SOL EN UN PATIO VACÍO, de Gustavo Fontán

ARGENTINA – 2014 – 61 MIN

JUEVES 2 DE NOVIEMBRE – 20:30 HS 

CICLO TRILOGÍA DEL LAGO HELADO (VER PROGRAMACIÓN)

Función en el TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

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Dejar una casa.
Filmar los árboles antes de partir, la luz que uno se lleva.
Ir, con la medida de esa luz, hacia un lugar desconocido.
Filmar la distancia entre una casa y otra casa, un camino de ensueños, un espacio abismado.
Filmar retazos de realidad en tensión con aquella luz.
Filmar esa espiral del tiempo, el tiempo.

FICHA TÉCNICA
Sonido: Abel Tortorelli
Montaje: Mario Bocchicchio
Producción ejecutiva: Carolina Reynoso
Producción: Gustavo Schiaffino, Alejandro Nantón, Guillermo Pineles.
Cámara, guión y dirección: Gustavo Fontán
Una producción de Insomniafilms y Tercera Orilla, Incaa

 

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ENTRAR AL CINE CON LA PELÍCULA EMPEZADA

VOLVER A LA NOSTALGIA. Por qué atrapa el cine de Tarkovski (Extracto)

Por Estrella de Diego

Seguramente deberíamos ir siempre al cine de la forma que proponía André Breton en Nadja. Habría que entrar sin premeditación en el ámbito oscuro, con la película empezada, sin conocer de antemano el programa, arrastrados por el azar. Habría que sentarse en la butaca, abandonarse a los sentidos sin prepararlos para la narración consensuada, sin dirigirlos por opiniones ni sinopsis, como quien entra y sale de un lago báltico en invierno. Habría que dejarse llevar por las sensaciones, pues el cine es ante todo sensaciones.

Deberíamos sumergirnos en el proceso de identificación sin culpa, como pura catarsis, y llorar si así lo requiriera la autopurificación. Llorar tanto que no quedaran lágrimas, sin pudor, sin vergüenza de mostrar públicamente lo privado: en el cine, como en el amor, uno siempre está a tientas y solo, aunque esté rodeado de gente.

Sería necesario subvertir la aparente esencia del cine donde hay principios y finales; ir al cine en busca de algo que no fuera la historia que se cuenta. Saber que en el cine, como en la vida, uno siempre acaba por identificarse consigo mismo, nunca con el personaje ni con la trama.

Y habría que salir de repente también, sin esperar a que acabara la película. Deberíamos dejar nuestro asiento cuando la intensidad de las sensaciones doliera casi aún. Habría que levantarse y enfrentar la luz de la calle antes de que los títulos nos devolvieran a la realidad, dejándonos abatidos en el asiento, decepcionados al comprobar que, incluso en el cine, toda historia tiene irremisiblemente su final. Sería preciso marcharse de allí, salir huyendo entre tinieblas antes del desenlace, en el cine como en la vida, para mantener en el recuerdo, quién sabe si para siempre, esa suave sensación de las cosas que, si no llegaron a pasar en realidad, deberían haber sucedido.

Por eso detesto ir con otros al cine. Por eso aborrezco el ritual de las colas, los comentarios en la espera y las hojas de sinopsis con extractos de crítica; y la luz de la sala, siempre áspera, que impone el presente cuando se acaba el cine; y los comentarios intelectuales de los acompañantes; y las películas entretenidas, esas que hacen pasar un buen rato. Por eso considero que escribir sobre cine es un esfuerzo inútil, porque lo importante, las sensaciones, las rememoraciones que despierta, se quedarán siempre desfallecidas en la penumbra, en algún lugar intangible más allá de la pantalla, formando parte de esos fuegos fatuos, de esas sombras chinescas de nuestra melancolía que la luz áspera aniquilará. Se puede analizar una película o hablar de un director, se puede teorizar sobre cine, diseccionar el fenómeno como quien opera a corazón abierto, pero no se puede escribir sobre cierto nivel del cine como no se puede escribir sobre el recuerdo, porque el cine suele ser a menudo una experiencia privada, el territorio del deseo y, por tanto, imposible de expresar con palabras sin dejar de nombrar lo relevante.

