Una novia de Shanghai, de Mauro Andrizzi

Argentina – 2016 – 73 min

JUEVES 3 DE NOVIEMBRE A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

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El filme fue pensado y rodado a lo largo de seis meses de residencia de Andrizzi en el histórico Peace Hotel de Shanghai, lugar donde el realizador de “Iraq Short Films” y “En el futuro” armó la preproducción de la película, formó un equipo de técnicos de origen chino y ensayó escenas con actores locales y Lorena Damonte, la única actriz argentina que participa del filme.

¿Cuál fue el mayor desafío que implicó filmar en Shanghai?
Mauro Andrizzi: El desafío fue filmar en una megaciudad que apenas conocía, en un idioma que no hablo, y armar un equipo sorteando la barrera del idioma. En seis meses tuve que buscar las locaciones, los actores, los técnicos, presupuestar una y otra vez, reescribir el guión todo el tiempo, y finalmente filmarlo.

¿Y cómo recibieron allá este modo independiente y alternativo de encarar el cine?
MA: Me decían “el loquito argentino” tanto por la pasión que le ponía como por un modo de producción extraño para los altísimos presupuestos que ellos manejan, que no bajan de los tres millones de dólares para una ópera prima. Cuando le conté a la primera productora con la que trabajé allá cuánto dinero tenía para hacer la película, pensó que había un problema de traducción en los números. Así que un poco por cariño, por compasión, o porque les gustaba el proyecto genuinamente, mucha gente se fue sumando y aceptando trabajar de una forma diferente a la que es usual allá.

¿Cómo definirías el filme?
MA: Es una comedia al estilo de la “screwball comedy” americana (un subgénero en el que priman la velocidad, el absurdo y los enredos), donde los dos protagonistas recorren gran parte de los barrios de la ciudad con un ataúd y un cadáver, yendo desde la parte vieja hacia la parte nueva para llegar al puerto de Shanghai. La historia está protagonizada por dos chatarreros vagabundos que juntan basura y desperdicios por las calles y que, por encargo de otra persona, tienen que cruzar la ciudad con un ataúd robado de un cementerio para poder unir a una pareja de amantes más allá de la muerte.

Y ahí se disparan una serie de situaciones.
MA: Sí claro, hay cosas como una persecución policial o unos borrachos que quieren robar el ataúd, pero más allá de eso el humor surge principalmente de los contrastes entre ciertas costumbres y tradiciones milenarias y una forma de vida posmoderna propia de la ciudad cosmopolita que es Shanghai.

De hecho te metés con la cultura china actual a partir de los contrastes, entre las tradiciones y la modernidad y también las diferencias arquitectónicas entre la ciudad vieja y la nueva.
MA: Muestro la China hipermoderna y potencia del siglo XXI, cruzada por algunas tradiciones que están aún muy presentes en la sociedad china, creo que se ve el cruce de la modernidad y las tradiciones ancestrales, y también se muestra cómo el capitalismo afecta a algunas costumbres. La China moderna es una mezcla de eso, del futuro con el acervo cultural milenario.

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¿Y el origen de la historia que tiene a dos vagabundos arrastrando un ataúd?
MA: Todo comienza cuando un hombre que está a punto de morir le pide a sus familiares que traigan el cadáver de la mujer que amaba para enterrarlo a su lado, por lo que ellos les encargan a estos dos vagabundos que lo roben de un cementerio y atraviesen toda la ciudad para cumplir el último deseo del moribundo. Como decía antes, la comedia y el absurdo surgen del contraste entre lo moderno y lo tradicional, pero la película es también una comedia negra en algún punto, porque muestra algunas cosas truculentas que ocurren en la ciudad. La historia fue surgiendo a medida que me iba adentrando en la investigación que hice de la cultura china antes de escribir el guión.

Podemos imaginar también que hubo una serie de accidentes en el rodaje que se desarrollaba en las calles de la ciudad.
MA: La muerte es tabú en todo el mundo, y en China el tabú está muy presente en la gente más tradicionalista. Y como nosotros andábamos cargando una ataúd por toda la ciudad, nos pasaban cosas como que nos paraban por la calle para decirnos que era de mala suerte andar cargando un muerto de un lado a otro . En un hotel necesitábamos que un recepcionista dijera que un viejito se había muerto en una de las habitaciones, y no hubo forma de que dijera la palabra “muerto” porque no le gustaba la idea que alguien se muriera en su hotel, ni siquiera en la ficción.

