EL ESTANQUE, DE GUSTAVO FONTÁN

(Sobre textos del MANUAL PARA SONÁMBULOS de Gloria Peirano)

ARGENTINA – 2016 – 62 MIN

JUEVES 16 DE NOVIEMBRE – 20:30 HS 

CICLO TRILOGÍA DEL LAGO HELADO (VER PROGRAMACIÓN)

Función en el TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

vlcsnap-2017-11-11-15h15m20s110

Un recorrido por el mundo cotidiano. Calles, plazas, zoológico, casas, techos, hombres, mujeres, rutas, pero todo mirado como si ese mundo fuese ajeno, estuviese perdido en el tiempo.
El mundo está ahí, pero ya no hay dónde posarse.
Una película que habla del mundo cotidiano, pero con la voz de los sonámbulos: una especie de continuo, nocturno y ciego, que nadie sabe bien qué es.

Textos: Gloria Peirano
Montaje: Mario Bocchicchio
Sonido: Andrés Perugini
Voz en off: Gustavo Fontán
Producción ejecutiva: Guillermo Pineles
Producción: Gustavo Schiaffino, Alejandro Nantón, Guillermo Pineles.
Coordinación de postproducción: Alejandro Nantón
Cámara, guión y dirección: Gustavo Fontán
Una producción de Insomniafilms, Terecera Orilla, Incaa

vlcsnap-2017-11-11-15h16m34s533vlcsnap-2017-11-11-15h18m44s782
vlcsnap-2017-11-11-15h15m43s139

“Si las palabras son continuas –dice Gloria–, existe entonces una posibilidad”. Un poco después, el propio Fontán dice: “Hay una frontera difícil de describir en los sonámbulos, viven en la rasgadura del hielo y desde allí hablan. Y lo que quieren es hablar, continuamente; que las palabras no cesen jamás”. En el cine de Fontán, siempre está presente una poética que organiza el todo; he aquí una declaración indirecta: hacer un filme cuyo punto de vista esté situado en la rasgadura. Todo lo que sucede en El estanque es la combinación de breves meditaciones sobre el sonambulismo, escenificadas en algunos tramos como si fueran esbozos de los sueños de Gloria Peirano, escritora y compañera del director, que además es sonámbula. El relato habla de un estanque, de un niño que lleva un hacha, de una mujer con cicatrices; algún plano ilustra algún recuerdo, alguno otro es una respuesta a una frase dicha en pleno trance. Pero todo es enigmático, porque el sonambulismo lo es. ¿Qué es un sonámbulo? Un hombre o una mujer que habla, se desplaza, abre los ojos, pero sigue durmiendo. El lenguaje suena, pero no hay exactamente un enunciador; se habla, sin que alguien hable. Bajo tales coordenadas simbólicas, Fontán se aventura en ese misterio. Que haya elegido filmar felinos, reptiles y cuadrúpedos no es una casualidad. El lenguaje separado de Gloria lo empuja a considerarla, intermitentemente, animal, pues cada vez que el lenguaje la abandona y una entidad ajena la ocupa, ella es pura animalidad. Es el filme más amoroso del director, y acaso también un filme de terror.

Roger Koza

LEER ARTICULO COMPLETO

vlcsnap-2017-11-11-15h17m47s174

 

Anuncios
EL ESTANQUE, DE GUSTAVO FONTÁN

AQUELLO QUE MIRAMOS

sobre Lluvias

fotos lluvias 2

¿Por qué escribimos diarios? ¿y por qué, si tenemos una cámara cerca, la encendemos para registrar una parte de nuestra vida? Se escucha un trueno y decimos: hay que grabar esta lluvia. Las personas que amamos deambulan por la casa y también las filmamos, las dejamos convertidas en una imagen. No sabemos cuándo ni cómo, ese material podría llegar a ser una película. Pero no estamos pensando en eso sino en la inmediatez, en la urgencia de que algo que es cierto ahora pueda seguir siéndolo unos años más tarde. Los recuerdos, a veces, se escriben en imágenes. Quizá por eso hacemos diarios. Para resistir el paso del tiempo.

