Cineclubismo en Córdoba

“El siguiente texto fue escrito por cineclubistas de Córdoba ante la convocatoria a una reunión de cineclubes realizada por la Dirección de Cine de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Provincia de Córdoba, bajo el nombre de programa “Siembra de Cineclubes”, llevada a cabo el sábado 11 de octubre en la Ciudad de las Artes”

El cineclubismo es, en Argentina hoy, en las condiciones actuales que impone la legislación vigente, una actividad clandestina y alternativa a los cánones comerciales culturales habituales, ajena a los intereses económicos de la “industria cinematográfica”. No vamos a extendernos en este espacio, recitando su importancia pedagógica, cultural y social, tanto para profesionales del cine como para el público inquieto y despierto. Su condición de clandestinidad y su casi nula pretensión económica, la transforman en una actividad sumamente vulnerable que solo depende de la excepcionalidad (en los dos usos públicos de la palabra: de excepción y de excepcional) de las personas que cargan con la tarea al hombro y se hacen cargo de ella, sin ningún (o casi ningún) tipo de apoyo alguno,  sabiendo que su lucha es quijotesca.

El primer frente de batalla es legal. Insistimos que si la clandestinidad es la regla, el peligro y vulnerabilidad frente a un aparato que se pretende industrial y que quiere regir todos los estamentos de la exhibición en salas oficiales (las comerciales, las “benditas” multisalas) y su posterior distribución en videoclubes, deja al margen a los cineclubes y a los espacios alternativos porque la industria jamás se hace ni se hizo nunca cargo de lo “alternativo” porque no le interesa y peor aun, porque lo desconoce: cuando lo conoce y no le interesa, la industria se vuelve coercitiva, censuradora y criminal. Frente a la censura, coerción, cercenamiento de las posibilidades de elegir (y por ende de la libertad de elección del espectador) y crimen cultural (que no se conozca la obra de Hou Hsiao Hsien, Agnes Varda, Jorge Sanjinés, o Mariano Llinás, para nombrar solo azarosamente algunos nombres entre miles), es un crimen cultural que comete el estado (INCAA). El cineclub se plantea como espacio cultural esencial y vital de resistencia y, lo paradójico es que para la industria, quienes trabajan al margen (sabiendo de que en la escasez de elección hay un mundo que se pierde de ser conocido y una posibilidad menos de enseñar a creer en el arte y en un mundo mejor, los cineclubistas somos románticos, sí, y tal vez sea esa nuestra mejor arma) somos los ilegales y criminales incorregibles!!! Si Córdoba quiere insistir con este foco de cineclubes y fomentarlo, debe revertir esta paradoja fundamental, dándole marco verosímil y protección legal a la actividad.

Ponemos un ejemplo concreto: en el blog del Cineclub La Quimera, con motivo de los pases de las películas BELLE TOUJOURS de Manoel de Oliveira y PARANOID PARK de Gus Van Sant, un posteo de un lector anónimo, hizo el siguiente y tendencioso (o probablemente bien intencionado para generar este debate) comentario: A las películas“¿Las bajan o las compran? ¿Saben que la de Oliveira y la de Van Sant se estrenan este año? ¿Está bien que un cineclub pase pelis que se van a dar en salas?” (https://laquimera.wordpress.com/2008/07/02/peliculas-cortas-para-un-invierno-largo/#comments). La respuesta es una sola y tajante: SÍ, ESTA BIEN QUE UN CINECLUB PASE ESTAS PELICULAS, SEAN BAJADAS DE INTERNET O DEL CIELO O COMPRADAS ORIGINALES EN ARGENTINA O EN POLONIA, POR MAS QUE ESAS PELICULAS SE ESTRENEN EN LOS CINES COMERCIALES POSTERIORMENTE, VAYA A SABER UNO, CUANDO Y DONDE.

