Retrospectiva LES BLANK + Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad, de Galuppo y Rimini

JUEVES 20 DE OCTUBRE EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

DOBLE FUNCIÓN

18 hs : RETROSPECTIVA DE LES BLANK, en el marco de la 6ta edición del Festival Latinoamericano de Cortometrajes Cortópolis

20.30 hs : PEQUEÑO DICCIONARIO ILUSTRADO DE LA ELECTRICIDAD, de Gustavo Galuppo  y Carolina Rimini. En el marco de El Futuro es Nuestro, ciclo dedicado al cine argentino contemporáneo. 

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Retrospectiva LES BLANK

Decía Werner Herzog: “Creo que Les entendió la importancia de los paisajes. Cómo está inserta en el paisaje la gente que vive allí. Cómo el paisaje forma un estado anímico, un carácter; cómo forma una manera de tocar música”. Los de Les Blank probablemente sean los mejores documentales sobre música y comida que alguna vez hayamos visto. Porque hay mucho más que sabores y melodías: filmando los rostros, los gestos, los ambientes que aparecen alrededor; lo que Les realmente encuentra son momentos finitos de placer que, por más triviales que parezcan, se sienten trascendentales. Y filmando siempre en los bordes, en las comunidades ocultas, las secundarias de una Norteamérica, digamos, olvidada. En casi cincuenta años de carrera retrató el esfuerzo y el ocio de las culturas cajún, creole, tex-mex, negra, hippie, afrocubana, serbia, polaca, incluso a la tradicionales de los montes Apalaches…

Esta pequeñísima selección pretende dar cuenta de algunos de los momentos más imponentes y representativas de una obra vasta, apasionada y comprometida sobre la celebración eterna de lo cotidiano.

Martín Emilio Campos. Revista Cinéfilo.

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Dios nos respeta cuando trabajamos, pero nos ama cuando bailamos

(God Respects Us When We Work, but Loves Us When We Dance, Les Blank, Skip Gerson, 1968, 20′)
Tras un título magnífico, que revela una de las premisas claves del cine de Blank, se esconde una gran oda al placer. Su primera gran obra retrata psicodélicamente la psicodelia de un “Love-in” multitudinario, captando los rostros y rituales de la comunidad hippie de fines de los 60.

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El blues según Lightnin Hopkins

(The Blues According to Lightnin Hopkins, Les Blank, 1968, 32′)
Entre medio de peculiares y emotivos recitales improvisados y las anécdotas y máximas con las que se despacha el legendario Lightnin’ Hopkins (cantar los blues, al fin y al cabo, como dice guitarra en mano, no es algo distinto a ser un pastor de iglesia), Blank se acerca a las calles y lugareños de ese pequeño pueblo postergado de 900 habitantes que es Centerville, a los sufridos y luminosos negros de Texas bailando con ojos cerrados al son de su música, a los centenarios acordes de ese género eterno que es el blues.

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Gastarlo todo

(Spend it All, Les Blank, 1971, 43′)
En el Bayou del sudeste de Louisiana, en los pantanos y riachos interminables entre Texas y Nueva Orleans, viven los cajunes, descendientes directos de franceses. “Los cajunes disfrutan la vida porque no cuesta mucho”, cuenta un pescador desdentado, también violinista. “Crían lo que necesitan. Y están felices todo el tiempo”. Gastarlo todo, un apasionado recorrido por la música y la comida de un pueblo sencillo pero dedicado a la hora de tocar y cocinar, es en muchos aspectos el documental más logrado de Les Blank. Es el favorito de Werner Herzog, por “la inmediatez directa de la exuberancia de la vida”, y hasta ha recreado en sus películas varias de las imágenes memorables que aquí se encuentran.

 

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PEQUEÑO DICCIONARIO ILUSTRADO DE LA ELECTRICIDAD, de Gustavo Galuppo  y Carolina Rimini

Argentina – 2015 – 87 min.

El cine del rosarino Gustavo Galuppo toca límites que sabe. ¿De qué manera? Porque asume el tramado complejo que propone, en el que se abisma. Al hacerlo y sumergirse, lo que emerge es la experiencia renovada de las posibilidades. Lo que también se toca, aun cuando inasible, es la esencia fílmica. Hacia adentro y hacia fuera, como el movimiento heraclíteo. Los límites, entonces, se recrean porque se los reconoce, se les denuncia.

En este devenir que roza, que dialoga y confronta con lo que sabe: el cine -Godard, siempre Godard-, los caminos no aparecen fácilmente trazados sino, antes bien, son consecuencias de las derivas. Éstas pueden ser decididas, o intuidas. En todo caso, el cine de Galuppo tiene fronteras que son horizontes. Hacia allá se dirige, si bien otras muchas veces pareciera retraerse, al hundirse en entrañas de celuloide rememorado en texturas de video, con crisis digital. En todo caso, se trata de la necesidad del movimiento mismo: pendular, centrípeto y centrífugo.

La referencia hacia su obra, su estética -que muta, pero que también se reconoce- le ha vuelto un nombre de referencia en festivales, muestras, libros y revistas de cine. Premiado reiteradamente en el Festival Latinoamericano de Video Rosario, en el Bafici, el MAMBA; ha protagonizado retrospectivas dedicadas a su obra en el país y en el exterior, entre la que destacan, entre otras, La progresión de las catástrofes (2004), Sweetheart o Fedra o la desesperación (2007), Yo, Duras (2008), Sunlight (2008), Besos y hasta siempre/Epílogo para una antología del fracaso (2011), Alicia o el nombre secreto (2013).

Son cortometrajes, mediometrajes, largometrajes. Podrían ser experimentales, o ensayos, o documentales, o ficciones. Categorías juzgadas para ser explotadas. Rótulos que dicen poco porque el cine siempre es más. En ese más allá se sitúa lo que Galuppo hace, como si fuesen puntos suspensivos que abren hacia más. Ahora bien, ese más está ocurriendo ahora, con destellos luminosos que lo abren hacia un porvenir que cruje como luz de bombita en corto.

El destello nuevo aparece con Antonia (2015), el cortometraje que significa su reunión con la realizadora Carolina Rimini. Allí aparece una comunión de cine y de ideas, que continuará con La creación de un mundo desde un diálogo más profundo; lo que sucede, se nota, es afín: voces entrelazadas, que se dicen, se aprueban, desafían; la poesía aparece como el mundo posible, necesariamente filosófico. “La creación de un mundo” es también sinónimo del vínculo que ha nacido, al que Rimini suma una sensibilidad particular, que da a las imágenes de Galuppo cielo, aire, sonidos naturales que se demoran.

La consumación mayor se produce con Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad.

¿Qué es este “diccionario”? Es la posibilidad de descubrir, por fin, la historia de Christian Villeneuve, pionero en la investigación de la energía eléctrica, verdadero mesías “tapado”, finalmente renacido como profeta de una verdad ahora presente. Es él quien estuvo antes que Edison, Ford, alumbrado por capitales como Rockefeller o J.P. Morgan, al amparo de investigaciones militares. Francia es su cuna, allí supo experimentar con cuerpos muertos las posibilidades eléctricas de la reanimación. Las guerras fueron el caldo de cultivo justo para sus avances, que tendrán corolario en la silla eléctrica norteamericana: dar vida, dar muerte. A su esposa fallecida, la cantante de ópera Stilla Mihaly, estarían también dedicados todos sus esfuerzos. Si Mary Shelley y su Frankenstein es quien precede, literariamente, al científico ominoso; Verne, Stoker y Bioy Casares serán los sucesores.

Como es el arte quien tiende puentes hacia lo hecho, para recrear y pensar y disfrutar y aterrarse; el pequeño diccionario de Rimini/Galuppo hace otro tanto desde el cine. Con el MacGuffin que el fantástico Villeneuve supone, para atravesar la historia del siglo XIX y arribar a la consolidación del capitalismo que todavía sobreviene. Tal como la poética de Galuppo supone, el cine aquí se apropia de sí mismo como archivo: imágenes documentales, Hollywood, experimentos, publicidades, ofician en un todo que dispara asociaciones extrañas y cercanas.

El contrapunto lo significan los hechos narrados por las voces en off -previos al cine, dispositivo del siglo posterior-, con imágenes sin sincronía histórica. En verdad, la sincronía se respeta, e hilvana los sucesos desde una lectura que va y viene como si fuesen las páginas de la misma revista de historietas a la vez, en la línea de las espirales creadas por el cine de Alfred Hitchcock, Alain Resnais y Chris Marker.

El cine es nada ajeno o ingenuo en este devenir de la electricidad aplicada. Ha sido y es el instrumento destinado a suturar la herida entre el esparcimiento y el tiempo laboral. Pero con la habilidad de transgredir a la par. Por eso, el virus “Code: Jarrett”, cuyas ideas disemina en momentos nodales, mientras pocos ya recuerdan la efigie supuesta por James Cagney en Alma negra, el film noir de Raoul Walsh.

Con una mixtura que resulta en combustión explosiva, los chirridos de Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad permanecen: con el detenimiento minucioso aportado por el cine de Harun Farocki, con el caleidoscopio de imágenes yuxtapuestas que hoy maximizan las nuevas tecnologías, con la reflexión que la filosofía ha dicho entonces y todavía.

Un tour de force al que vale asistir alertado: con el afán de espiar a la manera del Jefferies de La ventana indiscreta, con la imposibilidad de escapar del Alex de La naranja mecánica, y con el sueño todavía volátil del Sam Lowry de Brazil.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-52168-2015-11-29.html

 

 

 

 

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