Lluvias, la segunda película de la Trilogía del lago helado, entiende bien esta idea. Es cierto que mirando la filmografía anterior de Fontán podríamos reconstruir una buena parte de su historia personal, pero sucede que aquí el dispositivo es mucho más directo: es su propia mano la que tiembla cuando sostiene la cámara. La voz que escuchamos es (al fin) la suya. El joven que baila es su hijo, el padre es su padre, la mujer es su compañera. Esa sensación de verdad nos instala desde un comienzo ante un mundo sagrado, personal, al que sólo podemos acceder gracias a la película.

Un rasgo habitual en el cine-diario, tradición dentro de la cual podríamos inscribir a Lluvias, es constituir una suerte de homenaje a las personas que forman parte de la vida del director. En este caso, son además quienes comparten una manera de entender el cine y el mundo. No es casual entonces que vayamos a conocer a Mario Bocchicchio, el montajista de todos los films de Fontán, que trabaja desde una esfera invisible pero definitiva.

La película comienza con este pasaje: es de noche, una vecina de piso toca el timbre de Gustavo, días después muere. El director entra en la que fue su casa, pero no filma la casa vacía: filma lo que la vecina veía desde la ventana. Creo que en ese pequeño gesto se expresa el enorme respeto con el que este director se para frente al mundo. La sencillez y generosidad que tiene para dialogar con los seres y las cosas.  

En medio de la abundancia de dispositivos de registro que tenemos hoy, Lluvias nos hace pensar que cualquiera de nosotros podría hacer esta película. Y siempre es bueno que un film nos estimule en ese sentido. Porque lo que queda claro es que no hacen falta cámaras costosas ni enormes diseños de producción: sólo sensibilidad y afecto por aquello que se mira. Y después entender cuándo filmar, cuándo dejar de hacerlo y qué de todo eso que quedó registrado abriremos a los otros, como una invitación de ir hacia adentro, hacia la intimidad de lo que somos.

Lucía Torres

AQUELLO QUE MIRAMOS

LLUVIAS, de Gustavo Fontán

ARGENTINA – 2015 – 62 MIN

JUEVES 9 DE NOVIEMBRE – 20:30 HS 

CICLO TRILOGÍA DEL LAGO HELADO (VER PROGRAMACIÓN)

Función en el TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

vlcsnap-2017-11-06-12h32m42s478

Entre dos lluvias, una película que se ofrece como un diario.
Llueve. Es de noche. La lluvia se enrosca como una serpiente en los faroles de la calle.
Una vecina, anciana, golpea mi puerta. Son las once de la noche. Está desesperada, pide rivotril. Unos días después muere.
Alguien deja su casa. Los objetos se cargan fríamente en un camión.
La muerte de una vecina, una mudanza, los cielos cargados de nubes, la luz sobre las cosas y los rostros, la operación de un anciano, un viaje nocturno…
Llueve. Los árboles se sacuden y tiemblan bajo el agua.
Entre dos lluvias, una mirada sobre la fragilidad humana.

Sonido: Andrés Perugini
Voz en off: Gustavo Fontán
Montaje: Mario Bocchicchio
Productor ejecutivo: Guillermo Pineles
Producción: Gustavo Schiaffino, Alejandro Nantón, Guillermo Pineles
Cámara, guión y dirección: Gustavo Fontán
Una producción de Insomniafilms, Tercera Orilla, Incaa

vlcsnap-2017-10-26-11h40m58s205

vlcsnap-2017-10-26-11h40m09s622

vlcsnap-2017-10-26-11h33m31s448

Ninguna cosa, ningún suceso están desprovistos de la potencialidad de suscitar la emoción estética. La lluvia, la muerte de un vecino, una demolición, una mudanza, la memoria almacenada en un video casero en el que un niño juega con un gato y baila, una caminata en el bosque, la conducta de un transeúnte, el reflejo de un ramo de flores en un televisor apagado, los operarios de una obra que se ven desde la ventana pueden adquirir un matiz estético. Eso es lo que resplandece sin prepotencia alguna en Lluvias, película muy cercana a la tradición del diario personal de Jonas Mekas, aunque alejada del cosmopolitismo de este y teñida por la característica impronta poética de Fontán. La clave de la mirada asumida por el director de El limonero real consiste en acopiar signos y eventos cotidianos y estetizarlos para que se desmarquen de la insignificancia habitual que se les atribuye bajo otro código de significación. Dividida en capítulos y acompañada por dataciones no del todo completas, forma elemental de separación que apenas sugiere el paso del tiempo y un cambio en el estado de ánimo, la película ostenta un trabajo minucioso en su materia sonora que enrarece la apariencia de las cosas; así es como Lluvias prodiga varios momentos de una hermosura contundente: las secuencias que tienen lugar en un bosque de pinos son inolvidables, intensidad estética reconocible en toda la obra del director.