Este comentario es síntoma de la mediocridad social de una  comunidad. Es obvio que esas películas fueron conseguidas de forma “ilegal”, por más que hayan sido compradas originales en Europa o EE.UU., en DVDS zona 1 o zona 2. Las ridículas reglas del mercado de distribución y exhibición de nuestro país no las permiten, solo las limitadísimas en cuanto a variedad y la mayoría de las veces, pésimas copias DVD zona 4, pueden ser exhibidas y comercializadas en nuestro país, y esto es solo cuando estas películas tuvieron estreno comercial en multisalas, cumplieron su circuito de exhibición, fueron pasadas a DVD, y solo 2 AÑOS!!! después de su comercialización en videoclubes, pueden ser pasadas en un cineclub. Una ridiculez total y absoluta que fomenta una ley creada por ‘talentosos’ imbéciles, que aun entienden al cine según la premisa de ese lector anónimo que hizo el comentario. Las salas de cine y todos los videoclubes del país, no protegen ni les interesa en los mas mínimo películas de Oliveira y Van Sant y, cuando las distribuyen por casualidad sin saber porque lo están haciendo, lo efectúan en pésimas condiciones y sin ningún cuidado por el material artístico que poseen. Nuevamente, el Cineclub es quien debe proteger la obra de arte cinematográfica y darle el marco (crítico, teórico, espacial y conceptual) adecuado para que ellas puedan ser disfrutadas, comprendidas y aprehendidas por la mayor cantidad de personas posibles. Ni un Hoyts ni un Blockbuster lo harán. El cineclub, sí.

Entonces, no pueden regirse las mismas leyes ni formas. Los cineclubes que protegen el CINE, deben ser cuidados y esto tiene que ser una cuestión de estado, de ley. No marginales. Porque no solo son marginales legalmente sino, con el ejemplo de esa persona que escribió ese posteo, hasta se la margina socialmente, porque esa persona no entendió nada de CINE ni de lo nocivas que son las industrias que no tienen otro criterio que el ánimo de lucro.

Ahí es necesaria una nueva ley que entienda al CINE como medio de expresión humana y que comprenda en profundidad las prácticas del cineclubismo, además de una industria que eduque a una población para dejar de marginar estas prácticas. Es francamente tonto y mezquino, mal intencionado, seguir pensando que si una película es pasada en un cineclub, le resta público a una sala comercial o a un video club: este pensamiento es limitadísimo, e insisto, de una mezquindad total.

Como suele decir Juan José Gorasurreta, la generosidad y la humildad desinteresada debe ser la ley del cineclubista: no lo es en lo más mínimo el de la industria. Que La Quimera proyecte PARANOID PARK y BELLE TOUJOURS es un favor que se le hace al CINE, al mundo y a la sociedad. Así, se beneficia tanto directa como indirectamente las salas de cine comerciales y los videoclubes: las prácticas empresariales que rigen la mayoría de esta actividad, no lo ven así o, mejor dicho, no lo quieren entender de esa forma. El beneficio es total y mutuo para todos  y no debe ser censurado. Desgraciadamente, en nuestra ciudad de Córdoba (la docta?), todavía existen personas y cineclubes y salas de reposición, que aun entienden que si La Quimera o cualquier otro cineclub pasan estas películas, le saca gente (y plata, posibilidad de lucro personal y comercio) a otras salas. Esta situación debe ser revertida.

El segundo frente de importancia en batalla es económico. La práctica de cineclubismo es, en su gran mayoría  sin fines de lucro o lucro mínimo, basado en baratísimas entradas de cine, en bonos contribución o cuotas mensuales abonadas por los espectadores interesados o a través de venta barata de catálogos con la programación. El interés primordial del cineclub es que sus salas se llenen y que la gente disfrute de las propuestas alternativas, que las discuta, que se vean confrontados/reflejados por esas propuestas, agraciados, molestados, sensibilizados, etc.  Ningún cineclubista quiere sus salas vacías y todo cineclubista quiere compartir con otros, el objeto de su amor que es el CINE. Hacerlo una práctica social porque todavía cree en él como práctica social, hoy más que nunca, es necesaria e indispensable. Para esto es necesario captar públicos y llevar gente a las salas, educarlo en la mirada y ampliar sus límites perceptivos en el cine, que es lo mismo que ampliar los límites perceptivos de la realidad y el mundo que nos rodea para poder interactuar mejor con y en él. Para todo esto se necesita conocimiento, difusión y apoyo económico. Un proyector cuesta mucho dinero, una pantalla también, conseguir el material alternativo de exhibición (por más internet que exista) es difícil y sumamente costoso, la difusión también es costosa desde el diseño de un folleto, dossier o afiche. El tiempo invertido en programar, escribir reseñas/criticas que puedan acompañar a las películas exhibidas en la programación y el tiempo utilizado en la difusión de la obra, sea una presentación previa o una charla/debate realizada después de forma seria y profesional, es trabajo no remunerado. Sabemos que en este país (y el mundo) suele despreciar el trabajo intelectual y considerarlo (in)digno de ser pagado. El del cineclubista es un trabajo manual y  trabajo intelectual no remunerado.