Tal vez por eso me fastidia que muchos, al salir de la sala, se sientan en la obligación de decir algo inteligente sobre la película recomendada por algún conocido entendido en la materia. Prefiero ir al cine como aquellos que intuyen lo inútil que resulta hablar de cine más allá de los puros tecnicismos o las asépticas sociología o psicología fílmicas, como los que no esperan que les cuenten una historia —ni siquiera su propia historia real o deseada—, pues el cine, al fin, no cuenta nunca historias, aunque aparente contarlas. El buen cine al menos, no cuenta historias como pensaríamos que una historia debe ser contada.

Y así, un día cualquiera, tropezamos en la calle —por casualidad— con alguien que va deprisa porque llega tarde y, por pura inercia de la conversación, le acompañamos en su carrera y acabamos sentados en una sala oscura a la que decidimos entrar en el último momento, porque hace frío fuera o hace frío dentro. No sabemos qué vamos a ver. Nos sentamos entre tinieblas con la película empezada y se deslizan ante nosotros imágenes perturbadoras por su belleza, en un principio incomprensibles, aunque capaces de alertar las sensaciones, con un peculiar sentido del tiempo y de la narración tan antifílmico en el fondo —antifílmico respecto a lo que nos han dicho que debe ser el cine. Y, probablemente, nos inquietamos un poco en la butaca y no acabamos de entender, durante un buen rato, de qué trata la historia — tan acostumbrados nos tiene el cine a contarnos historias. Podemos hasta llegar a lamentar no haber entrado un poco antes para seguir la narración desde el principio y de este modo comprenderla.

Luego, poco a poco, la historia se va haciendo transparente, aunque sería mejor decir que observamos cómo en esa propuesta de vaivén los principios y los finales son puros accidentes, tal y como siempre pasa con cierto tipo de cine. Resulta de este modo irrelevante no saber de qué ni de quién se habla, porque, como sucede en el cine más contundente —más fílmico al final, el que no cuenta historias como se supone debe ser contada una historia—, sólo se habla de nosotros, de esas sensaciones ambivalentes que no sabríamos nombrar ni compartir, aunque sean tan fuertes que hacen daño. Entonces, frente a esas imágenes de alguien cuyo nombre aún desconocemos, pensamos, como escribió una espectadora de Gorki a Tarkovski después de ver El espejo: no estamos solos.

Invadidos por esta sensación privilegiada, salimos antes de que la sala se ilumine y repetimos el ritual un día tras otro, muchos días, incluso semanas, buscando recuperar la nostalgia, las nostalgias, porque la nostalgia siempre es mucha y diferente. Volvemos tantas veces que conocemos cada plano de memoria, cada luz, cada ruido, cada découpage, cada ángulo, cada frase, y regresamos siempre con el miedo de que el sentimiento dulce y triste ya no siga allí donde lo dejamos la tarde anterior. Por fin, un día cualquiera, siendo conscientes de que no estamos solos, de que alguien nos habla con un lenguaje que entendemos, decidimos aprender el sonido de su nombre, aunque temamos que, como pasa a menudo con lo que más se ama, el conocimiento agote el magnetismo…

de BLOG INTERMEDIO

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TRILOGÍA DEL LAGO HELADO, de Gustavo Fontán