Roger Koza

LEER ARTICULO COMPLETO

vlcsnap-2017-11-06-12h34m19s413vlcsnap-2017-11-06-12h34m35s910

LLUVIAS, de Gustavo Fontán

TAMBIÉN LAS PELÍCULAS NACIERON PEQUEÑAS

sobre Sol en un patio vacío

vlcsnap-2017-11-02-13h04m02s195

Desde siempre, desde el título, las películas de Gustavo Fontán señalan un territorio a abordar, unas coordenadas simbólicas que en cierta medida serán transformadas frente a nuestros ojos por el cine (cito de memoria y a mi favor EL ÁRBOL, LA CASA, EL LIMONERO REAL, LA ORILLA QUE SE ABISMA, LA MADRE Y EL ROSTRO).  SOL EN UN PATIO VACÍO no será la excepción, y en todo caso y a toda regla, es la reducción fundamental de esa operación. Probablemente toda la Trilogía del lago helado lo sea.

Si las condiciones de su producción fueran el parámetro para medir la grandeza o la inteligencia de esta película, se usarían todos esos eufemismos banales que refieren a pequeñas obras de cámara y películas de transición en la obra de un autor y que sólo sirven para hacer cierta gala de una presumible pobreza de recursos. Pero en cambio, SOL EN UN PATIO VACÍO podría ser la demostración de que Fontán sigue haciendo los mismos pequeños poemas, y acaso en esta película no ha necesitado de agregar ninguna cosa, ningún elemento que escape del alcance prácticamente literal de sus manos.  Su manos, las de Fontán, que veremos en un par de reflejos fugaces que nos recuerdan lo cerca que se encuentra la mirada que da cuenta del universo. Y el universo es eso, el patio vacío, la playa, el agua en el parabrisas, el sonido que no sabremos nunca si fue oído o soñado en el insomne sopor del verano o la piel de esa mujer acariciada por el sol. Esa mujer que una y otra vez se fuga en el plano, y al que su asechanza parece entregarse la película. Esa mujer, que es como el Mcguffin de Fontán, para llevarnos a través de un universo donde el verde es intenso, donde la lluvia es apenas la sugerencia de un plop plop.

Curiosamente el universo de Fontán está poblado de dos cosas que rara vez falten en sus películas: el agua y los árboles. Y de estos dos son los árboles y las plantas las que con toda su fuerza, con todo su color nos hacen notar que el cine nació el día que un obrero salió de su fábrica, que un tren llegó a la estación y al decir de Fontán, que la lluvia mojó los árboles.

Y todo este territorio, poblado de árboles, de una mujer que se escapa, de agua, de un perro en el patio, de unas manos que sostienen una cámara frente a su reflejo, de un subte donde apenas distinguimos la cara de alguien junto a nosotros, donde el sonido no deja de recordarnos que el universo aún es perturbador a pesar de su belleza, todo ese territorio donde el cine repone a través de los objetos la casi total ausencia de otras personas. Salvo ella, salvo los árboles, salvo el mar, salvo todos esos planos que Fontán va engarzando uno a otro para fundar un poema, un lugar desde donde resistir al feroz sonido de este tiempo.

Ezequiel Salinas

TAMBIÉN LAS PELÍCULAS NACIERON PEQUEÑAS

SOL EN UN PATIO VACÍO, de Gustavo Fontán

ARGENTINA – 2014 – 61 MIN

JUEVES 2 DE NOVIEMBRE – 20:30 HS 

CICLO TRILOGÍA DEL LAGO HELADO (VER PROGRAMACIÓN)

Función en el TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

vlcsnap-2017-10-31-14h34m25s018

Dejar una casa.
Filmar los árboles antes de partir, la luz que uno se lleva.
Ir, con la medida de esa luz, hacia un lugar desconocido.
Filmar la distancia entre una casa y otra casa, un camino de ensueños, un espacio abismado.
Filmar retazos de realidad en tensión con aquella luz.
Filmar esa espiral del tiempo, el tiempo.