Para esto se necesita proteger al cineclubista para que pueda ejercer su actividad apasionadamente, con tranquilidad, con coherencia, con un objetivo solidario socialmente, ya sea dándole marco legal y ayuda económica en lo que precise: equipamiento, difusión, impresión de folletos, afiches, espacio en los medios de comunicación oficiales y no oficiales. Y que esto no dependa, como hasta ahora, solo de la excepcionalidad de las personas que lo hacen ni del aporte desinteresado de sectores privados, que es beneficioso que lo hagan, pero apoyo que, por su carácter, tal vez no puedan sostener en el tiempo. Entonces, la existencia de un cineclub depende de la “generosidad” de una institución privada que desee hacerlo y, cuando esto no ocurre, pone en peligro su existencia. Ahí es necesaria la mano del estado para subsidiar y fomentar la práctica en forma sostenida y sustentable en el tiempo.

¿Qué sucede en este contexto negro hoy, en Córdoba, con los cineclubes?

En el mismo momento en que las salas comerciales ven disminuir su recaudación, mientras los espacios oficiales de difusión de un cine alternativo suspenden funciones por falta de espectadores, en Córdoba florecen las propuestas de cineclubes. Hay, como publicó en tapa de su suplemento de espectáculos  el diario más importante de nuestra provincia, una ‘explosión de cineclubes’. Y en los cineclubes, que trabajan al margen de cualquier apoyo, florecen las funciones, las propuestas y los espectadores que se nutren de ese cine distinto que llega a la pantalla, esa página ‘en blanco’ de la que hablaba Godard.

Paulatinamente, los cineclubes han ido conformando una red: a partir de la función nuclear que ha ejercido el Cine Club La Quimera, estos espacios han llevado adelante acciones en conjunto que han permitido la visita de importantes directores de cine a presentar sus películas, como el caso reciente de la gira estreno de CORAZÓN DE FÁBRICA, de Virna Molina y Ernesto Ardito, en la que el estado no realizó aporte alguno.

Los cineclubes estamos cambiando el panorama de lo que se exhibe en Córdoba, haciendo posible una realidad diferente para la difusión del cine. Y lo estamos haciendo con nuestras propias fuerzas, fuerzas que provienen de la realidad de espectadores que hemos conseguido movilizar.

Lo verdaderamente novedoso de esta explosión de cineclubes es que ello significa en sí mismo, el síntoma de la existencia de vasos comunicantes entre distintos espacios cineclubísticos y personajes amantes del cine, que se facilitan el material, comparten experiencias, nos ayudamos a crecer, y hasta nos animamos a producir, en conjunto, visitas de directores, cursos alternativos, ciclos de cine organizados por diferentes entidades del quehacer ciudadano. La potencialidad de la articulación que esos esfuerzos significan, recién comienza a verse.

Los cineclubes no necesitamos del estado para articularnos porque, en distintas medidas y grados, esa articulación ya existe. No necesitamos que el estado nos baje línea respecto a cómo realizar la tarea y qué programar, porque la experiencia de formar un público y un proyecto coherente, se realiza en el ejercicio de poner el cuerpo ante las particulares realidades con las que a cada uno nos toca confrontar en la tarea de producir, distribuir y difundir cine. No necesitamos que se nos facilite material porque, afortunadamente, existen múltiples redes para llegar a él. Por ejemplo, pidiéndoselo a los mismos directores de cine, casi siempre dispuestos a colaborar con una red de difusión al margen de la miseria y de las trampas de la industria cinematográfica o una relación que ya existe entre cineclubes hermanos (Cine Club CON LOS OJOS ABIERTOS, LA LINTERNA MAGICA, LA QUIMERA/EL CALEFON, 9 REINAS, SANTA FE, ROSARIO, CENTRO CULTURAL SABATO, etc.)