TRILOGIA LAGO HELADO

En 2013 comenzó una inquietud para mí: filmar el mundo de manera más inmediata, mirar lo contiguo sin mayor intervención que una cámara, mirar lo que sucede, en el momento que sucede, robar fragmentos del mundo. Los procesos dilatados de la producción de una película, la intermediación de un equipo, sentí, me impedían llegar a una zona de la mirada más ingenua, más intuitiva, más visceral. Empecé a trabajar entonces con una cámara y una idea que, en líneas generales, muy generales, responden a la idea de “diario”.
Resultado del trabajo de estos años son tres películas que conforman “La trilogía del lago helado”: “El estanque” (Sobre textos de “Manual para sonámbulos”, de Gloria Peirano), “Lluvias” y “Sol en un patio vacío”.
Fiel a mí mismo, las pienso en un ciclo, un modo de mirar el mundo que se afianza y se modifica (los dos movimientos son simultáneos, continuidad y alteración) en cada película.
Aunque esa inmediatez entre el mundo y la mirada es constitutiva de este grupo de películas, ninguna de ellas existiría sin un grupo de personas que me acompañaron, que propusieron, que crearon, que las hicieron crecer: Gloria Peirano, Mario Bocchicchio, Abel Tortorelli, Andrés Perugini, Guillermo Pineles, Alejandro Nantón, Gustavo Schiaffino, Carolina Reynoso. Esa inmediatez no implica de ningún modo una tarea solitaria, sino simplemente otro modo de producir y pensar el cine. Cada uno de ellos aportó, desde distintos lugares, su sensibilidad y sus conocimientos para que este cuerpo de películas respirara.

Gustavo Fontán
Jueves de Octubre en TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

THE LIFE AND DEATH OF A PORNO GANG, DE Mladen Djordjevic

SERBIA- 2009 – 106 MIN

JUEVES 26  DE OCTUBRE – 20:30 HS 

En TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

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Marko es un joven director de 30 años de Belgrado. Tras no conseguir financiación para su primera película, conoce de casualidad a Cane, un director porno y empieza a hacer películas con él. Entonces se le ocurre la idea de mezclar porno y teatro, creando el primer cabaret porno. Pero a las autoridades no les gusta un pelo, y con el resto de la compañía deciden hacer una gira por la Serbia rural. Allí seguirán con las aventuras y descubrirán el mundo del snuff… (FILMAFFINITY)

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“The Life & Death of a Porno Gang” es una película escrita y dirigida por Mladen Djordjevic, una secuela paralela de su documental acerca de los actores porno serbios: “Made in Serbia”. Muchas veces se le preguntó al director que cuál era su obsesión de filmar acerca de estos actores de la industria, y siempre ha respondido: “para encontrar lo oculto”. Por ello la película que nos compete funge como un espejo de la realidad que busca exponer lo que no se ve. Una sociedad apática y desmoronada, pero vista a través de los ojos de aquellos que producen pornografía en ese país. El porno casero y amateur que se produce por quienes, para ganarse la vida, son vistos como lo más bajo de la escala social.

Y es curioso, Ruggero Deodato generó críticas a la sociedad occidental usando sus sanguinarios caníbales, mientras que George A. Romero atacó al racismo gracias a sus muertos vivientes. En el caso de Djordjevic, éste generó una fuerte crítica al Serbia que nadie conoce, usando como personajes un puñado de actores porno, marginales e incomprendidos. Estamos hablando de un film de horror, visceral y hasta gore que se desarrolla de forma enfermiza en los mismos tópicos que “A Serbian Film”: la pornografía y el snuff, pero con un telón de fondo más evidente y explícito, más allá de lo visceral.

Cómo es que en la sociedad Serbia de hoy en día se miran unos con otros en una feroz batalla rutinaria y conservadora, teniendo a sus espaldas esos antecedentes históricos de guerras y violencia, y lo que provocó la sin censura del cine como industria y la propia televisión. Cómo es que se vuelca la sensibilidad del arte y el porno, volviéndose para ese ambiente y situación: “repugnante”. De ahí que este film nos lo parezca, porque reúne con sus personajes todo aquello que se critica, o todo aquello que es prohibido. El propio Mladen Djordjevic confesó haber intentado hacer la metáfora del Eros contra el Tánatos haciendo uso de estos elementos.

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He ahí el nombre de la película. Conoceremos la vida y la muerte, de forma literal y hasta interna, de estos sujetos atrapados en un micro mundo sin oportunidades, yendo contra la corriente. Una mirada desoladora y repulsiva, pero que aún siéndolo, el tratamiento de Djordevic lo hace hermoso y hasta estético.

