hábeas Corpus es el relato de una espera. Un tiempo elidido que, en gran parte de las películas, suele ser necesario economizar. El primer largometraje de Acha narra cuatro días en la vida de un hombre preso, detenido en un centro de detención clandestino, durante la última dictadura militar argentina. Sólo dos hombres, sólo dos personajes: el guardián y el cautivo. Dos historias unidas por el entorno espacial. La del carcelero, marcado por la exacta repetición de un horrendo ritual que forma parte de su vida cotidiana. Cuatro días, cuatro arribos al sitio donde cumple la función de controlar. Pero esta función de control se encuentra determinada no sólo por las acciones que debe ejecutar, sino también por el sitio que ocupa en la estructura represiva. Cada día se sentará en su silla a esperar que se cumpla el horario. Comerá las anchoas de una pizza, beberá agua, observará revistas de fisicoculturismo y dejará los restos de su vianda al alcance del detenido. El carcelero debe permanecer, ocupar un lugar dentro del mecanismo de la prisión. El dispositivo, como indica Foucault, será el que asegure la correcta aplicación de la disciplina y el castigo. El poder centralizado de un Estado totalitario, descansa sobre esta maquinaria, cuyos mecanismos garantizan el control (y muchas veces la tortura) sobre el cuerpo de los individuos. En contrapartida a los cuerpos poderosos de las revistas que observa el guardián, se halla el cuerpo del detenido. Un cuerpo despojado, rendido, atravesado por los mecanismos de poder. Acha no precisa mostramos los momentos de la tortura para hacemos percibir los sufrimientos de ese cuerpo. El punto clave para comprender esta visión desplazada de una situación tantas veces representada radica en la configuración del sujeto de la enunciación. Según Acha: “Hábeas Corpus respeta el tiempo del personaje y no el tiempo del espectador que está sentado en la butaca del cine”. Esta elección claramente resulta un posicionamiento ético frente a la historia y al personaje. La decisión del director consiste en ponerse de frente al personaje aun cuando esto signifique darle la espalda al público. Sin embargo, sería más preciso decir que la película pretende otro tipo de visión, reclama un espectador diferente de esa masa informe que la industria denomina “público”. Según Ricardo Parodi, el cine de Acha le propone al espectador una relación distinta con la imagen, una experiencia vinculada directamente al orden de lo perceptual.

Nos situamos así, frente al cuerpo del detenido, sentimos el absurdo paso del tiempo junto a él, invadimos sus imágenes mentales, los fragmentos de sus recuerdos, del único recuerdo que pareciera tener algún sentido: él y un amigo jugando en la playa. Tiempo recobrado, sin medidas, junto al mar. Entonces, podría pensarse el relato como la materialización de una cruel dialéctica entre el padecimiento corporal y la resistencia psíquica. Mientras la película avanza, el fluir de las imágenes-recuerdo se acrecienta, actualizándose incesantemente, fundiéndose con el presente de la narración. El espacio imaginario y el espacio real comienzan a confundirse atravesados por un elemento que lo invadirá (o lo inundará) todo: el agua. El agua del mar en el nivel de lo imaginario, el agua de la tormenta en el nivel de lo real. Finalmente, en la última secuencia, se integrarán en un mismo plano los dos espacios, ubicándose en el centro la figura del hombre. Conformando un cuadro impresionante, el detenido es mostrado en la celda con sus piernas hundidas en el mar. Ante la mirada del carcelero (único momento en que el guardián observa hacia dentro de la celda) el prisionero libera un pez -que se halla encarcelado en un frasco- dejándolo caer al mar. Este punto de fuga, esta posibilidad de escape desde el campo de lo imaginario, revela en el film de Acha, una concepción del poder que se distancia de la propuesta de Foucault, quien no señala salida posible ante la tecnología disciplinaria.

Si bien Hábeas Corpus posee una unidad narrativa bastante concentrada (a diferencia de Standard y Mburucuyá) el modo de representación utilizado resulta inédito en el cine nacional. Esto se manifiesta no sólo en la forma de representación del tiempo descripta anteriormente, sino también en la particular articulación que se efectúa entre la serie sonora y la serie visual. Como sucede en Standard, se suprime casi por completo el uso de la palabra. La serie sonora no funciona como apoyatura, tampoco es un comentario de las imágenes. Los signos sonoros remiten constantemente al universo de la diégesis pero producen relaciones conflictivas con lo que está siendo mostrado. Un ejemplo evidente resulta el contrapunto creado entre los sonidos provenientes de una radio (la voz de un sacerdote relata la crucifixión de Cristo) y las imágenes del cautivo cuya vida se extingue en una celda. En definitiva, lo notable de Hábeas Corpus es que relata una historia de carácter universal: la del hombre encarcelado, castigado por las más brutales manifestaciones del poder como la supresión de la libertad y la tortura; pero al mismo tiempo no deja de remitimos a otra historia terriblemente concreta; cercana y dolorosa, como la de nuestros desaparecidos durante la última dictadura militar…”

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Acha

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