La mencionada explosión de cineclubes no hace más que potenciar la legitimidad de reclamar al Estado un apoyo legal y material, creíble, sustentable, concreto. Nuestra convicción es que ese apoyo sea viable y que debe ser brindado en los términos expuestos en este documento, sin que su materialización efectiva habilite al estado a pretender apropiarse de la actividad cineclubística, ya que ésta, por encima de todo, es una expresión cultural esencialmente libertaria, es decir, hostil por naturaleza a condicionamientos burocráticos y/o de control político.

Elevamos este planteamiento con la determinación de que la idea de ‘siembra de cineclubes’ no se agote en una fórmula retórica, en un mero slogan para adornar folletos oficiales, sino que se haga realidad a partir de un compromiso verdadero, concreto, tangible, de sus mentores, a través de mecanismos y dispositivos en cuyo diseño y aplicación, los cineclubistas podamos tener una participación decisiva, sin condicionamientos.

Firman en orden alfabético:

María Victoria Alonso (ACIC, Asociación de Cultura Israelita de Córdoba)

Matías Aleu

Ana Apontes (Cineclub LA QUIMERA, Córdoba Capital)

Elpidio Blas (Cineclub CINE EN EL TEATRINO TRAPALANDA, Río Cuarto)

Samanta Bellini (Cine Club QUE PRETENDE UD. DE MI…?, Canals)

Magdalena Bressler (Cosquín)

María José Bressler (Cosquín)

Pablo Joaquín Bonetto (Cineclub QUÉ PRETENDE USTED DE MI…?, Canals)

Jimena Bustos (Cineclub LA QUIMERA, Córdoba Capital)

Rodrigo del Canto (Cine Club 9 REINAS, La Carlota)

Emiliano Cárdenas (Cineclub LA LINTERNA MÁGICA, Río Ceballos)

Alejandro Cozza (Cineclub LA PASIÓN DE LOS FUERTES, Córdoba Capital)

Lotty Cuadrado

Lucas Gómez (Cineclub LA LINTERNA MÁGICA, Río Ceballos)

Enrique González (docente y cineclubista)

Juan José Gorazurreta (Cineclub LA QUIMERA, Córdoba Capital)

Lorena Hurtado (Cineclub PERFUME DE MUJER, Vicuña Makena)

Sofía Kenny

Guillermo Mondino (Cine Club 9 REINAS, La Carlota)

Sabrina Moreno

Hugo Martínez (Cine Club Arte UN PERRO ANDALUZ, Embalse)

Inés Moyano (Cineclub CINÉFILO, Córdoba Capital)

Lucas Olmos

Martín Olivero (cineclub EL RESPLANDOR, Monte Buey)

Miguel Paris

Graciela Perícola (docente y cineclubista)

Julia Pesce (Cineclub LA QUIMERA, Córdoba Capital)

Cecilia Quevedo (Biblioteca Popular Ricardo Rojas, Villa Rumipal)

Jorge Rey (Cineclub del CENTRO CULTURAL SÁBATO, Mina Clavero y Cura Brochero)

Rosendo Ruiz (Cineclub CINÉFILO, Córdoba Capital)

Ezequiel Salinas (Cineclub LA QUIMERA, Córdoba Capital)

Jorge Salvador

Claudio Sosa (Videoteca del Mirador)

Ester Sicotti

Adrián Tallapietra

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2 comentarios en “Cineclubismo en Córdoba

  1. […] Estos espacios, que en sus comienzos, fueron trabajando individualmente hoy no se sienten tan solitarios, ya que desde fines del año 2008 los cineclubistas, de distintos lugares de la provincia, se vieron las caras y comenzaron a interactuar, a debatir, a encontrarse, desencontrarse en las discusiones que los comprometían, a enredarse y desenredarse por y para el cine. Generosamente, firmaron un manifiesto que puede leerse completo la Web. […]

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