FICHA TÉCNICA
Sonido: Abel Tortorelli
Montaje: Mario Bocchicchio
Producción ejecutiva: Carolina Reynoso
Producción: Gustavo Schiaffino, Alejandro Nantón, Guillermo Pineles.
Cámara, guión y dirección: Gustavo Fontán
Una producción de Insomniafilms y Tercera Orilla, Incaa

 

vlcsnap-2017-10-31-14h34m14s734

vlcsnap-2017-10-31-14h34m10s380

ENTRAR AL CINE CON LA PELÍCULA EMPEZADA

VOLVER A LA NOSTALGIA. Por qué atrapa el cine de Tarkovski (Extracto)

Por Estrella de Diego

Seguramente deberíamos ir siempre al cine de la forma que proponía André Breton en Nadja. Habría que entrar sin premeditación en el ámbito oscuro, con la película empezada, sin conocer de antemano el programa, arrastrados por el azar. Habría que sentarse en la butaca, abandonarse a los sentidos sin prepararlos para la narración consensuada, sin dirigirlos por opiniones ni sinopsis, como quien entra y sale de un lago báltico en invierno. Habría que dejarse llevar por las sensaciones, pues el cine es ante todo sensaciones.

Deberíamos sumergirnos en el proceso de identificación sin culpa, como pura catarsis, y llorar si así lo requiriera la autopurificación. Llorar tanto que no quedaran lágrimas, sin pudor, sin vergüenza de mostrar públicamente lo privado: en el cine, como en el amor, uno siempre está a tientas y solo, aunque esté rodeado de gente.

Sería necesario subvertir la aparente esencia del cine donde hay principios y finales; ir al cine en busca de algo que no fuera la historia que se cuenta. Saber que en el cine, como en la vida, uno siempre acaba por identificarse consigo mismo, nunca con el personaje ni con la trama.

Y habría que salir de repente también, sin esperar a que acabara la película. Deberíamos dejar nuestro asiento cuando la intensidad de las sensaciones doliera casi aún. Habría que levantarse y enfrentar la luz de la calle antes de que los títulos nos devolvieran a la realidad, dejándonos abatidos en el asiento, decepcionados al comprobar que, incluso en el cine, toda historia tiene irremisiblemente su final. Sería preciso marcharse de allí, salir huyendo entre tinieblas antes del desenlace, en el cine como en la vida, para mantener en el recuerdo, quién sabe si para siempre, esa suave sensación de las cosas que, si no llegaron a pasar en realidad, deberían haber sucedido.

Por eso detesto ir con otros al cine. Por eso aborrezco el ritual de las colas, los comentarios en la espera y las hojas de sinopsis con extractos de crítica; y la luz de la sala, siempre áspera, que impone el presente cuando se acaba el cine; y los comentarios intelectuales de los acompañantes; y las películas entretenidas, esas que hacen pasar un buen rato. Por eso considero que escribir sobre cine es un esfuerzo inútil, porque lo importante, las sensaciones, las rememoraciones que despierta, se quedarán siempre desfallecidas en la penumbra, en algún lugar intangible más allá de la pantalla, formando parte de esos fuegos fatuos, de esas sombras chinescas de nuestra melancolía que la luz áspera aniquilará. Se puede analizar una película o hablar de un director, se puede teorizar sobre cine, diseccionar el fenómeno como quien opera a corazón abierto, pero no se puede escribir sobre cierto nivel del cine como no se puede escribir sobre el recuerdo, porque el cine suele ser a menudo una experiencia privada, el territorio del deseo y, por tanto, imposible de expresar con palabras sin dejar de nombrar lo relevante.

Tal vez por eso me fastidia que muchos, al salir de la sala, se sientan en la obligación de decir algo inteligente sobre la película recomendada por algún conocido entendido en la materia. Prefiero ir al cine como aquellos que intuyen lo inútil que resulta hablar de cine más allá de los puros tecnicismos o las asépticas sociología o psicología fílmicas, como los que no esperan que les cuenten una historia —ni siquiera su propia historia real o deseada—, pues el cine, al fin, no cuenta nunca historias, aunque aparente contarlas. El buen cine al menos, no cuenta historias como pensaríamos que una historia debe ser contada.

