Teatro La Luna
Pasaje Escuti 915 esquina Fructuoso Rivera
Jueves 23 de mayo de 2013 21 horas.
El testamento del Dr. Mabuse de Fritz Lang
Alemania, 1933. 122’.
Más Sobre La Película
Teatro La Luna
Pasaje Escuti 915 esquina Fructuoso Rivera
Jueves 23 de mayo de 2013 21 horas.
El testamento del Dr. Mabuse de Fritz Lang
Alemania, 1933. 122’.
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Teatro La Luna
Pasaje Escuti 915 esquina Fructuoso Rivera
Jueves 16 de mayo de 2013 20,30 horas.
LA CAJA DE PANDORA de Georg Wilhelm Pabst
Alemania 1929, 109´
“Los dioses griegos crearon una mujer: Pandora. Era hermosa, seductora. Dominaba el arte del halago que ofuscaba los sentidos. Pero los dioses le ofrecieron también un recipiente en el que había encerrado todo el mal del mundo. En su imprudencia abrió aquella caja ¡Y sobre nosotros se precipitó la desgracia!”
Teatro La Luna
Pasaje Escuti 915 esquina Fructuoso Rivera
El testamento del Dr. Mabuse de Fritz Lang
Alemania, 1933. 122’.
El inspector Lohmann recibe una llamada telefónica de Hoffmeister, un antiguo miembro del Departamento de Policía para denunciar un asunto de falsificación. Pero éste sufre un atentado que lo enloquece por completo antes de poder revelar los detalles, incapacitándole como testigo. Las investigaciones del inspector Lohmann en seguida le conducen hacia el famoso criminal Dr. Mabuse. Sin embargo, el Dr. Mabuse yace en una clínica psiquiátrica encerrado desde hace años… Se trata del asilo del Dr. Baum, un eminente psiquiatra fascinado por el genio del Dr. Mabuse y por el legado de éste: una especie de testamento donde detalla el camino a seguir para la institución del Imperio del Crimen.
Teatro La Luna
Pasaje Escuti 915 esquina Fructuoso Rivera
Jueves 09 de mayo de 2013 20,30 horas.
EL GOLEM de Paul Wegener y Henrik Galeen.
Alemania, 1920. 72’.
El Golem
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.
Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,
la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
“esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.”
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de
hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ‘¿Cómo’ (se dijo)
‘pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?’
‘¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’
En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
Jorge Luis Borges