La película posee cierto halo destructivo no sólo contra la sociedad Serbia, sino también con la propia existencia. De ahí que la ética y la moral choquen contra sus actos. De ahí que los cuestionamientos de cada uno de los personajes se inclinen más a comprender cada faceta de sus vidas. El por qué de lo que ocurre, el por qué de seguir o hasta el por qué de morir. Una especie de viaje entre paraíso e infierno, de placeres carnales que se tuercen a la perdición, y uno a uno se va consumiendo. Una posible referencia al existencialismo de corte francés, muy al estilo “A puerta cerrada” de Paul Sartre. Atrapados y soportándose unos con otros en su propio infierno.

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BROTHERS OF THE NIGHT, de Patric Chiha

JUEVES 19 DE OCTUBRE – 20:30 HS 

En TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

 

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Un grupo de jóvenes búlgaros llegan a Viena en busca de libertad y de dinero fácil. Venden sus cuerpos como si fuera todo lo que tienen. Sólo les consuela, y también reconforta, el sentimiento de pertenencia a un grupo. (FILMAFFINITY)

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Trailer
https://www.youtube.com/watch?v=LwOFej3Zo3A

Kalinga Utkal, de Pablo Picco

Argentina, India y Nepal – 2017 – 85 min

JUEVES 12 DE OCTUBRE – 20:30 HS – en TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

ESTRENO EN CÓRDOBA, CON LA PRESENCIA DEL DIRECTOR

Entrada libre – Contribución voluntaria

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Kalinga Utkal es un documental experimental filmado en India y Nepal. Por el camino que va trazando, recorre caóticas ciudades inundadas por el corazón latente de la fe hinduista y budista . Sin dejar de marcar el ritmo propio del pulso interior, las imágenes que combinan el concepto de cine-ojo, se van mezclando con secuencias deformadas y manipuladas en una travesía introspectiva de collage digital artesanal.

La Eternidad no es el cosmos / La Eternidad no es la nada / La Eternidad es el desierto, que con tus ojos mira.

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VER TRAILER

 

TRIPLE FUNCIÓN en CORTÓPOLIS

JUEVES 5 DE OCTUBRE

Funciones en el TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba
Entrada libre – Contribución voluntaria

Este jueves tenemos triple función en el marco de la MUESTRA CORTÓPOLIS 2017!

20.00 hs. Cortos Emergentes 2016

Tercera edición de este proyecto que Cineclub La Quimera viene impulsando desde el año 2014. Un grupo de realizadores es invitado a reflexionar y a compartir procesos de trabajo e ideas en torno al lenguaje cinematográfico.

En programa:

Amor fou, de Ana Fernández Comes

Usted está aquí, de Natalia Zamar

Stalker II: El desierto de la compañía, de Diego Martínez

Sin título, de Juana Zuñiga. Musicalizado en vivo.

La entrega de Nicanor, de Orlando Rossomando

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21.00 hs. Nitrato argentino científico  

Selección de cortometrajes restaurados por el Museo del Cine y sono-musicalizados en vivo por Club Sportivo Tritono,

dúo integrado por Atilio Sánchez y Federico Disandro.

En programa:

  • Una excursión al país de los crustáceos

    La flor viviente que encierra el mar

    La vida del corazón

    Oceanografía entre los echinodermes

    La medusa

    Una serpiente inofensiva – la culebra

     

    Cacería de fieras en África

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22.00 hs. Foco Fred Halsted

Nacido en Long Beach y crecido en el Estado de California, Fred Halsted capturó filmicamente Los Ángeles en L.A. Plays Itself (1972) como pocas otras películas podrían haber hecho. Dicha película manifiesta explícitamente el espíritu de outsider que siempre mantuvo Halsted. Su decisión de mantenerse en la marginalidad y reivindicar esa misma esfera se manifiesta en otros cortometrajes que dirigió en los años setenta como Sex Garage y Sextool. Su apogeo profesional llegó con la adquisición por parte del MoMA de su obra en la colección permanente del museo.

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