Y así, un día cualquiera, tropezamos en la calle —por casualidad— con alguien que va deprisa porque llega tarde y, por pura inercia de la conversación, le acompañamos en su carrera y acabamos sentados en una sala oscura a la que decidimos entrar en el último momento, porque hace frío fuera o hace frío dentro. No sabemos qué vamos a ver. Nos sentamos entre tinieblas con la película empezada y se deslizan ante nosotros imágenes perturbadoras por su belleza, en un principio incomprensibles, aunque capaces de alertar las sensaciones, con un peculiar sentido del tiempo y de la narración tan antifílmico en el fondo —antifílmico respecto a lo que nos han dicho que debe ser el cine. Y, probablemente, nos inquietamos un poco en la butaca y no acabamos de entender, durante un buen rato, de qué trata la historia — tan acostumbrados nos tiene el cine a contarnos historias. Podemos hasta llegar a lamentar no haber entrado un poco antes para seguir la narración desde el principio y de este modo comprenderla.

Luego, poco a poco, la historia se va haciendo transparente, aunque sería mejor decir que observamos cómo en esa propuesta de vaivén los principios y los finales son puros accidentes, tal y como siempre pasa con cierto tipo de cine. Resulta de este modo irrelevante no saber de qué ni de quién se habla, porque, como sucede en el cine más contundente —más fílmico al final, el que no cuenta historias como se supone debe ser contada una historia—, sólo se habla de nosotros, de esas sensaciones ambivalentes que no sabríamos nombrar ni compartir, aunque sean tan fuertes que hacen daño. Entonces, frente a esas imágenes de alguien cuyo nombre aún desconocemos, pensamos, como escribió una espectadora de Gorki a Tarkovski después de ver El espejo: no estamos solos.

Invadidos por esta sensación privilegiada, salimos antes de que la sala se ilumine y repetimos el ritual un día tras otro, muchos días, incluso semanas, buscando recuperar la nostalgia, las nostalgias, porque la nostalgia siempre es mucha y diferente. Volvemos tantas veces que conocemos cada plano de memoria, cada luz, cada ruido, cada découpage, cada ángulo, cada frase, y regresamos siempre con el miedo de que el sentimiento dulce y triste ya no siga allí donde lo dejamos la tarde anterior. Por fin, un día cualquiera, siendo conscientes de que no estamos solos, de que alguien nos habla con un lenguaje que entendemos, decidimos aprender el sonido de su nombre, aunque temamos que, como pasa a menudo con lo que más se ama, el conocimiento agote el magnetismo…

de BLOG INTERMEDIO

leer texto completo aquí

 

SOL EN UN PATIO VACÍO, de Gustavo Fontán

TRILOGÍA DEL LAGO HELADO, de Gustavo Fontán

TRILOGIA LAGO HELADO

En 2013 comenzó una inquietud para mí: filmar el mundo de manera más inmediata, mirar lo contiguo sin mayor intervención que una cámara, mirar lo que sucede, en el momento que sucede, robar fragmentos del mundo. Los procesos dilatados de la producción de una película, la intermediación de un equipo, sentí, me impedían llegar a una zona de la mirada más ingenua, más intuitiva, más visceral. Empecé a trabajar entonces con una cámara y una idea que, en líneas generales, muy generales, responden a la idea de “diario”.
Resultado del trabajo de estos años son tres películas que conforman “La trilogía del lago helado”: “El estanque” (Sobre textos de “Manual para sonámbulos”, de Gloria Peirano), “Lluvias” y “Sol en un patio vacío”.
Fiel a mí mismo, las pienso en un ciclo, un modo de mirar el mundo que se afianza y se modifica (los dos movimientos son simultáneos, continuidad y alteración) en cada película.
Aunque esa inmediatez entre el mundo y la mirada es constitutiva de este grupo de películas, ninguna de ellas existiría sin un grupo de personas que me acompañaron, que propusieron, que crearon, que las hicieron crecer: Gloria Peirano, Mario Bocchicchio, Abel Tortorelli, Andrés Perugini, Guillermo Pineles, Alejandro Nantón, Gustavo Schiaffino, Carolina Reynoso. Esa inmediatez no implica de ningún modo una tarea solitaria, sino simplemente otro modo de producir y pensar el cine. Cada uno de ellos aportó, desde distintos lugares, su sensibilidad y sus conocimientos para que este cuerpo de películas respirara.