Trailer

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201609/164702-cine-estrenos-salas-proyecciones-pantallas–shangai.html

 

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Una novia de Shanghai, de Mauro Andrizzi

EL DÍA NUEVO, de Gustavo Fontán + LAS ESCENAS VACÍAS, de Gloria Peirano

JUEVES 27 DE OCTUBRE EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

DOBLE PROGRAMA

18.30 hs: Presentación del libro LAS ESCENAS VACÍAS, de Gloria Peirano, publicado por El ojo del mármol (2016). La novela será presentada por Juan José Gorasurreta, con lecturas de Gloria Peirano.

20.30 hs: EL DÍA NUEVO de Gustavo Fontán. CON LA PRESENCIA DEL DIRECTOR

Con Héctor Maldonado, David Leonardo Palacio y Voz en off de Gloria Peirano. En el marco del ciclo EL FUTURO ES NUESTRO.

‘En LAS ESCENAS VACÍAS, dos universos de dos órdenes diferentes parecen suspendidos, a punto de derrumbe. Fermín, un anciano que envejece en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, con un hijo al que ve poco y nada, con una mujer que se ha transformado en una anciana desconocida, con amigos que también envejecen irremediablemente. Y Gabi, una mujer hermosa de los suburbios de la capital, devastada por el amor de un hombre que le dejó un hijo y tanto dolor que a veces siente que va a morirse. Esos dos mundos distintos y distantes se rozan gracias al facebook y en ese encuentro minúsculo, en esa comunión tan transparente y delgada que parece inexistente, allí es donde brota una historia de soledad y falta de amor y necesidad de amor’. Selva Almada

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EL DÍA NUEVO, de Gustavo Fontán

Argentina – 2016 – 63 min

Una vez él se perdió en el tiempo. Él dice que venía negro, que era una cosa negra que venía. Y sintió que los árboles crujían. Y pasó un rato y se hizo de noche. Cuando empezó a llover se ató con el bote a un árbol. Pero cuando se ató, un gajo, un gajo grande se rompió y él pensó, qué hago acá. Le dio miedo de hundirse y que lo coman las palometas. ¿Y si me comen las palometas? El dice que el bote iba de acá para allá y que se perdió en el tiempo. Me perdí en el tiempo dice. Y de pronto vio una lucecita y empezó a remar. El pensó que eran los muchachos que estaban de fiesta y empezó a remar y a remar, rápido porque el bote se llenaba de agua. Dice que remó y remó y cuando llega a la costa el bote se hundió, que se fue para abajo apenas llegó a la costa. Y ahí era nuestro rancho, ahí estaba yo esperándolo, muerta de miedo. Pero no había lucecita, ninguna lucecita.

Antonia Gerardi: Quería preguntarte, fuera de las películas, por el panorama del cine argentino actual. Si tuvieras que hacer un mapa, ¿dónde te gustaría situarte? ¿Qué filiaciones encuentras?

Gustavo Fontán: La filiación siempre es una cosa curiosa… No podría decirte dónde. Me siento alejado de las tendencias más hegemónicas, más dominantes. Me siento haciendo una obra que dialoga con otras… que no sé si es bueno o es malo. No sé si es un mal o un bien de este tiempo… Yo creo que lo que legitima una película es la mirada particular. Hubo en otros tiempos miradas particulares, distintas en estéticas, más o menos comunes… Y hoy el cine solo lo tiene desde el mundo dominante. No hay movimientos, no hay acuerdos estéticos, no hay principios que compartamos…

A.G.: …No hay manifiestos…

G.F.: ¡No hay manifiestos! No hay eso. Entonces es raro. No hay un lugar de pertenencia. El lugar de pertenencia es el corrimiento de algo que no queremos, que no sabemos lo que es. Pero luego, hay montones de solitarios. Por un lado está bueno eso, creo que el cine argentino lo tiene, tiene muchas miradas particulares. Luego, no sé si está tan bueno el que no hayan acuerdos más o menos que nos acerquen a una idea común. No lo sé, nunca lo viví como hecho posible. Creo que la Argentina tiene, dentro una línea de subsidios que recibe el cine, la posibilidad, sobre todo el documental, de -sí ser responsable- pero no dar cuenta al sistema y entonces, la posibilidad de correrse y la posibilidad de la libertad. Siempre con bajísimos presupuestos, pero con la posibilidad de la libertad frente a esto. Y la única responsabilidad es ser honesto y coherente con la propia película. A veces uno lo hace mal, otras veces lo hace bien y no hay problema, pero nos da esa libertad. Yo creo que eso se agradece profundamente. Me parece que hay en Argentina una inmensa cantidad de películas, a veces mejores, a veces peores, pero con una enorme capacidad de libertad.

Fuentes:

https://www.facebook.com/El-D%C3%8DA-NUEVO-Pel%C3%ADcula-1474325102799628/

http://www.lafuga.cl/gustavo-fontan-cineasta/734

EL DÍA NUEVO, de Gustavo Fontán + LAS ESCENAS VACÍAS, de Gloria Peirano

Retrospectiva LES BLANK + Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad, de Galuppo y Rimini

JUEVES 20 DE OCTUBRE EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

DOBLE FUNCIÓN

18 hs : RETROSPECTIVA DE LES BLANK, en el marco de la 6ta edición del Festival Latinoamericano de Cortometrajes Cortópolis

20.30 hs : PEQUEÑO DICCIONARIO ILUSTRADO DE LA ELECTRICIDAD, de Gustavo Galuppo  y Carolina Rimini. En el marco de El Futuro es Nuestro, ciclo dedicado al cine argentino contemporáneo. 

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Retrospectiva LES BLANK

Decía Werner Herzog: “Creo que Les entendió la importancia de los paisajes. Cómo está inserta en el paisaje la gente que vive allí. Cómo el paisaje forma un estado anímico, un carácter; cómo forma una manera de tocar música”. Los de Les Blank probablemente sean los mejores documentales sobre música y comida que alguna vez hayamos visto. Porque hay mucho más que sabores y melodías: filmando los rostros, los gestos, los ambientes que aparecen alrededor; lo que Les realmente encuentra son momentos finitos de placer que, por más triviales que parezcan, se sienten trascendentales. Y filmando siempre en los bordes, en las comunidades ocultas, las secundarias de una Norteamérica, digamos, olvidada. En casi cincuenta años de carrera retrató el esfuerzo y el ocio de las culturas cajún, creole, tex-mex, negra, hippie, afrocubana, serbia, polaca, incluso a la tradicionales de los montes Apalaches…

Esta pequeñísima selección pretende dar cuenta de algunos de los momentos más imponentes y representativas de una obra vasta, apasionada y comprometida sobre la celebración eterna de lo cotidiano.

Martín Emilio Campos. Revista Cinéfilo.

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Dios nos respeta cuando trabajamos, pero nos ama cuando bailamos

(God Respects Us When We Work, but Loves Us When We Dance, Les Blank, Skip Gerson, 1968, 20′)
Tras un título magnífico, que revela una de las premisas claves del cine de Blank, se esconde una gran oda al placer. Su primera gran obra retrata psicodélicamente la psicodelia de un “Love-in” multitudinario, captando los rostros y rituales de la comunidad hippie de fines de los 60.

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El blues según Lightnin Hopkins

(The Blues According to Lightnin Hopkins, Les Blank, 1968, 32′)
Entre medio de peculiares y emotivos recitales improvisados y las anécdotas y máximas con las que se despacha el legendario Lightnin’ Hopkins (cantar los blues, al fin y al cabo, como dice guitarra en mano, no es algo distinto a ser un pastor de iglesia), Blank se acerca a las calles y lugareños de ese pequeño pueblo postergado de 900 habitantes que es Centerville, a los sufridos y luminosos negros de Texas bailando con ojos cerrados al son de su música, a los centenarios acordes de ese género eterno que es el blues.

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Gastarlo todo

(Spend it All, Les Blank, 1971, 43′)
En el Bayou del sudeste de Louisiana, en los pantanos y riachos interminables entre Texas y Nueva Orleans, viven los cajunes, descendientes directos de franceses. “Los cajunes disfrutan la vida porque no cuesta mucho”, cuenta un pescador desdentado, también violinista. “Crían lo que necesitan. Y están felices todo el tiempo”. Gastarlo todo, un apasionado recorrido por la música y la comida de un pueblo sencillo pero dedicado a la hora de tocar y cocinar, es en muchos aspectos el documental más logrado de Les Blank. Es el favorito de Werner Herzog, por “la inmediatez directa de la exuberancia de la vida”, y hasta ha recreado en sus películas varias de las imágenes memorables que aquí se encuentran.

 

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PEQUEÑO DICCIONARIO ILUSTRADO DE LA ELECTRICIDAD, de Gustavo Galuppo  y Carolina Rimini

Argentina – 2015 – 87 min.

El cine del rosarino Gustavo Galuppo toca límites que sabe. ¿De qué manera? Porque asume el tramado complejo que propone, en el que se abisma. Al hacerlo y sumergirse, lo que emerge es la experiencia renovada de las posibilidades. Lo que también se toca, aun cuando inasible, es la esencia fílmica. Hacia adentro y hacia fuera, como el movimiento heraclíteo. Los límites, entonces, se recrean porque se los reconoce, se les denuncia.

En este devenir que roza, que dialoga y confronta con lo que sabe: el cine -Godard, siempre Godard-, los caminos no aparecen fácilmente trazados sino, antes bien, son consecuencias de las derivas. Éstas pueden ser decididas, o intuidas. En todo caso, el cine de Galuppo tiene fronteras que son horizontes. Hacia allá se dirige, si bien otras muchas veces pareciera retraerse, al hundirse en entrañas de celuloide rememorado en texturas de video, con crisis digital. En todo caso, se trata de la necesidad del movimiento mismo: pendular, centrípeto y centrífugo.

La referencia hacia su obra, su estética -que muta, pero que también se reconoce- le ha vuelto un nombre de referencia en festivales, muestras, libros y revistas de cine. Premiado reiteradamente en el Festival Latinoamericano de Video Rosario, en el Bafici, el MAMBA; ha protagonizado retrospectivas dedicadas a su obra en el país y en el exterior, entre la que destacan, entre otras, La progresión de las catástrofes (2004), Sweetheart o Fedra o la desesperación (2007), Yo, Duras (2008), Sunlight (2008), Besos y hasta siempre/Epílogo para una antología del fracaso (2011), Alicia o el nombre secreto (2013).

Son cortometrajes, mediometrajes, largometrajes. Podrían ser experimentales, o ensayos, o documentales, o ficciones. Categorías juzgadas para ser explotadas. Rótulos que dicen poco porque el cine siempre es más. En ese más allá se sitúa lo que Galuppo hace, como si fuesen puntos suspensivos que abren hacia más. Ahora bien, ese más está ocurriendo ahora, con destellos luminosos que lo abren hacia un porvenir que cruje como luz de bombita en corto.

El destello nuevo aparece con Antonia (2015), el cortometraje que significa su reunión con la realizadora Carolina Rimini. Allí aparece una comunión de cine y de ideas, que continuará con La creación de un mundo desde un diálogo más profundo; lo que sucede, se nota, es afín: voces entrelazadas, que se dicen, se aprueban, desafían; la poesía aparece como el mundo posible, necesariamente filosófico. “La creación de un mundo” es también sinónimo del vínculo que ha nacido, al que Rimini suma una sensibilidad particular, que da a las imágenes de Galuppo cielo, aire, sonidos naturales que se demoran.

La consumación mayor se produce con Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad.

¿Qué es este “diccionario”? Es la posibilidad de descubrir, por fin, la historia de Christian Villeneuve, pionero en la investigación de la energía eléctrica, verdadero mesías “tapado”, finalmente renacido como profeta de una verdad ahora presente. Es él quien estuvo antes que Edison, Ford, alumbrado por capitales como Rockefeller o J.P. Morgan, al amparo de investigaciones militares. Francia es su cuna, allí supo experimentar con cuerpos muertos las posibilidades eléctricas de la reanimación. Las guerras fueron el caldo de cultivo justo para sus avances, que tendrán corolario en la silla eléctrica norteamericana: dar vida, dar muerte. A su esposa fallecida, la cantante de ópera Stilla Mihaly, estarían también dedicados todos sus esfuerzos. Si Mary Shelley y su Frankenstein es quien precede, literariamente, al científico ominoso; Verne, Stoker y Bioy Casares serán los sucesores.

Como es el arte quien tiende puentes hacia lo hecho, para recrear y pensar y disfrutar y aterrarse; el pequeño diccionario de Rimini/Galuppo hace otro tanto desde el cine. Con el MacGuffin que el fantástico Villeneuve supone, para atravesar la historia del siglo XIX y arribar a la consolidación del capitalismo que todavía sobreviene. Tal como la poética de Galuppo supone, el cine aquí se apropia de sí mismo como archivo: imágenes documentales, Hollywood, experimentos, publicidades, ofician en un todo que dispara asociaciones extrañas y cercanas.

El contrapunto lo significan los hechos narrados por las voces en off -previos al cine, dispositivo del siglo posterior-, con imágenes sin sincronía histórica. En verdad, la sincronía se respeta, e hilvana los sucesos desde una lectura que va y viene como si fuesen las páginas de la misma revista de historietas a la vez, en la línea de las espirales creadas por el cine de Alfred Hitchcock, Alain Resnais y Chris Marker.

El cine es nada ajeno o ingenuo en este devenir de la electricidad aplicada. Ha sido y es el instrumento destinado a suturar la herida entre el esparcimiento y el tiempo laboral. Pero con la habilidad de transgredir a la par. Por eso, el virus “Code: Jarrett”, cuyas ideas disemina en momentos nodales, mientras pocos ya recuerdan la efigie supuesta por James Cagney en Alma negra, el film noir de Raoul Walsh.

Con una mixtura que resulta en combustión explosiva, los chirridos de Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad permanecen: con el detenimiento minucioso aportado por el cine de Harun Farocki, con el caleidoscopio de imágenes yuxtapuestas que hoy maximizan las nuevas tecnologías, con la reflexión que la filosofía ha dicho entonces y todavía.

Un tour de force al que vale asistir alertado: con el afán de espiar a la manera del Jefferies de La ventana indiscreta, con la imposibilidad de escapar del Alex de La naranja mecánica, y con el sueño todavía volátil del Sam Lowry de Brazil.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-52168-2015-11-29.html

 

 

 

 

Retrospectiva LES BLANK + Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad, de Galuppo y Rimini

EL FUTURO ES NUESTRO, de Ernesto Ardito y Virna Molina

Argentina – 2014 – 112 min

JUEVES 13 DE OCTUBRE A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

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Eran jóvenes y soñadores. Luchaban por la justicia social, querían cambiar el mundo y ansiaban la revolución socialista. En “El futuro es nuestro”, los realizadores Ernesto Ardito y Virna Molina decidieron bucear en la intimidad de algunos de los 108 alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), asesinados o desaparecidos durante la etapa más oscura de la historia argentina, y ahora protagonistas de un documental.

La memoria de estos estudiantes fue reivindicada recién en la segunda mitad de los años 90, cuando se realizaron actos y se colocó una placa recordatoria en el claustro central del histórico edificio de la calle Bolívar. Después, llegaría el libro “La otra Juvenilia”, de Werner Pertot y Santiago Garaño, donde -ambos ex alumnos de la institución- investigaron y reconstruyeron los pasos de los compañeros que los antecedieron.

Ardito y Molina recrean esta generación diezmada tomando como eje las historias de un grupo de amigos que, con la llegada de la primavera camporista, dedicaron su vida a la militancia y participaron de la fundación de la mítica UES (Unión de Estudiantes Secundarios), rama estudiantil del peronismo de izquierda, que en el CNBA estaba integrada por más de 150 adolescentes.

“El documental narra la historia del Nacional Buenos Aires desde 1973 a 1976. Cuando Héctor Cámpora asume la presidencia, hubo un cambio de autoridades en la Universidad de Buenos Aires y llega un nuevo rector. Raúl Aragón hizo muchísimos cambios positivos: un nuevo plan de estudios, un régimen de autodisciplina y la eliminación del curso de ingreso. Los chicos también colaboraron mucho dando su opinión y participando y entonces se dio una gran primavera, un gran fervor militante. Después, paulatinamente comienza la represión de la Triple A y la llegada de la dictadura”, explica Ardito.

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A través de fotografías, imágenes caseras de video y el relato de compañeros, amigos y familiares, los documentalistas reconstruyen la vida y militancia de Claudio Slemenson, alias “Barbeta”, uno de los fundadores de la UES; Eduardo Beckerman, el “Roña”, dirigente de la UES de Zona Sur; Horacio García Gastelú, el “Gallego”; Franca Jarach, poeta, abanderada y delegada de su división, y Magdalena Gallardo, la desaparecida más joven del colegio, con tan solo 15 años.

“La familia Slemenson nos brindó material en Super-8 que había filmado el papá de Claudio, a partir del cual lo podemos ver en imágenes muy familiares y cotidianas; así como también al grupo que fundó la UES, en situaciones de distensión y eso le da humanidad al relato. Poder verlos a ellos en esos momentos es muy fuerte también a nivel emotivo”, destaca Ardito.

Con música de los Beatles y Sui Generis se va recreando una época que además de un despertar a la política y a la conciencia social, representa el pasaje de la adolescencia a la adultez. “En ese momento el tema no era sólo la militancia, era una generación de rupturas tanto en lo cultural, como en lo moral. Que dos jóvenes a los 16 años se fueran a vivir juntos era totalmente revolucionario para la época. En cuanto a la amistad y al amor se discutía mucho también el tema de la lealtad. Se estaba creando una subjetividad muy particular”, continúa el autor del documental.

“El futuro es nuestro”, que lleva su título por la emblemática frase del Che Guevara: “Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro” -uno de los estandartes que llevan los estudiantes actualmente en las marchas-, tiene por objetivo también construir un puente entre generaciones.

“Siempre se habló del ’76 para adelante, pero nunca de quiénes habían sido esos chicos y cuáles eran sus conflictos. Durante el proceso de filmación, grabamos muchos debates del Centro de Estudiantes y nos sorprendimos de que muchas de las reivindicaciones que figuraban en los panfletos de la UES son las mismas que discuten los alumnos en la actualidad. Vimos un resurgir del apasionamiento militante que se opone al nihilismo de los ’90. Esperamos que la memoria de los jóvenes de los ’70 sirva también como formación para los chicos de la actualidad, que son los que van a continuar de alguna manera con aquella lucha”, concluyó Ardito.

Fuente: http://www.infonews.com/nota/142886/el-futuro-es-nuestro-la-historia-de-los

 

EL FUTURO ES NUESTRO, de Ernesto Ardito y Virna Molina

Mburucuyá, de Jorge Acha

Argentina – 1991 – 93 min

JUEVES 6 DE OCTUBRE A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

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Mburucuyá es el film póstumo de Jorge Acha. Su nombre remite a la voz guaraní para una flor que los sacerdotes españoles de la conquista de América rebautizaron “pasionaria” y utilizaron con fines evangélicos, en tanto su estructura botánica (corona, estambres y estigmas) les servía de recurso pedagógico para relatar la Pasión de Cristo.

Esta apropiación lingüística con fines utilitarios que subyace en la contraposición de vocablos (y que habla del valor simbólico de las palabras como herramienta de conquista) es la premisa conceptual de Mburucuyá, cuyo eje narrativo se centra en de viaje que emprendieron Alexander Humboldt y Aimée Bonpland junto a tres indígenas por la cuenca del Orinoco y que quedara relatado en el libro del botánico alemán titulado Viaje a las regiones equinocciales del Ecuador.

No se trata de una reconstrucción fiel de los textos, sino de una versión sui generis donde el viaje de exploración de los botánicos europeos junto a sus guías aborígenes opera como un disparador para ahondar y reflexionar sobre dos cosmovisiones acerca de la relación del hombre con la naturaleza: la europea y la aborigen americana.

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Al tratarse de un viaje fluvial, el film está concebido como una suerte de roadmovie a lo largo de la cual los cinco protagonistas, a la vez que penetran la flora y la fauna del trópico selvático, van dando con una serie de personajes arquetípicos de la conquista y evangelización americana: sacerdotes, cargueros, príncipes indígenas, cazadores, militares, esclavos, fugitivos, etcétera. Es entonces cuando el romanticismo alemán encarnado en la figura de Humboldt es puesto en trance: casi como una parodia del género documental, el asombrado botánico alemán va narrando en off, durante toda la expedición, los avatares del minucioso relevamiento emprendido sobre los fenómenos de la naturaleza y los sucesos de este nuevo mundo desde los tópicos y las certezas del positivismo europeo. Pero este registro, desde el cual se cataloga y clasifica la realidad, no es empleado para acentuar lo que ya de por sí ofrecen las imágenes sino, por el contrario, para contraponerlo a lo visual, para desarticular o quebrar las categorías artificiales que pretende imponer el lenguaje de la conquista. Ante esta fractura, es el espectador, en definitiva, quien deberá reconstruir su propio discurso.

Fuera de toda concepción realista, la estética del film tampoco apela a una representación verosímil: todas sus secuencias están rodadas en estudio y el vínculo de los personajes con la selva se da a través de distintas formas de trucaje. Pero el artificio no busca encubrirse sino delatarse, poner en evidencia el hecho de que el espectador se encuentra en todo momento ante una representación.

El film cierra con una tercera mirada –ajena a los atributos y prejuicios europeos o aborígenes– proveniente de un inquietante personaje que ha rastreado el curioso periplo del grupo: un jaguar.

Fuente: https://jorgeluisacha.wordpress.com/cine/peliculas/
Mburucuyá, de Jorge Acha