CICLO “PASIÓN Y PROCESO DE LAS JUANAS”

JUEVES 23 DE JULIO A LAS 20 HS

“SAINT JOAN”, DE OTTO PREMINGER

Reino Unido - EEUU - 110´ - 1957

Saint Joan supuso el debut de la bella Jean Seberg, acompañada de un espléndido reparto en el que destacó John Gielgud como el Conde de Warwick. La historia de la heroína Juana de Arco viene firmada nada menos que por Graham Greene (católico) sobre una obra de George Bernard Shaw (agnóstico). 1

FUNCIONES TODOS LOS JUEVES A LAS 20 HS EN EL TEATRO LA LUNA
Pasaje Escutti 915 – Córdoba // Entrada libre – Contribución voluntaria

VER PROGRAMACIÓN DEL CICLO PASIÓN Y PROCESO DE LAS JUANAS

CRONOLOGÍA

1429 (febrero) → entrevista con Carlos VII (de la Casa de Valois).
1429 (29 abril) → a las ocho de la noche entra la Doncella en Orléans.
1429 (4 mayo) → el ejército francés entra en Orléans.
1429 (domingo 8 mayo) → liberación de Orléans. El sitio había durado siete meses, desde el 12 de oct de 1428 al 8 de mayo de 1429. Diez días bastaron para que la Doncella liberara la ciudad.
1429 (16-17 de junio) → Batalla de Beaugency, ganada por los franceses.
1429 (18 de junio) → Batalla de Patay, ganada por los franceses.
1429 (julio) → Sitio de Troyes. Carlos VII entró en la ciudad el 9 de julio.
1429 (17 de julio) → consagración en Reims de Carlos VII. Había entrado en la ciudad el día 15.
1429 (25 de julio) → El obispo de Winchester entra con su ejército en París.
1429 (agosto) → Carlos VII marcha hacia París. La Doncella no aprueba esta expedición, pues entendía que no se debía ir más allá de Saint-Denis, donde se hallaban las sepulturas reales.

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1430 (23 de abril) → El joven rey Enrique VI es llevado a Calais por el cardenal de Winchester.
1430 (23 de mayo) → hecha prisionera en el sitio de Compiègne y vendida por sus captores a Juan de Luxemburgo (Jean de Ligny).
1430 (26 de mayo) → en nombre del vicario de la Inquisición en Francia, sale de Rouen un mensaje requiriendo al duque de Borgoña y a Jean de Ligny para que entreguen a la Doncella. Ese vicario, un dominico, estaba en Rouen bajo la todopoderosa dependencia de Winchester, quien acababa de nombrar a lord Warwick gobernador de la ciudad.
1430 (12 de junio) → una carta de Enrique VI de Inglaterra hízole saber a la Universidad de París que el obispo de Beauvais (Pierre Cauchon) y el representante de la Inquisición en Rouen, juzgarían juntos a la Doncella en esta ciudad.
1430 (noviembre) → los borgoñones la venden a los ingleses.
1430 (2 dic) → Enrique VI de Inglaterra entra en París.
1431 (9 de enero) → comienza el proceso en Rouen, bajo la presidencia de Pierre Cauchon, a quien acompaña el representante de la Inquisición (éste fue atemorizado por los ingleses y comprado finalmente por veinte sueldos de oro). Numerosos doctores de la Iglesia, teólogos, hombres de leyes y miembros de universidades participaron como asistentes, siendo renovados constantemente. Fueron bastantes docenas. Lo que debía ser un proceso de magia se convirtió en un proceso de herejía. El promotor del proceso, el papel más activo, fue reservado a un tal Estivet, canónigo y peón del obispo de Beauvais.

003-jean-seberg-theredlist1431 (9 febrero) → el rey Enrique VI vuelve a Londres. El cardenal de Winchester se establece en Rouen para vigilarlo todo de cerca.
1431 (21 febrero) → Juana comparece por vez primera ante sus jueces.
1431 (11 de mayo) → el verdugo la visita por vez primera en la celda para atemorizarla, haciéndole creer que la tortura estaba lista; pero Juana no se doblegó: al revés, su valor se redobló. Su espíritu resplandecía de tal manera que hasta el mismo Jean de Châtillon, archidiácono de Évreux (en Normandía) y su último adversario, se convierte en su defensor y declara que el proceso es nulo. Cauchon, fuera de sí, le hizo callar de inmediato.
1431 (24 de mayo, jueves) → el cardenal de Winchester apremia para que termine de una vez el proceso. Este mismo día, en el cementerio que había detrás de la iglesia de Saint-Ouen, se llevó a cabo un terrible simulacro, con el fin de engañar al pueblo y perder a la Doncella. Presidían Cauchon y Winchester. Una vez más, Juana desbarató sus planes. El odio cegó ya definitivamente a los ingleses. No obstante, firmó el documento de retractación. No se pondría las ropas de hombre; en cuanto a lo demás, lo mantuvo todo.
1431 (25-26 de mayo, viernes y sábado) → un lord inglés se ofrece a violarla en la prisión, a fin de que pierda su virginidad. Las palabras pronunciadas en el momento de su martirio, permiten pensar con suficiente autoridad que el acto no llegó a consumarse por la resistencia de la Doncella.
tumblr_kuxqftIwkI1qzdvhio1_12801431 (27 de mayo, domingo, día de la Trinidad) → los carceleros la obligan de nuevo a ponerse las ropas de hombre, algo que en el fondo no convenía a los ingleses. En la práctica se trataba de retractarse de la retractación teatralizada del 24 de mayo. Es decir, Juana se convierte en relapsa, en hereje reincidente, el más grave crimen para la Iglesia.
1431 (28 de mayo, lunes) → se consuma la reincidencia como relapsa cuando se reafirma en todo lo que había dicho antes del escarnio del día 24. Vuelve a afirmar que sus santas le habían hablado otra vez, diciéndole: «Daba mucha piedad haber abjurado para salvar su vida».
1431 (29 de mayo, martes) → se decide que la ejecución tendrá lugar al día siguiente.
1431 (30 de mayo, miércoles) → martirio de Juana de Arco. A las ocho de la mañana es notificada la convocatoria del día anterior, una convocatoria en la que se ordenaba su comparecencia, para comunicarle que iba a ser quemada. Esa mañana del miércoles, Cauchon le envía un confesor de la Orden de Predicadores, que no se separará de ella, el hermano Martin L’Advenu, un buen hombre. Al conocer Juana de qué modo iba a morir, dice unas palabras de las que se infiere que la violación en la celda no se consumó: « ¡Ay!, me tratan tan horrible y cruelmente que hará falta que mi cuerpo enteramente limpio, nunca corrompido, hoy se vea consumido y convertido en ceniza». A las nueve de la mañana, vestida con ropa de mujer, la suben a la carreta con destino a la plaza del mercado viejo de Rouen, lugar de la ejecución. Ochocientos soldados ingleses fuertemente armados previenen a la multitud. La acompañan el confesor dominico, el ujier Massieu y el monje agustino Isambart de La Pierre, tres hombres buenos cuyos testimonios en la revisión del juicio, veinte años después, resultarán decisivos. Ninguno de los tres la dejará ya. Juana fue quemada viva, a fuego lento, subida a una gran altura para que el suplicio fuese lo más atroz posible, para que las llamas fueran devorándola despacio, para que primero consumiesen su vestido y quedase desnuda, a fin de exhibir y mancillar hasta el infinito su cuerpo puro y hermoso. Ni una sola palabra contraria a la fe pronunció en momento tan terrible. Una y otra vez se remitió a sus voces, afirmando de nuevo y por última vez que esas voces venían de Dios: «Sí, mis voces eran de Dios, mis voces no me han engañado». Perdonó a sus verdugos. Si tuvo un momento de debilidad, de flaqueza, fue un instante, pues se trataba de una persona, un ser humano, con su cuerpo sometido a indecible tormento. Pero esa debilidad instantánea, casi como un fogonazo que rápidamente se apaga, sólo es comparable al de Cristo en la Cruz cuando invoca al Padre (« ¿Por qué me has abandonado?» Esa misma debilidad la tuvo antes Jesús en Getsemaní. El pensador existencialista italiano Luigi Pareyson, fallecido en septiembre de 1991, se ha referido a ella con una gran hondura metafísica, hablando, en su célebre estudio sobre Dostoyevski, del «momento ateo de la divinidad». Ese estudio se publicó póstumamente, en 1993, por sus discípulos Giuseppe Riconda y Gianni Vattimo. En español lo publicó la editorial Encuentro en 2008, con el mismo título de la edición italiana: Dostoievski: filosofía, novela y experiencia religiosa. Véase la segunda parte, cap. III, apartado XII, que corresponde a las págs. 288-291 de la edición española). Tanto el confesor dominico, como el monje agustino Isambart de La Pierre, atestiguan, como se ha dicho, sus últimas palabras. El ujier Massieu y el hermano Isambart le buscaron una cruz de la vecina iglesia de San Salvador. El dominico subió con ella a la hoguera, hasta el último momento, cuando ya se había encendido el fuego. Juana le conminó a que descendiese. Era aproximadamente mediodía cuando expiró. Lo último que pronunció fue: « ¡Jesús! », y entregó su alma a Dios.

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