Gustavo Fontán
Jueves de Octubre en TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

TRILOGÍA DEL LAGO HELADO, de Gustavo Fontán

THE LIFE AND DEATH OF A PORNO GANG, DE Mladen Djordjevic

SERBIA- 2009 – 106 MIN

JUEVES 26  DE OCTUBRE – 20:30 HS 

En TEATRO LA LUNA Pasaje Escutti 915 – Córdoba

Entrada libre – Contribución voluntaria

life-and-death-of-a-porno-gang-1

Marko es un joven director de 30 años de Belgrado. Tras no conseguir financiación para su primera película, conoce de casualidad a Cane, un director porno y empieza a hacer películas con él. Entonces se le ocurre la idea de mezclar porno y teatro, creando el primer cabaret porno. Pero a las autoridades no les gusta un pelo, y con el resto de la compañía deciden hacer una gira por la Serbia rural. Allí seguirán con las aventuras y descubrirán el mundo del snuff… (FILMAFFINITY)

002

“The Life & Death of a Porno Gang” es una película escrita y dirigida por Mladen Djordjevic, una secuela paralela de su documental acerca de los actores porno serbios: “Made in Serbia”. Muchas veces se le preguntó al director que cuál era su obsesión de filmar acerca de estos actores de la industria, y siempre ha respondido: “para encontrar lo oculto”. Por ello la película que nos compete funge como un espejo de la realidad que busca exponer lo que no se ve. Una sociedad apática y desmoronada, pero vista a través de los ojos de aquellos que producen pornografía en ese país. El porno casero y amateur que se produce por quienes, para ganarse la vida, son vistos como lo más bajo de la escala social.

Y es curioso, Ruggero Deodato generó críticas a la sociedad occidental usando sus sanguinarios caníbales, mientras que George A. Romero atacó al racismo gracias a sus muertos vivientes. En el caso de Djordjevic, éste generó una fuerte crítica al Serbia que nadie conoce, usando como personajes un puñado de actores porno, marginales e incomprendidos. Estamos hablando de un film de horror, visceral y hasta gore que se desarrolla de forma enfermiza en los mismos tópicos que “A Serbian Film”: la pornografía y el snuff, pero con un telón de fondo más evidente y explícito, más allá de lo visceral.

Cómo es que en la sociedad Serbia de hoy en día se miran unos con otros en una feroz batalla rutinaria y conservadora, teniendo a sus espaldas esos antecedentes históricos de guerras y violencia, y lo que provocó la sin censura del cine como industria y la propia televisión. Cómo es que se vuelca la sensibilidad del arte y el porno, volviéndose para ese ambiente y situación: “repugnante”. De ahí que este film nos lo parezca, porque reúne con sus personajes todo aquello que se critica, o todo aquello que es prohibido. El propio Mladen Djordjevic confesó haber intentado hacer la metáfora del Eros contra el Tánatos haciendo uso de estos elementos.

life-and-death-of-a-porno-gang-blu-ray-16

life-and-death-of-a-porno-gang

He ahí el nombre de la película. Conoceremos la vida y la muerte, de forma literal y hasta interna, de estos sujetos atrapados en un micro mundo sin oportunidades, yendo contra la corriente. Una mirada desoladora y repulsiva, pero que aún siéndolo, el tratamiento de Djordevic lo hace hermoso y hasta estético.

La película posee cierto halo destructivo no sólo contra la sociedad Serbia, sino también con la propia existencia. De ahí que la ética y la moral choquen contra sus actos. De ahí que los cuestionamientos de cada uno de los personajes se inclinen más a comprender cada faceta de sus vidas. El por qué de lo que ocurre, el por qué de seguir o hasta el por qué de morir. Una especie de viaje entre paraíso e infierno, de placeres carnales que se tuercen a la perdición, y uno a uno se va consumiendo. Una posible referencia al existencialismo de corte francés, muy al estilo “A puerta cerrada” de Paul Sartre. Atrapados y soportándose unos con otros en su propio infierno.

VER ARTÍCULO COMPLETO

 

THE LIFE AND DEATH OF A PORNO GANG, DE Mladen Djordjevic
A %d blogueros les gusta esto: