Crespo (La continuidad de la memoria), de Eduardo Crespo

Argentina – 2016 – 65 min

JUEVES 17 DE NOVIEMBRE A LAS 20:30 HS EN EL TEATRO LA LUNA

Pasaje Escutti 915 – Córdoba :: Entrada libre – Contribución voluntaria

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A partir de la muerte de su padre, Eduardo Crespo (Tan cerca como pueda, 2012) emprende un viaje para filmar la película que iban hacer juntos. Una película sobre Crespo, el pueblo entrerriano de donde vienen, la Avicultura y la relación padre e hijo que los unía. Ahora que no está el personaje principal, la película viaja por los mismos espacios. Intentando juntarlos, a través de la memoria colectiva del pueblo y una memoria personal; con el fin de reconstruir a partir de esos detalles, la figura de ese padre que ya no está. Crespo (La continuidad de la memoria) (2016) pudo generar un espacio imaginario, que solo el cine lo puede crear, donde pudimos estar juntos, con mi padre, a pesar de una imposibilidad física”.

¿Ves al cine como una forma de luchar contra el olvido o lo utilizás solo como un vehículo para hablar de él?
Lo veo como una forma de atravesar la vida y reflexionar sobre las diferentes etapas que uno va transitando. En este caso, la necesidad me llevó a utilizar al cine como una herramienta particular para atravesar el duelo de mi padre, algo tan personal pero a la vez un hecho humano con el que todos podemos sentirnos identificados. Esa experiencia se puede ver en la película tanto en lo narrativo como en la forma que va tomando el montaje.

En un momento de mi vida fue muy importante el hecho de registrar, filmar, escribir, sacar fotos. Después uno no sabe que va a pasar con esos materiales, pero los atesora quizás como una forma de exorcizar cierto temor al olvido. Pienso que Crespo (La continuidad de la memoria). hace que muchos vean la importancia que pueden tener esos materiales de descarte.

Esta película nace de otra que no pudo ser, ¿cómo fue el proceso de construcción?
Cuando retomé el proyecto fue por una necesidad, tenía que terminar aquella película que haríamos con mi padre, como una forma de homenaje, pero más aún como una forma de perpetuarlo en el tiempo. Además era la única manera que me imaginaba de atravesar una situación de tanto desconcierto.

Crespo (pueblo) para mí tiene algo de set gigante y soñado. Cada vez que viaja algún amigo desde Buenos Aires, el chiste es que cada dos pasos te cruzás con alguien que actuó en una película o que ayudó de alguna otra forma. Entonces el hecho de estar filmando y más aún en Crespo era una forma también asegurarme cierta compañía y de escapar a los lugares comunes del dolor.

En cuanto a la construcción en sí, creo que se puede ver bastante en la película.

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¿Cuánto hay de la otra en esta? ¿Y cuánto de elementos que nunca hubieras pensado poner?
De la otra no hay mucho, o solo resabios, porque no pude empezar a filmarla. Lo que queda es la impronta de filmar con mi padre y algunos temas como la Avicultura, que tienen más que ver con el pueblo que con una historia personal. Además tenía una idea de, a través de mi padre, entrar en las casas de la gente de Crespo, y algo de eso sucedió sin pensarlo en esta película, mucha gente me abrió sus puertas y me compartió sus historias. Fue muy enriquecedor.

Me da la sensación que la película toma distancia de otras de tono biográfico y autorreferenciales, ¿Cuándo encontraste la estructura que querías darle?
Al principio tenía solo unas notas, que fuimos trabajando con Santiago Loza, quien fue como una compañía permanente durante el proyecto. Ahí apareció una suerte de “voz en off” que me sirvió como guía para empezar a filmar. Lo difícil era filmar lo que no estaba dicho, por eso el rodaje fue de mucha intuición. Fue en el rodaje que aparece la idea de mostrar el proceso de cómo fui encontrando la película.

Y luego la forma definitiva apareció en el montaje, es la primera vez que trabajo con Lorena Moriconi en una película mía, pero hace mucho que somos amigos y ya habíamos trabajado juntos en Doce Casas y en otros proyectos de amigos. Ella se tomó el tiempo de ver todo el material que yo había filmado y recolectado, hasta los archivos que yo le había marcado como desechos, todo.

Hablamos mucho de la experiencia del rodaje antes de empezar a editar y esas cosas se fueron colando y quedaron finalmente en la película. Sabíamos que la forma tenía que aparecer ahí y queríamos encontrar algo único y particular.

¿El tono poético como se fue dando o cuando apareció?
Creo que fue en la edición donde aparece ese tono poético, la película tomó una forma parecida a los juegos que hace nuestra memoria física, cuando evoca recuerdos difusos, intervenidos o hasta a veces inconclusos.

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También me interesaba usar mi voz como un material de archivo. Esos textos, algo toscos, apresurados, tienen una carga en sí, por haber sido escritos durante los primeros meses del duelo, y no quería modificarlos demasiado. Tampoco quería grabar una voz en off sobre la película ya armada. Entonces sabía que ese no era el fuerte de la voz, la poesía había que encontrarla en ese espacio que hay entre lo dicho y las imágenes. Es algo que yo ya intuía porque mi relación con el cine siempre fue a través de la cámara, y a eso Loli lo pudo explotar de una manera muy especial, encontrándole el tiempo y el tono exacto a cada secuencia. También, además de esto, siento que la película tiene mucho humor y la poesía aparece muchas veces en lo precario de las situaciones.

¿La distancia y el tiempo te hicieron filmar un Crespo diferente al de tus recuerdos?
Si, hay muchas cosas que uno veía al pasar y que no prestaba demasiada atención. De pronto un simple monumento toma el valor de un recuerdo íntimo y resume algo que uno no puede explicar con palabras. Ya hace 12 años que vivo en Buenos Aires y no hace mucho que me siento parte de la ciudad. Todo ese tiempo en el que uno se pasa vagando, sin ser ni de acá ni de allá, hace surgir un efecto sobre nuestra persona. Y hace que podamos resignificar aquello que de alguna forma nos pertenece.

Muchas veces uno se reconoce en las historias pero cuando las ve filmadas o fotografiadas le resultan ajenas. ¿Hoy la película te identifica?
No solo me siento identificado sino que también le tengo un particular afecto a la película, primero por lo que significa para mí hacer una película sobre mi padre y mi pueblo, y segundo, por todo lo que aprendí filmándola. Me ayudó a pensarme a mí como director de cine, a encontrar una mirada personal y a pensar en el tipo de películas que me interesa seguir haciendo.

¿Sentís que la película cumplió el objetivo de condensar los recuerdos en la memoria?
No estoy muy seguro de eso, porque siento que la memoria no se puede condensar del todo, siempre habrá cosas que se nos escapan. Pero creo que cumplió un objetivo más importante aún y es el de generar un espacio imaginario, que solo el cine lo puede crear, donde pudimos estar juntos, con mi padre, a pesar de una imposibilidad física.

Fuente: http://www.escribiendocine.com/entrevista/0012045-eduardo-crespo-la-necesidad-me-llevo-a-utilizar-al-cine-como-una-herramienta-particular-para-atravesar-el-duelo-de-mi-padre/
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